Noche de domingo

Irina Echarry

P3. Alamar-La Habana

HAVANA TIMES — Nueve de la noche y el p3 que no pasa. Llevo casi una hora esperándolo. Las calles oscuras de Alamar facilitan las cosas para los tiradores, los borrachos, los asaltos; sí, definitivamente es mejor esperar la guagua y no tentar al diablo.

Llega, al fin. Me subo. Dos paradas más adelante, en el Golfito, se monta una turba de gente húmeda y salada, algunos medio borrachos, otros borrachos y medio, vienen de pasar el día en el mar.

Un hombre se me sienta al lado, lleva un iphone con la música altísima. Reacciono rápido, le pido permiso para salir al pasillo y me cambio de puesto. El tipo hace una mueca, pero yo, como si no fuera conmigo. No me interesa, estoy feliz de regresar cómoda y segura. Una mujer del mismo grupo empieza con la tángana: ah, porque ella es fina, yo le quito la finura en un dos por tres…

Los ojos desorbitados, rojos, exagera los gestos, grita, pienso que el domingo puede terminar caliente. Sigo haciéndome la sueca, pero se me acerca y advierte: no te hagas la loca que yo soy más loca que tú. Con tremenda mala forma y el grupo, claro, le celebra la gracia. Entonces digo: ah, es conmigo, yo escuchaba algo, pero como no me he metido contigo no reaccioné.

Pues reacciona, es contigo ¿y qué? Aquí no se puede ser fino, en un p3 no hay finura que valga. Coge un carro.

La voz de la mujer empieza a alejarse. Otras voces la opacan, esas vienen desde dentro de mí. Una dice: por qué no regresé caminando; otra me advierte que nunca en la vida me he fajado, voy a quedar muy mal parada porque ella se ve que tiene experiencia, parece una guerrera; una tercera me recuerda: hay una persona manoteando cerca de tu cara, en cualquier momento puede lanzar un golpe ¿qué vas a hacer?

Y la tipa sigue con su cantaleta, parece que danza cuando grita, mueve todo el cuerpo, las venas están hinchadas y las palmadas que acompañan su aguaje resuenan con fuerza dentro de la guagua. El discurso es el de siempre en esos casos: las “pinga” se suceden una detrás de la otra, tú no sabes quién yo soy, a mí me da lo mismo desgraciarme aquí contigo o con cualquiera. Y yo tensa me pregunto: ¿por qué no es cualquiera, por qué tengo que ser yo? Si me tira un golpe le respondo. De pronto le grito que se gire pa otra persona que yo venía tranquilita. No sabía que podía gritar así, sobre todo, con el reguetón de fondo a altos decibeles.

Por suerte, una del grupo le sugiere que deje la energía para la casa cuando el marido le pregunte por qué esperó esa hora para regresar de la playa. La gente empieza a reír y ella más o menos se calma. Rezonga todavía, mas ya no está cerca; sigo alerta por si acaso.

Van a bajarse en La Curva, ella decide hacerlo por la puerta más cercana a mí; me mira con carácter, desafiante. Me levanto para tenerla de frente, la tipa está curda y puede hacer cualquier cosa, pero solo me mira con odio y grita mientras baja de la guagua: TORTILLERA.

Sonrío, tanto alarde, tanta tensión para terminar con un simple grito, una supuesta ofensa. No tengo tiempo de pensar en más nada, un señor de esos a los que les huyo, uno de los motivos por los que esperé la guagua se me acerca. El tufo a alcohol despide unas palabras ininteligibles que alcanzo a descifrar: No te preocupes, eres muy bonita, yo no sé por qué ella te gritó eso.

El tipo se tambalea, me suelta su aliento encima, extiende su mano para tocarme el hombro. Me vuelvo a cambiar de puesto. El hombre me persigue lentamente por la guagua, cambia de un siento a otro, como yo. Falta una sola parada, si cuando me toque bajar la calle está oscura, él podría seguirme. No sé qué hacer.

Llegamos, no hay bombillos encendidos, pero sí la bulla de siempre en el kiosco, ese que considero la maldición de la esquina. Me quedo ahí hasta que el hombre emprende su camino. Socializo con la vecina que vende refresco y café, escucho los gritos alardosos de los choferes del paradero, los muchachones que juegan fútbol ¿cantan? El Palón Divino. Termino el domingo con los que les hacen la vida imposible a las personas “finas” de la cuadra.

Irina Echarry

Irina Echarry: Me gusta leer, ir al cine y estar con mis amigos. Muchas de las personas que amo han muerto o ya no están en Cuba. Desde aquí me esforzaré en transmitir mis pensamientos, ideas o preocupaciones para que me conozcan. Pudiera decir la edad, a veces sí es necesario para comprender ciertas cosas. Tengo más de treinta y cinco, creo que con eso basta. Aún no tengo hijos ni sobrinos, aunque hay días en que me transformo en una niña sin edad para ver la vida desde otro ángulo. Me ayuda a romper la monotonía y a sobrevivir en este mundo extraño.


13 thoughts on “Noche de domingo

  • el 9 junio, 2017 a las 8:28 pm
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    “aquí no se respetan las normas elementales de convivencia, Leyes y regulaciones son ignoradas porque no hay una institución que vele por su cumplimiento.”

    Discrepo, no creo que se trate de una ausencia de instituciones.

  • el 9 junio, 2017 a las 12:20 am
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    De eso se trata, de no ceder ante la inmensa mediocridad, irrespeto y vulgaridad de una masa mal adoctrinada por un sistema que se comporta con su pueblo igual con el plus de prepotencia e ignorancia ante las realidades del mundo. Yo nací y me crié en un barrio de “aseres” y !jamás! caí en el uso de ese lenguaje y compotamientos marginales; imponiendo mi forma correcta de ser con respeto, fuerza de carácter y personalidad bien definida como “diferente”, pues te cuento que hubo momentos en lo que yo, después del trabajo, regresaba a casa y veía a esos “elementos” sentados haciendo grupo -como siempre sin hacer nada productivo-. Como era mi costumbre, yo los saludaba con toda cortesía y buenas maneras y ellos me respondían de forma similar, Incluso hubo algunas ocasiones en que a alguno de ellos se le iba una mala palabra por costumbre común entre ellos y me sorprendía como el que era como una especie de jefe de grupo, le regañaba por expresarse de mala forma delante de mi. Hoy día, la mayoría de estos (ex) amigos de la barriada son hombres de pésima ralea social, muchos han estado presos, etc y todavía cuando; visitando La Habana, me llego por mi viejo barrio, me tratan con el mismo respeto y cariño de antaño. Incluso, les indican a sus hijos a que estudien para que , de mayor, sean personas decentes y exitosas como yo. !Me quedo de piedra!

  • el 5 junio, 2017 a las 11:11 am
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    Gracias a todxs por comentar y solidarizarse. No es que yo sea fina ni culta, solo que aquí no se respetan las normas elementales de convivencia, Leyes y regulaciones son ignoradas porque no hay una institución que vele por su cumplimiento. Y al final todo el mundo hace lo que le da la gana, si no te enganchas al carro, eres la rara y quedas marginada.

  • el 5 junio, 2017 a las 8:45 am
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    Irina: lamento muchísimo lo que te pasó. Es horrible la porquería en que se ha convertido gran parte de la sociedad cubana. Mi sugerencia: aprende algún arte marcial, y practica aunque sea para lograr habilidad mínimas que te permitan responder a cualquier agresión física, ya que aquí en Cuba nadie está exento de ser víctima de atracos o de cualquier forma de violencia callejera.

  • el 4 junio, 2017 a las 8:52 pm
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    Es que la alternativa era caminar por calles oscuras hasta su casa. Al final, no se sabe qué fue peor. Así está la Habana, por no decir Cuba, hace años y cada vez es peor. Gracias que me largué de allá.

  • el 4 junio, 2017 a las 10:28 am
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    Irina tu eres culta y educada vete de cuba

  • el 4 junio, 2017 a las 9:05 am
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    Hola Tocaya, a mí también me han sucedido cosas terribles, quizás peores que a tí, no sé si me atreva a contar algunas, pero creo que debía haber dentro de los ómnibus alguien que controle el orden, una especie de policia, en vez de tenerlos en la calle pidiendo carnet de identidad, y cuando de verdad los necesitas nunca están cerca. No debiste montar en esa guagua, tu sextto sentido te avisó, pero no le hiciste caso.
    Un abrazo

  • el 3 junio, 2017 a las 2:29 pm
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    Es bien pesado estas situaciones, yo ayer mismo esperaba el P11 a eso de las 4 en el vedado, y daba vergüenza ajena como una muchacha borracha formó tremendo escándalo para montarse, lo mas triste es que llevaba una niña que no llegaba a los 10 años, ¿que será mañana? estamos perdidos. Y ni hablar de los pajusos, violadores y demás, realmente no sé, pero la vida en Alamar esta bastante violenta, y lo peor es que no es nuestra culpa, mientras sigan construyendo hoteles en la Habana y mandando a todos para la periferia.

  • el 3 junio, 2017 a las 1:36 pm
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    Buena historia, por un momento pensé que correrían los jalones de pelos. Menos mal que no.

  • el 3 junio, 2017 a las 9:40 am
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    Iri:

    En ocasiones como ésas a una persona pacífica como tú le vendría muy bien un spray de pimienta en la cartera…O lo que más se le parezca…

  • el 3 junio, 2017 a las 5:48 am
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    Yo suelo tener una paciencia infnita ante gente asi,,,, Ja Ja Ja. No me inmuto y trato de bajar la presion

    ante las peores ofensas, Me controlo mucho si el incidente se produce es en mi trabajo porque por una

    bronca o largar groserias me pueden echar..

    Sin embargo, hay dias en que, para mi sorpresa, se me ha subido el indio y me he encontrado a mi

    mismo, vociferando… Ja Ja ja.

  • el 3 junio, 2017 a las 1:00 am
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    De pronto, muy de pronto, de treinta años para acá, esto se jodió… y los jodidos se jodieron más, y en autodefensa parece que lo único que les queda es joder, sin más, al que ven menos jodido, dentro de toda esta mísera jodidez.

  • el 2 junio, 2017 a las 4:48 pm
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    Horrible experiencia. Yo, que soy hombre, por cosas aún menores que esa de la chusma que habita y se multiplica en ese asqueroso Socialismo de pan con timba, me fui de esa basura !No soportaba más tanta vulgaridad y pestilencia! !Ah! Y muy orgulloso de ser “fino”.

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