Más sobre la violencia

Irina Echarry

He leído con atención todo lo que ha publicado HT sobre el tema de la violencia (que no ha sido poco) y los comentarios que hacen los lectores.  Yo misma he escrito varias veces sobre el asunto y sigo pensando que hay que hacer algo para evitar su impacto nocivo, su exacerbación.

Intentando comprender mejor me he puesto a pensar un poco más en serio o quizá debería decir: dejando la pasión a un lado.  Hasta ahora abogaba por la eliminación radical de la violencia, pero me he dado cuenta de que eso no es posible porque la idea de aniquilarla de raíz, tan bruscamente, ya es en sí una idea violenta.

Entonces ¿qué hacer?

La violencia es algo natural en los seres humanos, el acto del nacimiento es violento por muy bien que se desarrolle, incluso la formación de la criatura en el vientre, aunque veamos como algo lindo el hecho de dar vida a un ser, lleva implícita la violencia (la criatura debe alimentarse de la madre).

Pero si vamos más allá, la idea misma y el acto de traer un ser al mundo sin poder consultarle si desea venir o no, es el non plus ultra de la violencia y la imposición.  Entonces no debemos verla como algo ajeno que practican algunos y que nos influye a todos.

Al contrario, creo que cuando asumamos que somos violentos o que podemos serlo en algún momento, comenzaríamos a pensar en serio cuánto ganamos o perdemos empleando la violencia o (algo muy difícil) no empleándola.

Si estamos ligados a ella, si la vivimos a diario, si sabemos sus causas y sus consecuencias, entonces podríamos aprender a aceptarla como algo natural y no luchar contra ella, porque luchar contra cualquier cosa o persona es un acto violento.

Tendríamos que aprender a manejarla para que no nos haga daño, a encausarla de manera sutil cuando haga falta (por ahora a veces es necesaria) y, sobre todo, enseñar y aprender a amarnos y respetarnos unos a otros para ver cómo nos va.

Irina Echarry

Irina Echarry: Me gusta leer, ir al cine y estar con mis amigos. Muchas de las personas que amo han muerto o ya no están en Cuba. Desde aquí me esforzaré en transmitir mis pensamientos, ideas o preocupaciones para que me conozcan. Pudiera decir la edad, a veces sí es necesario para comprender ciertas cosas. Tengo más de treinta y cinco, creo que con eso basta. Aún no tengo hijos ni sobrinos, aunque hay días en que me transformo en una niña sin edad para ver la vida desde otro ángulo. Me ayuda a romper la monotonía y a sobrevivir en este mundo extraño.


2 thoughts on “Más sobre la violencia

  • el 27 noviembre, 2010 a las 7:40 pm
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    “Cada cosa, vista bajo su propia luz, destaca a su manera. Puede parecer Mejor de lo que se compara con ella en sus propios términos. Pero en términos de la totalidad, nada destaca como Mejor. Si medimos las diferencias, lo que es mas grande que otra cosa es Grande. Por tanto, no hay nada que no sea Grande. Lo que es mas pequeño que otra cosa es Pequeño. Por tanto no hay nada que no sea Pequeño.” Así reza un antiguo poema oriental, Luis, a quien le sacan un ojo no deja de dolerle porque conozca que a otros le sacaron ambos ojos, y el acto de violencia no es mayor ni peor, solo hay que sufrirlo y ser conscientes de cuánto podríamos hacer para sacarlo de nuestro interior. Imagino que en otros países, donde la violencia se vive de otras maneras, a mayor escala, en un tiempo atrás poseían una sociedad con menor nivel de violencia…solo fue creciendo, como suelen hacer las cosas cuando no se les ataja a tiempo. Seguro que en eso estamos de acuerdo.
    Saludos.

  • el 27 noviembre, 2010 a las 3:43 am
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    Cuando leo que en Cuba se preocupan por un asalto a la guagua y reclaman la violencia, pienso en caso como los de Don Alejo en México y digo: Cuba, ¡mira tu paraíso!

    A continuación a qué me refiero.

    Don Alejo Garza Tamez: Defendio su rancho del narco hasta la muerte

    Cuando elementos de la Marina-Armada de México llegaron al rancho San José, en las inmediaciones de la presa Padilla, a 15 kilómetros de Ciudad Victoria, Tamaulipas, vieron un escenario desolador: la austera casona principal estaba semidestrozada por impactos de bala y explosiones de granadas.

    En la parte exterior de la finca había cuatro cuerpos. Cautelosos, con las armas listas, exploraron los alrededores y encontraron dos sujetos más heridos e inconscientes.

    En el interior de la casa había un solo cuerpo, el de Don Alejo, dueño de la finca y empresario maderero, con dos armas a su lado y prácticamente cosido a tiros.

    La inspección del rancho reveló que en todas las puertas y ventanas había armas y casquillos. Eso les permitió imaginar cómo se dio la batalla horas antes.

    Los efectivos de la Marina buscaron más cuerpos en el interior de la vivienda, pero no hallaron más. Les parecía difícil creer que una sola persona hubiera causado tantas bajas a las atacantes con fusiles y pistolas de caza deportiva.

    Decenas de cartuchos percutidos y el olor a pólvora evidenciaban la fiereza de quien peleó hasta el final en defensa de su propiedad.

    Al final entendieron que aquel hombre había diseñado su propia estrategia de defensa para pelear solo, colocando armas en todas las puertas y ventanas.

    La historia comenzó a escribirse la mañana del sábado 13 de noviembre, cuando un grupo de hombres armados y amenazantes fue a darle un ultimátum a don Alejo Garza Tamez, dueño del rancho: tenía 24 horas para entregarles el predio o se atendría a las consecuencias.

    Con la diplomacia de sus casi ocho décadas de vida, don Alejo les dijo que no les entregaría su propiedad. Y ahí estaría esperándolos, les dijo con llaneza.

    Después del incidente, reunió a sus trabajadores y con tono grave y enérgico les pidió que al día siguiente no se presentaran a trabajar, que lo dejaran solo.

    Durante ese sábado se dedicó a hacer un recuento de sus armas y municiones y a preparar la estrategia de defensa de su casa como si fuera un cuartel militar.

    Dispuso armas en los flancos más débiles: las puertas y las ventanas del rancho. La noche del sábado 13 fue larga y sin sueño, como en sus…

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