La bicicleta en crisis

Por Irina Echarry

HAVANA TIMES – Siempre que hay un recrudecimiento de la crisis económica en Cuba, dos elementos afloran: el campo y la bicicleta.

La gente acude a la siembra para no morir de hambre, y a la bicicleta para no dejar de moverse. Nada más positivo que aferrarse a lo que ayuda a continuar la existencia, sin embargo, en el imaginario popular cubano son sinónimos de atraso, de dificultad, de pasar trabajo.

Una de las imágenes más simbólicas del llamado período especial de los años 90 es la bicicleta. Está presente en fotos, documentales, películas de ficción y en las historias personales de la mayoría de los habitantes de esta isla. Así que es cierto, nos remite a momentos de escasez, tormentos y necesidades.

En medio de la supresión casi total del transporte público por falta de piezas de repuesto, carros y combustible, se erigió como el medio más socorrido para trasladarse de un punto a otro, sin importar las distancias.

Recuerdo a Pepe, un excelente médico endocrino que pedaleaba desde San Miguel del Padrón hasta el hospital Ameijeiras para llegar a su consulta, sudado, con el estómago casi vacío y puntual. Por suerte, Pepe había llegado a sus 40 años en buena forma física.

Al dejar de utilizarse solo por placer, y entrar en la clasificación de artículo imprescindible, la bicicleta adquirió mucho valor. Entonces, pasó a ser también un objeto deseado por atracadores y pillos, lo que generó miedos y malas experiencias.

Las calles oscuras por los constantes apagones se prestaban para las emboscadas. Cuando el ciclista caía o se tambaleaba, los bandidos aprovechaban para quitarle el vehículo. Existen muchos testimonios, hubo quien pudo defenderse y salir ileso con su bici, otros pasaron días en cama por la grave paliza que recibieron. También hubo muertos.

En aquellos años, el Gobierno importó miles de ciclos. Llegaban de China y se vendían mayormente a trabajadores destacados. Algunas escuelas y centros de trabajo tenían horarios destinados para su ensamblaje. Varias de mis amigas se enorgullecen de haber aprendido a enrayar o encentrar a la perfección, y nunca más dependieron de alguien para reparar sus equipos.

El ciclobus, el puente de El Golfito, y la ciclovía de Alamar, son ejemplos de la voluntad política que existía para facilitar el tránsito en dos ruedas.

La ciclovía es ahora muy frecuentada por autos de todos los tamaños, incluso camiones, por consiguiente, ya no es un sitio seguro para los ciclistas. Los que se arriesgan, van tragándose el humo y luchando con el tráfico como en cualquier avenida.

Uno de mis recuerdos más vívidos de la salida masiva de balseros por la Playita de los Rusos, en Alamar, es el desespero de un hombre que gritaba: ¡pero mira la bicicleta, déjame a mí, te la van a robar! Los gritos iban dirigidos a una muchacha que, con lágrimas y voz entrecortada, le decía: cuídate mucho, llama enseguida.

Nunca supe el grado de parentesco que los unía, tampoco si aquella embarcación rústica en la que él se subió le permitió llegar con vida a Estados Unidos, pero su desvelo por la bicicleta en aquella dramática despedida no se ha apartado de mi mente. 

El Estado cubano es responsable de esa asociación entre bicicleta y miseria, escasez o mala vida. En cuanto el Gobierno encontró otro proveedor de petróleo (Venezuela), y el transporte urbano comenzó a destrabarse un poco, la bicicleta fue perdiendo protagonismo. Se dejó de promover y facilitar su uso. En muchas casas fue apartada, olvidada.

En el periódico Juventud Rebelde, del miércoles 3 enero de 2007, en la sección Acuse de Recibo, la Subdirección de Seguridad Vial de la Dirección Provincial de Transporte de Ciudad de La Habana daba respuesta a la inquietud de un lector sobre la desarticulación creciente de las ciclovías en la capital.

Según el escrito, Seguridad Vial señalaba que el flujo de transporte automotor iba en ascenso, por lo que se realizaron “conteos en avenidas principales como Boyeros, Malecón y en la Rotonda de la Ciudad Deportiva”. Luego señala que esos conteos demostraron que “la ciclovía no se justificaba, y se estaba subutilizando una senda para vehículos, que en horarios pico era evidente la necesidad de su utilización”.

Por esa razón, en esos lugares se retiraron las múcuras que dividían el ciclocarril de la senda vehicular. Y termina aclarando que, al no existir ya la ciclovía, los ciclistas estaban obligados a cumplir lo establecido en la Ley 60, artículo 105, inciso 3: circular a una distancia no mayor de un metro del contén de la acera.

Es solo un ejemplo de cómo, en vez de facilitar el uso de las bicicletas, se hicieron estudios para desestimularlo. El transporte público se reanimó, pero eso duró poco, enseguida reaparecieron los problemas de carencia: falta de piezas de repuesto, ómnibus y combustible.

En 2013 Marino Murillo, entonces vicepresidente, habló de un posible despegue de la bicicleta como alternativa al transporte, prometió incluso que habría facilidades para su compra y mantenimiento. Eso no sucedió.

En septiembre de 2019, cuando vivimos otra profundización de la crisis de combustible, escuché a varias personas decir con pánico: ¡yo no puedo creer que volvamos a la época de la bicicleta!, también había dolor en esas palabras.

A raíz de las cuarentenas por la covid-19 y la suspensión total o parcial del transporte, no ha quedado más remedio que caminar largas distancias o desplazarse en bici.

Un vecino pedaleaba los 15 kilómetros hasta Guanabo, una o dos veces a la semana. Según dice, en las tiendas de allí encontraba productos que en Alamar son muy difíciles de adquirir. En cuanto reanudaron el transporte, cambió la bici por la ruta 400.

Actualmente existen algunos negocios privados de alquiler de bicicletas, que han ido instalándose poco a poco, promoviendo su uso, aunque los precios no son accesibles para todos.

En enero de este año, en una Mesa Redonda dedicada a la industria sideromecánica, anunciaron que este 2021 se podrán vender a la población unas 9 mil bicicletas mecánicas en moneda nacional. Es un avance si se compara con las 1000 que, según dicen, se expendieron el año pasado. Y eso se debe, explicaron, a las ventas realizadas en dólares de motos y bicicletas eléctricas.

Hasta el mes de mayo no se había vuelto a hablar del tema. El día 30, el periódico Escambray anunció el regreso de las bicicletas Minerva. Se fabricarán 6.270 de estas, mecánicas, en Villa Clara. Habían empezado con un primer lote de mil y el resto sería a partir de junio. Se trata de las partes metálicas (cuadro y tenedor) los demás componentes se importan de China. Todavía no es público el precio que tendrán.

La bicicleta merece ser admirada por sus virtudes, es un medio de resistencia, de autonomía, tiene poco impacto en el medio ambiente y a la vez es una vía de disfrute para mantenerse saludable.

El Estado, a través de los medios de comunicación que posee, y con acciones concretas en cuanto a infraestructuras, debería trabajar para cambiar esa imagen negativa -que aún hoy continúa reforzando- sobre este medio de transporte que proporciona libertad de movimiento y asegura el distanciamiento social.

No es tan difícil, es cuestión de planificación de los recursos y de involucrar a toda la fuerza productiva: la estatal y los trabajadores por cuenta propia.

Habría que retomar las ciclovías, crear parqueos que funcionen, incentivar la producción en el país y la venta a precios accesibles, garantizar la permanencia de accesorios en la red de comercio, instruirnos de sus beneficios, impartir talleres sobre su uso y mantenimiento, crear condiciones en las vías para descansar del sol a intervalos y abastecernos de agua o algún refrigerio.

Con todo eso se generarían empleos, se aliviaría el transporte público, seríamos más independientes y estaríamos dando un respiro al planeta.

Lea más del diario de Irina Echarry aquí.

Irina Echarry

Irina Echarry: Me gusta leer, ir al cine y estar con mis amigos. Muchas de las personas que amo han muerto o ya no están en Cuba. Desde aquí me esforzaré en transmitir mis pensamientos, ideas o preocupaciones para que me conozcan. Pudiera decir la edad, a veces sí es necesario para comprender ciertas cosas. Tengo más de treinta y cinco, creo que con eso basta. Aún no tengo hijos ni sobrinos, aunque hay días en que me transformo en una niña sin edad para ver la vida desde otro ángulo. Me ayuda a romper la monotonía y a sobrevivir en este mundo extraño.


One thought on “La bicicleta en crisis

  • el 12 junio, 2021 a las 12:44 am
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    Bravo!! Me gustaria que fuera como dices al final , con todas esas condiciones de respeto por el ciclista.
    Y por el medio ambiente.
    Muy bueno tu articulo

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