Juzgar o no

Irina Echarry

Vida cotidiana, mujer lavando. Foto: Elio Delgado

El hombre se acerca, me da los buenos días y pregunta:  “Usted tiene hijos? cuando los tenga no les haga eso.”

Sigo con la mirada su dedo acusador y mis ojos se posan en una mujer con sombrilla y un niño que camina detrás de ella.

“Es una abusadora, ella tapándose del sol y el pobre niño sofocado.  Eso no lo hagas nunca.”

El primer impulso es darle las gracias por el consejo.  Luego me acerco a la mujer y la veo llena de paquetes, sudada, agobiada porque el niño es muy intranquilo y no quiere darle la mano.

Hablo con el niño, está cansado y aún falta mucho para llegar a la casa, dice que la mamá no quiere cargarlo.  Es corpulento, de unos 6 años.  Lo convenzo para que me dé la mano y le cruzo la calle. Ayudo a la madre con algunos bultos y pienso: ¿Aquel hombre que me dio el consejo no podía ayudarla?  Es muy cómodo juzgar.

De regreso a mi casa, cuando logro montarme en una guagua y además sentarme, la fatiga casi me provoca un desmayo. Veo los cielos abiertos cuando descubro que en el ómnibus hay una conocida.  Me presta su abanico. Habla de cualquier tema mientras yo sudo e intento recuperar la buena respiración, hasta que llega su parada, se despide y se baja.

Quedo con mareo, sentada bajo el sol que entra por la ventanilla y vuelvo a preguntarme: ¿no le preocupa que no pueda llegar a mi casa?  Vivimos en el mismo reparto, solo unas paradas más y debo bajarme.

Enseguida comprendo que no debo pensar mal.  Acaso la muchacha está apurada, puede ser que la estén esperando, que no haya comido nada en todo el día o que tenga algo muy importante que hacer.

¿Me habría bajado yo con ella si la situación se invirtiera?  No sé, ahora pienso que sí, pero la respuesta en frío no vale, tendría que ver en qué circunstancias me la encuentro.

A partir de hoy intentaré no juzgar a las personas.  Es difícil, pero lo intentaré.

Irina Echarry

Irina Echarry: Me gusta leer, ir al cine y estar con mis amigos. Muchas de las personas que amo han muerto o ya no están en Cuba. Desde aquí me esforzaré en transmitir mis pensamientos, ideas o preocupaciones para que me conozcan. Pudiera decir la edad, a veces sí es necesario para comprender ciertas cosas. Tengo más de treinta y cinco, creo que con eso basta. Aún no tengo hijos ni sobrinos, aunque hay días en que me transformo en una niña sin edad para ver la vida desde otro ángulo. Me ayuda a romper la monotonía y a sobrevivir en este mundo extraño.

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One thought on “Juzgar o no

  • Ya lo hemos hablado, Iri, una de las primeras acciones, sino la primera, que nos hace infelices es el acto de juzgar. Cuando juzgamos – la mayoría de las veces sin conocer o tener en cuenta la situación del Otro – lo hacemos esencialmente pq estamos acostumbrados a que nos juzguen también, y es una larga cadena. Por cierto, las personas que más juzgan son las que peor se sienten consigo mismas, las que menos se aceptan. Las que mayor miedo tienen a la vida, es decir, a vivir sus vidas y a todo lo que signifique cambios dentro o fuera, a todo lo que sea diferente. Dentro del capítulo de los infelices también están los que solo ven sus propios problemas, se ahogan en ellos, o se queman o se congelan en sus propios problemas creyendo que son los más terribles del mundo y no son capaces de mirar a su alrededor y ayudar, a veces con una pequeña sonrisa, al que tiene al lado. Después es probable que anden por ahí repartiendo cualquier tipo de propaganda religiosa o política, y encima, se pondrán a juzgar a quienes no los apoyen. Nada, que me alegro muchísimo que al menos lo intentes, porque no es nada fácil dejar de juzgar.

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