Henrietta y yo

Irina Echarry

Henrietta Lacks
Henrietta Lacks

HAVANA TIMES — En estos días he estado pensando que no logro hacer nada bien, incluso, me cuesta trabajo terminar lo que comienzo; a veces por falta de tiempo, otras, la concentración no me acompaña.

El caso es que a estas alturas de mi vida no creo que vaya a dejar una gran obra cuando muera y todo parece indicar (después de varios estudios) que ni descendencia podré legar a la humanidad.

Me hubiera gustado contribuir con algo trascendental; pequeño, pero importante. Pensando en eso tropiezo con el primero de agosto, día en que nació Henrietta Lacks. Ella tenía los tres peores defectos que podía soportar alguien en la Virginia de la década del 50: era negra, mujer, pobre y, para rematar, estaba enferma.

Por esa fecha en Estados Unidos no existían leyes que garantizaran igualdad en la atención médica; las personas blancas podían ser admitidas en cualquier hospital, pero las afroamericanas tenían que sudarla.

Mientras Kurosawa estrenaba Rashomon y en el propio Estados Unidos Salinger publicaba El guardián en el trigal, esta mujer, enajenada en la crianza de cinco hijos, sufría las hemorragias y el dolor que le provocaba un cáncer de cuello uterino. Un cáncer agresivo que, además de matarla, la hizo famosa.

Mi interés no es ser popular ni celebrada, sino ayudar. Henrietta, sin saberlo, fue protagonista de una revolución de la ciencia; sin saberlo, porque nadie le preguntó si estaba de acuerdo, negándole el derecho de decidir sobre su cuerpo.

Un médico resolvió investigar y reproducir las células que extrajo de su tumor maligno y que resultaron muy singulares. El estudio permitió crear la primera línea celular que se sigue reproduciendo 60 años después de la muerte de Henrietta.

Las células HeLa (por las dos primeras letras del nombre y las dos primeras del apellido) han servido como modelo en investigación, gracias a ellas se ha avanzado en el estudio del cáncer y otras muchas enfermedades, como la polio; han permitido la creación de técnicas de fertilización in vitro; además de facilitar los primeros pasos hacia la clonación.

Todo suena muy útil, beneficiosos pero… ¿trascender por algo tan negativo como un cáncer? Leer sobre la vida de Henrietta me estruja el corazón: penurias, maltratos, discriminación, enfermedades, muerte a los 31 años… y luego ser recordada por la agresividad de un cáncer cuyas células andan desperdigadas por el mundo. Y todo sin su consentimiento, sin que sus cinco hijos obtuvieran ni un medio de las ganancias de la industria de medicamentos siquiera 20 años después, cuando supieron que una parte de su madre estaba contribuyendo a la ciencia.

Durante dos años me sometí a un tratamiento de fibromas; antes de empezar firmé un contrato donde aceptaba, entre otras cosas, que (primero cada seis meses y luego una vez al año) debía hacerme una biopsia para ver el estado de mi endometrio.

Hasta ahora no he tenido problemas mayores, no hay alertas ni resultados confusos; todo marcha ok. Espero que si llego a enfermarme los investigadores cubanos pidan autorización si van a utilizar mis células para algún estudio.

No sé si serán tan resistentes como las HeLa, solo deseo que, si sirven para reproducirlas por tiempo indefinido, se empleen en la creación de seres generadores de paz, interesados en la búsqueda del conocimiento y la humildad, cuidadores del medio ambiente, con los que pueda construirse un mundo verdaderamente feliz.

Sin fines lucrativos, por supuesto, y sin ansias de protagonismo; preferiría ocultar mi nombre. Pero ya que hablamos de mis células, me gustaría que crearan otra YO, con las mismas cualidades que mencioné arriba; quizá esa otra Irina tenga mejor concentración, sea más organizada y, además, logre dejar la descendencia que yo no puedo.



Irina Echarry

Irina Echarry: Me gusta leer, ir al cine y estar con mis amigos. Muchas de las personas que amo han muerto o ya no están en Cuba. Desde aquí me esforzaré en transmitir mis pensamientos, ideas o preocupaciones para que me conozcan. Pudiera decir la edad, a veces sí es necesario para comprender ciertas cosas. Tengo más de treinta y cinco, creo que con eso basta. Aún no tengo hijos ni sobrinos, aunque hay días en que me transformo en una niña sin edad para ver la vida desde otro ángulo. Me ayuda a romper la monotonía y a sobrevivir en este mundo extraño.

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8 thoughts on “Henrietta y yo

  • Irina. Precioso este escrito tuyo de hoy. Sólo me lastima tu injustificado pesimismo. Empiezas este post afirmando que: “…En estos días he estado pensando que no logro hacer nada bien, incluso, me cuesta trabajo terminar lo que comienzo; a veces por falta de tiempo, otras, la concentración no me acompaña.” Pues !Aleluya! este post te puede marcar de por vida. No porque tus células muestren el grado cruel de una tragedia, sino porque tu preciosa energía por ser útil -quizás- transmita esperanza allí donde se haya mal pronosticado el fin de la existencia. Creo que has hecho, hoy, un acto muy, muy grande por todos. !Gracias!

  • Muy lindo el comentario de El lapón Libre al cual me uno.
    Irina, Gracias.

  • Yo no seré la salvadora del mundo ni nada parecido…pero si no hubiera sido por ti es probable que estuviese en un manicomio…o en prisión…o en el más allá…ninguna de las tres versiones me gustan, así que igual te agradezco por tu existencia. El hecho de salvarme podría no ser suficiente para ti, pero no creo que esta humanidad sea tan valiosa como para que te lamentes de no dejarle “algo”, en todo caso, Iri, lo mejor que podemos “legar” es a nosotros mismos, como mejores seres, y eso no siempre incluye “descubrimientos” científicos, libros escritos ni descendencia de nuestra sangre.
    Eres lo mejor que ha sucedido en la vida de muchas personas que conozco. ¿cuántas personas pueden vanagloriarse de eso?

  • Irina me gusto mucho este escrito tuyo y no te preocupes por dejar marca, tus átomos no desapareceran siempre estarán como parte del universo.
    Creo que la marca ya la vas dejando con lo que escribes.
    Personalmente creo que todo lo que logramos pasar es nuestra experiencia a otros conjuntos de átomos y ellos a otros y así sucesivamente.

  • Irina, me gusto mucho el post. Solo decirte que cuando escribes en Internet nadie sabe el impacto positivo que pueda tener en al menos una persona el un lugar lejano o en la calle siguiente a la tuya. Es como lanzar una botella con un mensaje en el mar.
    Recuerdo un libro de autoestima que lei, donde se cuenta la historia de un profesor de una escuela de adultos que le pidio a sus alumnos que abrazaran y dijeran cuan importante era a alguien que nunca se lo habian confesado. Uno de los estudiantes lo hizo con un hijo que no le daba el suficiente cariño y el muchacho entre llanto le confeso que pensaba que el no lo queria y tenia planificado quitarse la vida esa noche.
    El profesor sin proponerselo, le habia salvado la vida al muchacho y tal vez al padre tambien.

  • Iri:

    Animo. Hay muchas formas de trascender, siquiera por el hecho de hacer algo mejores las vidas de otros.

  • Los “pequeños inmensos únicos detalles” que te hacen ser quien eres y lo que siembras en las personas que te rodean es lo que te hace trascender.
    Y aún así nadie puede estar seguro de sí y como va a ser recordado. ¡Qué de eso la Historia está llena de grandes ironías!

  • Irina, tocaya, estoy segura que todos los que nos quieren, ya sean amigos o familiares, piensan que tenemos valores y algo importante que dejar. En cuanto a ti, percibo la sinceridad y la inteligencia en tus artículos. Eso quedará, a pesar de que el periodismo pasa rápido y se olvida. Me parece que si incursionaras en la narrativa sería una cosa muy buena a la que aferrarte. Ojalá que encuentres buenos alicientes en la vida, pues creo que ya pagas tu correspondiente cuota con tus escritos. Te deseo suerte en todo lo que te propongas.

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