Gastronomía, muchedumbre y libros

Irina Echarry

feriaenamorados8HAVANA TIMES — Las noticias dicen que la XXV Feria Internacional del Libro de La Habana trae una amplia propuesta editorial. Anuncian que más de cuatro millones de ejemplares se venderán en las distintas sedes; uno de los libros más esperados por el público es 1984, de George Orwell, publicado por primera vez y vendido en moneda nacional.

El país invitado de honor es la República Oriental del Uruguay y, por supuesto, se homenajeará a Mario Benedetti y a Eduardo Galeano.

La Feria del Libro ha llegado a ser el evento más concurrido del año, incluso, más que el Festival Internacional de Cine.

El domingo 14, en el complejo Morro-Cabaña no se podía dar un paso. Multitudes de jóvenes, niños y adultos llenaban el recinto, pisoteando el césped recién cortado, tirando basura al suelo y sacudiendo el ambiente con sus gritos.

Lo primero que llama la atención al entrar a la Cabaña es el colorido de los parques infantiles inflables, lástima que no exista una regulación sobre la música que utilizan sus propietarios para atraer al público; el reguetón y sus peores letras son el atractivo.

“No hay más ná, ¿a dónde podemos llevar a los niños pá que corran y retocen? ¿En qué lugar pueden reunirse los jóvenes sin gastar tanto? Es una realidad, la Feria es un espacio socio-cultural más que una cita literaria”. Así hablaba una conocida periodista a sus amigos, convencida de que muy pocos van por libros. Para nadie es un secreto que los incentivos más fuertes del gran público son la comida, el esparcimiento y la pacotilla impresa.

feriacomida2No hay que negar que es la oportunidad para socializar con escritores y personas del mundo editorial de diferentes países, pero ¿a cuántos les interesa eso? Las salas de presentación permanecen casi vacías, a menos que se trate de textos utilitarios. Los afiches del equipo de fútbol favorito, de Barbie o de algún grupo musical de moda, junto a unos corazones inflables, es lo que más se compra, a pesar de que el precio es en divisas.

Por ejemplo, siempre que se venden libros de cocina se agotan inmediatamente, sin embargo, la sala 2 del Pabellón A-5, donde el estudioso Jorge Méndez ofreció una conferencia sobre el diseño y la gráfica en la literatura gastronómica, no tuvo buena concurrencia. Solo cambiar los términos y ya la gente se confunde. El espacio Degustando la palabra es una de las novedades traídas a esta edición por el proyecto Cocina y Cultura alimentaria.

Con muchos asientos vacíos recorrimos, a través de las palabras de Méndez, la historia de las publicaciones relacionadas con la culinaria. Así supimos sobre la Gastrosofía, el gusto por la cocina vinculado al arte y los sentimientos; y que el creador de la crítica gastronómica fue Jean Anthelme Brillat-Savarin con La fisiología del gusto, donde sostiene que la gastronomía es una ciencia.

Aterrizando en Cuba, mostró imágenes del Manual del cocinero cubano, publicado en 1914. Recalcó que antes de los 60 era común la divulgación de recetarios de cocina, casi todas las revistas –¿el machismo era peor que ahora?- incluían una sección destinada al público femenino. Luego de muchos años sin ver este tipo de libros–algunos dicen que era un tema tabú debido a las escaseces que vivíamos-, en la segunda mitad de la década del ‘90 volvieron a aparecer.

feriaenamorados1Mención aparte mereció Nitza Villapol, aquella señora que -junto a Margot- guio al pueblo en su diario comer; sin recursos e inventando. Entre los ilustradores que han dedicado su empeño y su arte a graficar esos textos, nombraron a algunos del mundo del diseño, la pintura y la fotografía: Gerda Andux Collazo, Raúl Martínez, Ángel Alderete, José Alberto Figueroa, Rolando Pujols, FERVAL y Alain Gutiérrez.

Hasta hace unos años, ser cocinero no era nada que inspirara gran respeto, sin embargo, a medida que el turismo se ha ido colando en la Isla y la gastronomía ha tomado categoría, los chefs –hombres y mujeres- han proliferado, y cada vez más personas se acercan a ese mundo.

Nadie recordó que el precio de la comida sigue subiendo, y que una cosa es la cocina de restaurantes y otra muy distinta la de la lucha diaria en la casa.

En ese mismo lugar, minutos después, dos chefs de una paladar privada de Jaimanitas, Santy Pescador, hicieron una demostración -con degustación incluida- de la comida japonesa que ofrecen a sus clientes. O sea, comedera en el ambiente y casi nadie se enteró.

Mientras todo eso acontecía en el interior de una sala, gran parte de la muchedumbre que asistió a la Feria el domingo 14 -Día de los Enamorados- se divertía afuera, exhibiendo corazones henchidos de aire, y flores de cualquier tipo: plásticas, naturales o de tela. Esperemos las estadísticas oficiales, pero ese día -aunque pocos compraron libros- no se podía dar un paso en La Cabaña.

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Irina Echarry

Irina Echarry: Me gusta leer, ir al cine y estar con mis amigos. Muchas de las personas que amo han muerto o ya no están en Cuba. Desde aquí me esforzaré en transmitir mis pensamientos, ideas o preocupaciones para que me conozcan. Pudiera decir la edad, a veces sí es necesario para comprender ciertas cosas. Tengo más de treinta y cinco, creo que con eso basta. Aún no tengo hijos ni sobrinos, aunque hay días en que me transformo en una niña sin edad para ver la vida desde otro ángulo. Me ayuda a romper la monotonía y a sobrevivir en este mundo extraño.


6 thoughts on “Gastronomía, muchedumbre y libros

  • el 18 febrero, 2016 a las 12:59 am
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    No quiero desmerecer la buena intención de la autora, pero, a juzgar por las fotos, las personas que aparecen no tienen cara no haberse leído un miserable libro en su -p….- vida. !Ojalá me equivoque!

  • el 17 febrero, 2016 a las 9:21 am
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    Bueno es una feria y no un congreso de intelectuales. Me imagino que con la presencia de extranjeros estaran tambien el grupo de apoyo al turismo o [email protected]

  • el 17 febrero, 2016 a las 4:28 am
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    Me da mucha risa porque según Isidro, 1984 estaba a la vista de todos pero parece que no había nadie que lo comprara. Claro la desinformación y las penurias de la vida cotidiana, hacen que las viejas y nuevas generaciones no tengan la menor idea de nada.Seguro creyeron que era un libro de historia!?.Ese es el resultado de la política cultural cubana, la desinformación y la censura llevan a la ignorancia.
    Como dice el crítico de cine Enrique Colina:( parafraseo) si pones a vivir a la gente en condiciones de m…. tendrás reacciones correspondientes.

  • el 16 febrero, 2016 a las 1:38 pm
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    Isidro,que clase de logro!!Que cantidad de intelectualidad!!Como envidiarian esa feria los contados intelectuales cubanos pre-revolucion liberadora!!Que logro ver ,despues de 60 anos 1984 a la venta por la libre!!En fin,comansela con papas!! No me censuren,please!!ya con los oficiales,basta !!!

  • el 16 febrero, 2016 a las 10:54 am
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    Iri:

    Lástima que no te vi ese día. Coincido en todo lo expuesto. Fui con el familión al complejo y nos quedamos fuera del recinto porque la molotera era de apaga y vámonos. Mucho pollo frito ( o semi crudo y reguetón para todos). Había como medio millón de personas, y si vi a cincuenta portando libros en las manos o en bolsas fue mucho, Y conste que eran todos libritos para recortar o colorear, temas esotéricos y del corazón. Pero bueno, como bien citas “no mas más ná”.

    Por eso el lunes me fui al Pabellón Cuba, donde se compran libros sin cola. Allí adquirí desde las muy recomendables crónicas de Uva de Aragón para el Diario de las Américas (Editorial Holguín) hasta el exhaustivo libro en dos tomos del italiano Piero Gleijeses sobre la Guerra Fría en el sur de Africa, que vendría siendo la contrapatida de Las guerras secretas de Fidel Castro, de Juan Benemelis. Claro, el italiano supera con creces al cubano. Y 1984 estaba a la vista de todos!

    Saludos

  • el 16 febrero, 2016 a las 10:47 am
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    Excelente estilo para contar algo.
    Así da gusto leer, claro.
    Felicitaciones a Irina.
    Escribo desde Mendoza, Argentina.

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