Fútbol y emociones

Irina Echarry

Los partidos fueron proyectados en cines de La Habana.

“Si Maceo resucita… tantas heridas en su cuerpo mientras luchaba por liberarnos del yugo español…”

Así dice mi madre mientras observa por el noticiero nacional de televisión imágenes del público que asistió a la final de la Copa Mundial de Fútbol en el cine Yara.

Se ven muchachos eufóricos con camisetas del equipo español, muchos con banderas en las manos o pintadas en los rostros.  Una muchacha llora desconsoladamente abrazada a la bandera roja y amarilla.  Será española, decimos, pero luego nos percatamos de que es una cubana.

El resultado del mundial ha provocado una alegría extraña.  Por la Rampa la gente salió corriendo, haciendo bailar las banderas españolas, gritando, sonando cornetas inventadas.  En Centro Habana hubo quien gritó Viva España a la manera de los soldados que lucharon contra nuestros mambises.

Claro que mi madre exagera cuando piensa en Maceo, pero no es menos cierto que todos exageramos un poco.

Durante el evento vi a mis amigos y conocidos pasar de un equipo a otro.  Por ejemplo: Brasil es el equipo preferido de Roberto, pero cuando perdió en cuartos de finales fue sustituido por Argentina, que también perdió.  Entonces Roberto comenzó a gustar del grupo uruguayo…y, finalmente, se quedó con España.  Es lógico, sería un poco infantil dejar de ver el fútbol porque tu equipo no compite, se supone que lo que gusta es el Fútbol, el deporte, pues es normal que se disfrute.

En Cuba (no sé en otros países), el deporte va acompañado de un sentimiento patriotero, de una impuesta solidaridad.  No es raro escuchar a los narradores deportivos decir: “La afición quiere que la copa quede en latinoamerica.”  Es una pena que los seres humanos le quitemos el verdadero sentido a los juegos.  Jugar es disfrutar sin importar quien gane.

De todas formas si ya está establecido que tiene que ganar alguno, que solo uno va a estar contentos mientras todos los demás quedarán tristes, que gane el que mejor juegue.  Sin importar el continente de procedencia.

La muchacha que lloraba por televisión abrazada a la bandera española, probablemente no sepa explicar por qué lo hacía.  Una conocida me dijo: “qué bueno que ganó La Madre Patria, todos nosotros tenemos de españoles” y otro amigo que no estaba de parte del país ibérico porque se acordaba de lo mucho que hicieron sufrir a los indios y los negros esclavos.

Yo no supe qué decir.  Me gustó ver cómo Uruguay luchaba contra grandes equipos, cómo España jugaba limpio cuando Holanda pretendía imponer un partido lleno de golpes.  Me gustó ver los juegos, si el triunfo fue de España, imagino que se lo ganó disfrutando.  Por mi mente no pasó la heroicidad de Maceo ni el martirio de otros infelices en la época de la colonia.  Simplemente veía correr el balón de un lado a otro del terreno.

Irina Echarry

Irina Echarry: Me gusta leer, ir al cine y estar con mis amigos. Muchas de las personas que amo han muerto o ya no están en Cuba. Desde aquí me esforzaré en transmitir mis pensamientos, ideas o preocupaciones para que me conozcan. Pudiera decir la edad, a veces sí es necesario para comprender ciertas cosas. Tengo más de treinta y cinco, creo que con eso basta. Aún no tengo hijos ni sobrinos, aunque hay días en que me transformo en una niña sin edad para ver la vida desde otro ángulo. Me ayuda a romper la monotonía y a sobrevivir en este mundo extraño.

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