Bienvenida la muerte

Irina Echarry

Foto por Caridad

Hace unos años apareció en los bajos de mi edificio un perrito negro y blanco, gracioso, que parecía buscar compañía.  Ivet lo acogió en su casa y le puso un nombre original ¡Oh! Quizá por la sorpresa que le causó al verlo tan lindo.

Luego el nombre se fue transformando en O, como la vocal, aunque el padre de Ivet le decía Pipo.

El caso es que el perro vive con nosotros desde hace más de 13 años.  Sobrevivió al parvovirus, al moquillo y hace unos años tiene una enfermedad en la piel que lo hace parecer aún más viejo.  En algunos momentos se ahoga y sufre convulsiones, luego se le pasa.  Debido a la enfermedad de la piel tiene un olor que nadie quiere sentir cerca,  a pesar de las curas no se recupera y cada día amanece peor.

Poco a poco la dueña se ha ido despegando de él, no es que haya dejado de quererlo, sino que entre semana trabaja y los fines de semana viaja a otra provincia donde vive su pareja.  El roce constante con O lo tiene el resto de la familia: la madre, el sobrino y sobre todo el padre, Roly.

Todos conocen a O por sus paseos con Roly y a Roly le dicen El Señor del Perrito.  Roly cree que su Pipo no se va a morir, lo carga por las escaleras para que no se canse tanto y dice con lástima: es que está viejito. Es dificil aceptar la muerte de un ser querido.  Al perrito le queda poco, solo Roly no se da cuenta.

Como apenas puede caminar, los ahogos son más frecuentes, el sufrimiento aumenta, el mal olor se agudiza, los vecinos protestan y la casa nunca está totalmente limpia, la dueña decidió sacrificarlo, pero Roly lo impidió llevándose al perro para una finca donde él hace guardias nocturnas.

Hasta allá le lleva comida por las tardes y en días alternos duermen juntos. Cuando le hablan de sacrificio comienza a dar gritos diciendo que él no es un asesino.

Me gustaría saber qué piensa ¡Oh!, alejado de los mimos de su casa, en medio de una finca donde hay otros perros que no lo conocen y por lo que debe permanecer encerrado en una “casita” improvisada, enfermo.

Quizá Roly siga los pasos de ¡Oh! cuando la muerte ande rondándole y, como él, se aleje del mundo para morir poco a poco, solo.

Irina Echarry

Irina Echarry: Me gusta leer, ir al cine y estar con mis amigos. Muchas de las personas que amo han muerto o ya no están en Cuba. Desde aquí me esforzaré en transmitir mis pensamientos, ideas o preocupaciones para que me conozcan. Pudiera decir la edad, a veces sí es necesario para comprender ciertas cosas. Tengo más de treinta y cinco, creo que con eso basta. Aún no tengo hijos ni sobrinos, aunque hay días en que me transformo en una niña sin edad para ver la vida desde otro ángulo. Me ayuda a romper la monotonía y a sobrevivir en este mundo extraño.

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One thought on “Bienvenida la muerte

  • ¿La muerte?, La muerte no existe irina, pregúntale a Erasmo.

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