Aún nos queda mucho por hacer*

Irina Echarry

Photo: Orlando Luis Pardo
Foto: Orlando Luis Pardo

HAVANA TIMES — La intervención del presidente Raúl Castro en la Conferencia de líderes globales sobre igualdad de género y empoderamiento de las mujeres: un compromiso de acción, generó aceptación entre los asistentes. No sé si por cortesía aplauden a todos los que hablan -digan lo que digan-, pero a él lo aplaudieron bastante.

Reconozco que en tan poco tiempo de locución es difícil expresar muchas ideas, quizá por eso el presidente eligió los números; las cifras son cómodas para esconder o dejar ver lo que interesa.

Comenzó mencionando temas candentes que afligen a las mujeres a nivel
mundial: dijo que ellas constituyen el setenta por ciento de los 2700 millones de pobres, y dos tercios de los casi 800 millones de personas adultas analfabetas. Recordó la impactante realidad de que más de 300.000 mueren cada año por complicaciones evitables durante el parto.

Resaltó la diferencia de salario con hombres que realizan el mismo trabajo. Hizo énfasis en la gran cantidad de mujeres que mueren por conflictos bélicos o son desplazadas o refugiadas, y en el alto por ciento que es víctima de violencia física, sexual y de la trata de personas.

Con ese preámbulo, cualquiera respira aliviada al escuchar datos positivos. Sobre todo, si estos datos se refieren a Cuba, país que fue el primero en firmar y el segundo en ratificar la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Contra la Mujer.

Era buen momento para que Raúl Castro comentara que la esperanza de vida al nacer de las cubanas supera los 80 años; que son el 48% de las personas ocupadas en el sector estatal civil, más del 66% de la fuerza de mayor calificación técnica y profesional, el 65% de quienes terminan estudios universitarios y el 48% de quienes integran el parlamento cubano; y que la tasa de mortalidad materna es de 21,4 por cada 100.000 nacidos vivos, etc.

¿Dijo alguna mentira? No, no lo creo; pienso que todas las cifras que mencionó son ciertas, respaldadas por estudios, investigaciones, análisis. Pero detrás de los números hay sutilezas y realidades que no se describen.

Foto: Angel Yu
Foto: Angel Yu

Las graduadas y graduados universitarios, una vez que empiezan a trabajar -aun haciendo maestrías, post grados o doctorados-, reciben un salario irrisorio que no les permite tener casa propia y lograr una verdadera independencia sin la intervención constante de los padres, mucho menos hacer familia.

Muchas de nuestras ancianas (y también los ancianos) tienen garantizados los servicios de Salud, pero no cuentan con una buena calidad de vida. Quienes no tienen familiares en el exterior se las ven oscura para sobrevivir cada mes; los hogares para la tercera edad están abarrotados aun cuando no tienen las mejores condiciones materiales. Numerosas personas de edad avanzada siguen trabajando, pues dependen del salario que perciben y las jubilaciones son exiguas; otras se jubilan, pero en lugar de descansar, deben seguir “luchando” en la calle para tener un dinerito extra que les ayude a capear el temporal.

Y ese tan cacareado 48 por ciento de mujeres que forman el Parlamento no se hace notar, a pesar de ser casi la mitad, su voz se diluye en el discurso oficial, sus manos se confunden con las de los otros parlamentarios que aprueban sin pensar lo que el Partido dispone, y apenas discuten los temas que nos afectan.

En un mundo donde unos 60 millones de niños no van a la escuela y seis millones mueren sin cumplir los cinco años de edad, es un privilegio vivir en un país donde cada mañana, al asomarme al balcón, veo correr -como un río- los montones de niños y niñas en uniforme rojo, alegres, tranquilos, ingenuos.

Lo que pasa es que esos infantes se dirigen a la escuela no solo para aprender a sumar, restar, leer y escribir, sino que van directo a recibir una inyección en vena de la ideología que unos cuantos adultos han destinado para ellos.

Raúl, en su intervención, no se refirió a los derechos a la libre asociación. Hasta 1958, en Cuba existían diferentes delegaciones, asociaciones, centros, ligas, fundaciones, ateneos, comités, clubes, delegaciones donde se agrupaban las mujeres en torno a sus intereses: Salud, Cultura, Educación, Política o cualquier otro tema. Ahora las mujeres cubanas estamos “obligadas” a pertenecer a una única organización; al ser Una, es imposible que responda a los diversos intereses de la pluralidad de mujeres de la Isla.

Foto: Chris Lewis
Foto: Chris Lewis

Tampoco mencionó a las muchachas que, bajo el calificativo de “aseguradas”, son recluidas en las cárceles durante largos períodos de tiempo por ejercer la prostitución, un delito que no está tipificado en el Código Penal y que no se contempla en el Informe de Cuba sobre el enfrentamiento jurídico-penal a la trata de personas y otras formas de abuso sexual, presentado en noviembre de 2014.

Omitió también, el presidente, la coerción y represalia que ejerce su Gobierno sobre los que piensan diferente. Probablemente, como cada domingo, mientras Raúl leía sus palabras en la ONU, las Damas de Blanco -grupo integrado solo por mujeres que no son terroristas ni secuestran niños- estaban siendo reprimidas o, en el “mejor” de los casos, acosadas.

Aunque se logre cambiar “los patrones culturales, de forma que se comparta entre hombres y mujeres el cuidado de la familia y se continúe incrementando su presencia en los cargos decisorios a nivel gubernamental”, faltaría mucho por hacer.

No importan las cifras favorables que se presenten o las acciones encaminadas a mejorar la existencia, mientras se permita que una sola mujer, un solo ser humano sea castigado por pensar diferente, nadie podrá hablar de respeto a nuestros derechos, ni feministas ni gobernantes.
—–
* Frase de Raúl Castro en su intervención en la Conferencia de líderes globales sobre igualdad de género y empoderamiento de las mujeres: un compromiso de acción.

Irina Echarry

Irina Echarry: Me gusta leer, ir al cine y estar con mis amigos. Muchas de las personas que amo han muerto o ya no están en Cuba. Desde aquí me esforzaré en transmitir mis pensamientos, ideas o preocupaciones para que me conozcan. Pudiera decir la edad, a veces sí es necesario para comprender ciertas cosas. Tengo más de treinta y cinco, creo que con eso basta. Aún no tengo hijos ni sobrinos, aunque hay días en que me transformo en una niña sin edad para ver la vida desde otro ángulo. Me ayuda a romper la monotonía y a sobrevivir en este mundo extraño.


6 thoughts on “Aún nos queda mucho por hacer*

  • el 4 octubre, 2015 a las 10:35 am
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    Me encanto leer este post tuyo Iri, la foto de Orlando “Hoy como ayer” creo que del 4to concurso de fotografia de HT vino genial, buena seleccion de Circles

  • el 30 septiembre, 2015 a las 6:58 am
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    Felicitaciones Irina, un post balanceado y con argumentos irrefutables que demuestra como lo que un día llamaron revolución es hoy un sistema reaccionario y retrógrado para mujeres y cubanos en general.

    Tampoco las mujeres pueden crear una empresa porque las leyes revolucionarias?? se lo impiden de facto, eso atenta contra su verdadera emancipación.

  • el 29 septiembre, 2015 a las 11:10 pm
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    Iri:

    Ya la frase del título sintetiza el problema: entonces a hablar claro y alto, para seguir enmendando entuertos.

  • el 29 septiembre, 2015 a las 8:47 pm
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    Y mientras tanto, después de medio siglo,todavía hay gente en Cuba sin electricidad,ni agua corriente en sus casas.

  • el 29 septiembre, 2015 a las 12:44 pm
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    Irina as tocado un tema muy bueno! Las manipulaciones de opinión que el gobierno promueve cuando enseña sus frías estadísticas. En ninguna parte de las estadísticas dice de cómo el gobierno controla y da tinte ideológico a todo.
    Cuando vamos más allá de los números nos damos cuenta que estos están cuidados de la misma forma que las calles visitadas por dignatarios extrangeros son pintadas y remozadas. Pero una vez que entramos y vemos la cruda realidad nos damos cuenta del engaño.

  • el 29 septiembre, 2015 a las 9:47 am
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    Bravo Irina, pienso lo mismo.
    La exclusión de la población femenina y toda pasa en primer lugar por la miseria a la que nos tiene sometido el gobierno por sus intereses de grupo.Tienen miles de medidas a tomar para hacernos salir muy rápido del “abismo” adonde nos han llevado, pero están renuentes a escuchar y a actuar.
    Mientras se golpee y arreste a mujeres y hombres todos los domingos, el gobierno no tiene moral ninguna para hablar de equidad de género en Cuba. Vergonzoso apalear mujeres como política de Estado, y presentarse como referente para el mundo.
    Pero con un cinismo sin igual el general anuncia sin argumentar nada que cumplimos los Objetivos del MILENIO y sin datos, tampoco los tiene la ONU, sobre la pobreza en Cuba y la pobreza extrema, se da por sentado que ya eliminamos a la mitad de los pobres y de la pobreza extrema por que lo dijo el general.

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