Pedaleando en La Habana

Graham Sowa

HAVANA TIMES – Si la historia de Cuba se analizara desde la perspectiva del petróleo, podríamos denominar la etapa entre el fin de las importaciones de petróleo subsidiado procedente de la antigua Unión Soviética y el inicio del igual subsidio procedente de la República Bolivariana de Venezuela como el Período de las Bicicletas.

Llegué a Cuba mucho después de la llegada de los primeros barriles de petróleo venezolano, pero todavía se sienten los efectos del Período de las Bicicletas, estas están por todas partes.

En Texas, mi estado natal, la bicicleta es un mero juguete de fin de semana, y otra cosa en nuestras vidas para la que debemos comprar accesorios. Por el contrario, en la Isla es una forma de transporte diario, esencial para las personas, los bienes y los servicios. Como un cubano me recordó recientemente “¿Los médicos no van a trabajar en bicicleta donde usted vive? Aquí sí lo hacen”.

Por supuesto, en todo el mundo algunas personas se cansan del tráfico. Así que comenzaron a poner pequeños motores de dos tiempos en los marcos de las bicicletas para fabricar motocicletas caseras que funcionan con ‘motor’ y ‘pedal’.

Algunas personas se cansaron de pedalear el ciclomotor, por lo que comenzaron a convertirse en pasajeros del omnipresente bici-taxi. Un nombre poco apropiado, ya que cada bici-taxi tiene tres ruedas, no dos. Pero cuando alguien más es el que realiza el trabajo, me imagino que a los pasajeros les importa un bledo como se llama el aparato.

Solo unas semanas después de llegar a Cuba, decidí que necesitaba una bicicleta. Mi primera búsqueda fue en el sitio web www.revolico.com, una especie de Craigslist cubano, o lo intentaba al menos. Pero el sitio web fue bloqueado cuando intenté abrirlo.

Decidí, entonces, encontrar algún compañero de la Escuela Latinoamericana de Medicina que estuviera cansado de tener una bicicleta y dispuesto a desprenderse de ella por un buen precio. A los pocos días me encontré una bicicleta montañesa que había sido abandonada durante bastante tiempo. Reconozco que era un poco pequeña, tanto para mí como para su propietario colombiano.

Al principio mi compañero se resistió ante la idea de una posible venta, pero un mes o dos después necesitó más el dinero que la bici que nunca utiliza. Hicimos el trato, nos dimos la mano e intercambiamos papel por metal.

Hay estudiantes que traen bicicletas de sus casas. Pero con los gravámenes excesivos impuestos por las compañías aéreas por el transporte de bicicletas, no tenía mucho sentido para mí. También estaba mucho más contento con mi compra de segunda mano, que mis amigos que han comprado bicicletas nuevas en las tiendas cubanas que cobran en pesos convertibles. Ellos pagaron más que yo y sus equipos se rompen con más frecuencia.

Incluso, si tienes una bici que se rompe todo el tiempo, o tal vez, como muchos cubanos, simplemente no tienes dinero este año para un par de neumáticos nuevos, parece que en todos los barrios hay, al menos, un taller de bicicletas.

Entre los bici-taxis, que cargan la gente y productos, los talleres de reparación de bicicletas, y el mercado de bicicletas en lugares como revolico.com, la bicicleta ha existido como una forma de trabajo por cuenta propia mucho antes de que la actividad fuera legalizada oficialmente hace cerca de dos años.

Cuando comencé a pedalear en La Habana, estaba claro que el Período de las Bicicletas había tocado cada forma de transporte que existe en la Isla. Creo que aquí los coches, autobuses y camiones dan un lugar más amplio a los ciclistas que en mi casa. Incluso los caballos, una forma principal de transporte rural en Cuba, ceden espacio cuando les pasa una bicicleta relativamente silenciosa y furtiva.

Creo que algo que ha servido de gran ayuda en el ambiente amistoso entre bicicletas y calles es la presencia constante de baches y los viejos motores de diesel. Estas dos barreras que obstaculizan la aceleración, evitan que la mayoría de los vehículos vayan demasiado rápido.

Ahora mismo mi ruta favorita para pedalear es la Calzada del Cerro, en el sur de La Habana, hacia Capitolio, y después bajando el Prado hacia el Malecón. Para evitar dirigirme hacia el estrecho de la Florida viro a la izquierda, y después sigo por todo el Malecón hasta que decido ir hacia el sur otra vez.

Ruedo por la parte baja del Vedado para subir la Avenida de los Presidentes (Calle G). Después es un paseo fácil desde la Plaza de la Revolución hacia el Estadio Latinoamericano, y luego de vuelta a la Covadonga (Hospital Salvador Allende).

La planificación que hicieron los españoles de la ciudad colonial hacía que esta fuera muy transitable. Casi todos los barrios están distribuidos en forma de red. Eso significa que pedalear de este a oeste en Playa o el Vedado es fácil, con unas pocas colinas y cambios de elevación.

Si usted quiere quedarse sin aliento diríjase al sur de La Habana y pase por la calle llamada acertadamente La Víbora. Por supuesto, cuando se quiera dejar llevar por la gravedad solo diríjase hacia el mar, hacia allí todo es cuesta abajo.

Graham

Graham Sowa: He vivido en Cuba durante tres años. Me gustaría achacar la pérdida de cabello, que se ve claramente en esta foto actual, a los rigores de la vida aquí y a la escuela de medicina, pero probablemente se deba a cuestiones genéticas. Las amistades más fuertes que he hecho durante mi estancia en Cuba han sido con otros autores de este sitio web. La fuerza de esas amistades casi ha restaurado mi fe de que el mundo en la red puede traer cambios tanto fuera de esta como en la vida real. Me he ajustado a utilizar Internet una o dos horas al mes. Mientras tanto he redescubierto cosas tales como pasar páginas de libros, escribir cosas a mano alzada, y tener que admitir que no sé algo en vez de buscar rápidamente la respuesta en Google mientras el profesor no está mirando.

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2 thoughts on “Pedaleando en La Habana

  • La bicicleta y yo, podria escribir un tratado, sobre la relacion, no siempre amorosa que he tenido con este corcel mecanico, de multiples denominaciones o nombres,la bici , el hierro, el caballo, la nave, la centella, el riquinbili, este ultimo un portento de ingenieria popular de variada potencia y casi ningun o ningun sistema de frenos , entro muy tempranamente a mi vida, en epocas en que montar una “Niagara” era sinonimo de Clase media-Alta, no se dejen engañar ella siempre estuvo alli, los citadinos no la recuerdan bien pero en provincias y sobre todo en los municipios ella fue la heredera directa de los coches a caballos me atreveria a decir que fue siempre el vehiculo del obrero agroindustrial, del trabajador ferroviario, del trabajador servicios y de las mensajerias, que rejuvenecio en el periodo especial, si aunque habria que definir cual periodo especial, porque lo especial fue la epoca en que todo nos llegaba por tuberias y derrochamos a diestra y siniestra, las otras epocas de apagones, restricciones, racionamiento riguroso siempre estuvieron presente esas no fueron especiales, mas bien cotidianas,, si ni me creen. pregunten a la bicicleta, la de la zafra del 70, la de las movilizaciones, la de los entierros, y las fiestas en fin, no es problema de cultura sino mas bien de memoria.

  • Aunque muchos de mis compatriotas despotriquen contra la bici, en realidad la Habana y Cuba en general es proclive al trafico de las bicis. Yo personalmente la use por necesidad en aquellos tenebrosos ’90, cuando era casi inexistente el transporte automotor. Hoy en dia, aunque ya se dejo atras esa etapa, pues dado las relativamente cortas distancias dentro de la ciudad (a menos que te traslades hacia los municipios de la periferia) no es descabellado usar la bici. Tambien otra cosa favorable es el relativamente poco trafico automotor aunque sospecho que la cultura vial tiene aun un largo trecho por recorrer en aceptar la bici como otro vehiculo mas en la via. Y los ciclistas en aprender que las mismas reglas que aplican a los autos, tambien aplican a ellos (no ir contravias, no montar en las aceras, etc). Los beneficios a la salud son tambien evidentes, aunque en el pasado, con la escasez de comida, luciamos mas que saludables, malnutridos. Aun conservo una foto de carnet de esos anos y me horrorizo caa vez que la veo.

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