Cámaras en la ELAM

Graham Sowa

Aula de clase.

Llegar tarde a clases, en Cuba, es un ejercicio en vano. Encontrarás la puerta cerrada, y aunque no fuera así, el profesor usará su mano para hacer una seña de rechazo al estudiante retrasado.

Es obligatorio asistir a todas nuestras clases y las ausencias pueden bajar nuestras evaluaciones finales, hasta puede que no te dejen realizar el examen final por este motivo. Así que se supone que debes estar en la clase y ser puntual.

Hace unos meses estaba en la clase de Histología y unos 10 minutos después de que esta comenzara, alguien tocó a la puerta. Algunos de nosotros intercambiamos miradas preguntándonos quién sería el que pensaba que podía llegar tarde a clases. Quizás era alguien con una causa justificada del médico.

El profesor abrió la puerta. Un equipo de cámara de noticias y dos cubanos trabajadores de la Oficina de Relaciones Internacionales de la escuela miraron atentamente dentro del aula. Al verme a mí y a otro estudiante norteamericano, uno de los cubanos dijo “ah! lo encontramos”. La frase estuvo acompañada de esa expresión, casi universal, de quien encuentra algo después de una larga búsqueda.

Se hicieron los arreglos rápidamente. El jefe del Departamento de Histología sustituyó a nuestro profesor. Nos dijeron que el equipo de noticia y su cámara de video estarían filmándonos durante la clase. La clase comenzó nuevamente, con las cámaras rodando, y nos levantamos a saludar al nuevo profesor como si acabáramos de llegar.

Cuando el profesor comenzó a presentar el material, nos pidió que contestáramos las preguntas que iba a plantear. Dos estudiantes respondieron. Me senté frente a mi computadora, tecleando con frenesí mis sentimientos y observaciones de mi primer encuentro con periodismo extranjero en Cuba. Uno de los trabajadores de relaciones internacionales se acercó y me dijo que respondiera a las preguntas del profesor. Aproveché la oportunidad para pedirle su número de teléfono. Quid pro quo. Por supuesto que hice lo que me pidió, un poco disfrutando de mi papel en el asunto. Después de la clase me pidieron que me presentara en la Oficina de Relaciones Internacionales, más tarde ese mismo día, para una entrevista.

Cuando llegué, otros dos estudiantes esperaban, y nos turnamos para ser entrevistados. Nadie nos enseñó lo que debíamos decir, tampoco nadie nos alertó sobre lo que nos preguntarían. Por eso, al menos, el intercambio con el entrevistador sudcoreano pareció bastante espontáneo.

La penúltima pregunta estuvo relacionada con mis actividades antes de llegar a Cuba. Mencioné las licenciaturas en química y antropología que obtuve en Texas, y mis estudios en la Universidad de Botswana. Al escuchar esto, el entrevistador, sonriendo, se aprovechó del momento para señalar que yo debo querer ganar mucho dinero ya que he estudiado tanto.

Mi respuesta fue no; ese realmente no es mi objetivo. Entonces mencioné algo sobre lograr un estilo de vida cómodo, mi definición de eso, y también señalé que mis profesores cubanos han pasado gran parte de sus vidas estudiando, sabiendo que sus carreras nunca les traerán grandes beneficios económicos, al menos, no en su patria. Añadí que tratar de hacer dinero en un país donde te pagan en un tipo de moneda y te cobran en otra, es un desafío mayor; sin embargo, tenemos profesores en todas las aulas.

Esta pregunta, aparentemente, reflejaba con cuanta frecuencia se asocia el alto nivel educacional con el pago. Puede ser chocante, pero hay unos pocos de nosotros que nos fascina el conocimiento y creando nuevas formas de entendernos nosotros mismos y nuestro mundo.

Parece que a pesar de las difíciles condiciones en Cuba, donde he levantado mis manos en señal de frustración y abandono más de una vez, todavía la gente trabaja duro para alcanzar metas difíciles en lo que muchos consideran, un sistema imposible. Yo quiero aprender cómo y por qué hacen eso. Quizás tenga algo que ver con la política de asistir a las clases.

Graham

Graham Sowa: He vivido en Cuba durante tres años. Me gustaría achacar la pérdida de cabello, que se ve claramente en esta foto actual, a los rigores de la vida aquí y a la escuela de medicina, pero probablemente se deba a cuestiones genéticas. Las amistades más fuertes que he hecho durante mi estancia en Cuba han sido con otros autores de este sitio web. La fuerza de esas amistades casi ha restaurado mi fe de que el mundo en la red puede traer cambios tanto fuera de esta como en la vida real. Me he ajustado a utilizar Internet una o dos horas al mes. Mientras tanto he redescubierto cosas tales como pasar páginas de libros, escribir cosas a mano alzada, y tener que admitir que no sé algo en vez de buscar rápidamente la respuesta en Google mientras el profesor no está mirando.

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One thought on “Cámaras en la ELAM

  • Parece que vas entendiendo lo que ni nosotros mismos entendemos… todos aqui tienen sentimientos nobles aunque grandes necesidades… aqui no se hace lo que se quiere , se hace lo que se puede + 1/(lo que se quiere)… por eso simplemente nos adaptamos.. y por tu forma de responder las preguntas a esos periodistas parece que te estas volviendo un poquito cubano.. jajja.. que cuando hablamos con los de afuera la defendemos y cuando hablamos entre nosotros la criticamos..jajaj.. socio cuidate que se te pega el cubaneo…

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