La cólera de la fotógrafa

Francisco Castro

Foto: Pedro Abascal

HAVANA TIMES — La encontré haciendo señas a un taxi que no se detuvo. Al saludarla noté la expresión de cansancio en su rostro. Cansancio y algo más, algo que en ella no es habitual. La respuesta que obtuve ante mi preocupación fue que estaba encolerizada.

Ella es directora de fotografía. Nos graduamos juntos, pero ha trabajado infinitas veces más que yo, que como Director me resulta casi imposible conseguir dinero para realizar lo que sea.

Ha pasado por todos los géneros del audiovisual. A nada le ha dicho que no, siempre que le encuentre posibilidades para hacer un buen trabajo. Y eso es lo que hace, buenos trabajos, por encima de cualquier adversidad.

Donde quiera que esté su nombre se reconoce una buena dirección de fotografía, aún cuando sea lo único destacable.

Ahora mismo repite la experiencia de trabajar en estudio, con tres cámaras. Es un programa del Canal Habana, producido por una ex–compañera de aula, y dirigido por otra ex–compañera.

Está al mando, pues, de un equipo compuesto por luminotécnicos, camarógrafos, realizadores de imagen. La inmensa mayoría hombres mayores que ella. Hombres que trabajan por primera vez con una muchachita que, no caben dudas, sabe lo que hace.

Quizás por esa, y por otras razones, ha tenido varios encuentros desagradables, como le ha ocurrido a lo largo de toda su carrera.

El Canal Habana se encuentra en un estado de precariedad bochornosa. Entre otras razones, por sus instalaciones eléctricas.

Es casi una carrera universitaria lo que hay que pasar para colocar las luces en la parrilla del estudio: si se conectan lámparas de una potencia específica en un toma específico, pueden explotar, y con ellas colapsaría el sistema.

Por ser la primera vez que mi amiga trabaja en este canal, desconocía esa información, que además, sus subalternos no le dieron. Solo se negaban a colocar las lámparas donde ella mandaba ponerlas. Así que tuvo que reacomodar unas tres o cuatro veces las pocas lámparas con que contaba, para lograr la iluminación que se necesitaba.

Y ahí fue cuando se sublevó uno de los luminotécnicos. Dijo que él llevaba años trabajando en el audiovisual y que jamás se había encontrado con un jefe de luces o un director de fotografía tan inseguro, y que él no iba a seguir cargando lámparas cada vez que a ella se le antojara.

Entonces comenzó la cólera de la fotógrafa. Pero no una explosiva ni de proporciones catastróficas, sino de esas en las que parece que el mundo se va a acabar pero muy bajito, imperceptible, como una implosión.

Primero lo y delante de todo el mundo, para que no pensaran que se iba dejar amedrentar por el escándalo, y luego se lo llevó a una habitación. Allí, solos, resolvieron el problema.

Claro que, con un problema resuelto, se creaba otro. Mi amiga es considerada una “fula”, una “reventá”, y nadie quiere crear lazos con ella que no sean exclusivamente de trabajo.

Eso a ella la tiene sin cuidado. Amigos que la escuchen y que comparten sus puntos de vista, tiene. Yo soy uno de ellos. Así que le da igual si cuando intenta comenzar una conversación trivial en medio de un descanso, nadie le hace caso. Lo único que le importa es que, a pesar de los pequeños sabotajes de que es víctima, la imagen del programa es impecable.

Claro, como cualquier ser humano, llega el momento en que se cansa. Mi amiga, mientras hacía señas para detener un taxi, se notaba encolerizada, cansada, y algo más. Ella, que tiene a penas 25 años, y solo tres de experiencia laboral, está decepcionada.

Francisco Castro

Francisco Castro: Todo se vuelve más simple cuando uno cruza la línea de los treinta años. Que no significa que sea más fácil, sino más bien, todo lo contrario. Ahí estoy yo, del otro lado de la línea, tratando de averiguar, con lo poco que sé de arte, política, economía…, vida, cómo seguir sin romper algunos juramentos que parecían esenciales, cómo no claudicar, cómo hacer de los años vividos, un faro hacia el futuro.

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2 thoughts on “La cólera de la fotógrafa

  • bueno, pues si lleva tres años y monta en colera, que se de un paseo por otros lugares que algunos se creen ser faciles, y entonces la decepcion sera mayor, y seguramente esas trabajas que otros le ponen a uno cuando quiere reslizar su trabajo a su manera, sera las que esta misma persona ponga a otros en otras situacines,

    no es oro todo lo que reluce, y hay un trasfondo que hay que indagar si uno realmente quiere entender, pero eso es harina de otro costal…

  • Cólera, qué palabra tan hermosa de fotografiar!
    Dónde colocar con sumo cuidado las luminarias para captar esas seis letras y un acento volátil?
    Provocar cólera en una fotógrafa es un privilegio enorme o un pequeño palíndromo o ambos.
    Pobre de mí.

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