Otra aventura completada

Esperando la guagua

Por Fabiana del Valle

HAVANA TIMES – Nadia se rascaba las piernas. Esa madrugada los mosquitos nos habían asaltado en oleadas agresivas. Aunque al amanecer los insectos dejaran de torturarnos, las ronchas en su piel seguían visibles. El día apenas comenzaba y ya se teñía de relevantes matices. Dos horas de espera, pero la guagua prometida no llegaba.

Como tengo experiencia en este tipo de negligencias, nada me sorprende. Había reunido dinero para alquilar un taxi evitando así cualquier contratiempo. Pero me vi obligada a establecer prioridades. Esto es una carrera de resistencia y las reglas están claras, hay que sobrevivir día a día. Comer es una necesidad, un taxi en mi situación actual es un lujo.

Así que allí estábamos Nadia, varias madres con sus hijos y yo, esperando el transporte que nos llevaría al lugar estipulado para poner la segunda dosis de la vacuna Soberana a los niños menores de once años en este Consejo Popular.

Casi todos nos habíamos levantado desde las cinco de la mañana, porque se suponía que nos iban a recoger a las siete. Pero a las siete y media la guagua pasó en sentido contrario. El chofer se asomó por la ventanilla y nos gritó que él no nos podía llevar.

Entonces iniciaron los comentarios.

Yo me lo imaginaba, porque fulanita me dijo que no hay petróleo para la guagua.

No, mija– agregó otra- si lo que no hay es vergüenza.

Una de las madres movía los pies para espantarse los mosquitos y solo repetía la misma frase:

Esto no hay quien lo aguante.

Pues mejor nos vamos para la casa– Nadia no pierde la costumbre de intervenir en las conversaciones de los adultos.

 –Lo que hay que hacer es llamar al encargado de todo esto– indiqué yo.

Unos minutos después me vi como la representante oficial de ese grupo. Al fin entre todas localizamos el número de la gestora y desde mi móvil realicé la llamada. La muchacha que me atendió quedó sorprendida al escuchar lo que le conté. Porque según ella, le habían dicho en el Gobierno municipal que el transporte nuestro estaba garantizado. Nos pidió que fuéramos pacientes, que la guagua llegaría.

Y llegó, a las diez de la mañana. Solo que cuando ya estábamos acomodados en los asientos el chofer nos dijo que él nos llevaba, pero que no podía traernos de vuelta. A esa hora todas las madres estuvieron de acuerdo que cuando llegáramos al lugar de destino teníamos que reclamar el transporte para el regreso.

Con los niños ya vacunados ninguna madre se atrevió a ir donde la gestora para reclamarle. Es cierto que el principal argumento que me dieron era que si nos conseguían una guagua sería para las tres de la tarde o más, que mejor era gestionar algo por nuestros propios medios.

Eso fue lo que hice. Encontré un conocido que tiene un camión y que estaba allí vacunando a su hijo. Aunque es un vehículo muy alto y complicado para subir, todas estábamos tranquilas, porque en cuanto el hombre terminara nos podríamos marchar.

Pero el chofer de la guagua llegó y nos dijo que camináramos hasta su casa, que él iba a llevarnos. Mi abuela siempre decía que más vale pájaro en mano que ciento volando. Pero el carro estaba alto, teníamos niños pequeños y la guagua era más cómoda. Caminamos un kilómetro aproximadamente y cuando llegamos al lugar donde estaba, nos dijo que él debía recibir una llamada y que dependía de eso si salía o no.

¡Pues a correr se dijo! En el tiempo que perdimos hasta la casa del señor, el camión podía haberse ido. Así que nos lanzamos en una desesperada carrera hasta la salida del pueblo. Allí llamé a mi conocido del camión, que por suerte me informó que no había salido aún.

Parece que los niños cubanos al nacer vienen con maestrías en alpinismo. Porque al llegar el camión eran los más dispuestos a escalar. Un señor nos fue ayudando desde arriba y nosotras los íbamos guiando en las escaleras.

Al subir nos dimos cuenta que el suelo estaba cubierto de cemento en polvo, que comenzó a elevarse cuando el furgón se puso en movimiento. Algunos tuvimos que usar los nasobucos para taparnos los ojos, mantenerlos abiertos era una tortura.

Cansados, sucios y hambrientos llegamos al destino. Frente a la puerta de nuestra casa Nadia tomó mi mano, sus ojos de niña brillaron sonrientes.

-Mamá no te preocupes, aquí estamos. Esta es otra aventura completada.

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Fabiana del Valle

Fui una niña que soñaba con colores y letras capaces de lograr las novelas más leídas o esos poemas que conquistan a corazones rebeldes. Hoy cerca de los cuarenta, con los pies firmes en esta isla, dejo que el pincel y las palabras sean eco de mi voz. Esa que llevo apretada, prisionera de las circunstancias y mis miedos.


One thought on “Otra aventura completada

  • el 25 octubre, 2021 a las 11:57 pm
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    Lo normal y más fácil es llevar las vacunas a donde están los pacientes, pero así son las cosas, “eso no hay quien lo aguante”

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