Lágrimas y despedidas

Mi tía y sus dos hijas.

Por Fabiana del Valle

HAVANA TIMES – Conozco bien el sabor de las despedidas. Desde niña acompañaba a mis abuelos a La Habana para ver partir a mis tías. Cada una de esas escenas está grabada en mi memoria. Mis abuelos se fueron haciendo viejos, cada año era peor. Dejaron de ir al aeropuerto.

Mi abuela un día murió sin poder besar a sus hijas. Mi abuelo esperó hasta que pudo ver por lo menos a una de ellas reír, cuidarla, llorar en silencio como llora un hombre al verla alejarse de nuevo.

Ali y Aya son mis primas. Me crié junto a ellas como una hermana menor, a veces les hacía enojar. Yo chiquilla y molesta, ellas jóvenes y cálidas. Un día Ali se casó, su esposo era del municipio de Sandino. Solo estaba a cientos de kilómetros. Podíamos ir en tren a verla, ella venía siempre los dos meses de vacaciones.

Su vida allí estuvo plagada de miserias, no obstante, disfrutó la bendición de dos hijos. Cada año, al comienzo de las vacaciones, la esperaba sentada en el muro de la acera para ser la primera en correr a su encuentro y abrazarla fuerte para que no se me volviera a escapar.

Un día Ali no soportó más vivir en un país sin futuro, tuvo la oportunidad de salir con su esposo e hijos. A pesar del dolor estábamos felices por ellos, nos consolábamos pensando:“Es como si estuviera en Sandino”.

De esto hace más de veinte años. Sus hijos son profesionales y ganan un buen salario. Tiene dos nietos. Pero su vida no es solo de caricias, persevera en un mercado vendiendo jamones y queso. Se hizo una operación de urgencia, pasó la Covid, su esposo está enfermo y aún trabaja.

Ali y Auya

De todos modos no cambia su presente por los años vividos en Cuba. ¡Si tan solo pudiera tener a sus padres y hermana cerca! Después de varios intentos fallidos logró que su padre fuera de visita.

Papito es un guajiro, desea el olor de la tierra, el sonido de los animales, no soporta por mucho tiempo aquel ritmo. Aun así, viajaba para darle aliento una vez al año.  

Ali vino hace quince días. De sus manos recibí mi primer libro publicado. Con su presencia regresaron las charlas en la terraza a la hora del café. Llegó a llenar ese vacío que siempre está como un fantasma dando vueltas por la casa y solo se calma cuando ella está presente.

Los días pasaron, el momento de la despedida fue inevitable. Mis tíos lloraban. Ella los abrazó, sentí que los dos viejitos se iban a deshacer entre sus brazos. Las palabras susurradas entre lágrimas no dan consuelo. Cuando el carro salió nos quedamos en silencio, cada cual asumiendo a su manera el peso de esta despedida. 

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Fabiana del Valle

Fui una niña que soñaba con colores y letras capaces de lograr las novelas más leídas o esos poemas que conquistan a corazones rebeldes. Hoy cerca de los cuarenta, con los pies firmes en esta isla, dejo que el pincel y las palabras sean eco de mi voz. Esa que llevo apretada, prisionera de las circunstancias y mis miedos.

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One thought on “Lágrimas y despedidas

  • Leer eso me corren las lagrimas por mis mejillas , recuerdos tan tristes que cuando despedía a mis padres pensaba, sera está la última vez? Lo que nos ha echo ese sistema no tiene perdón, nunca creí yo saldría del lugar donde me crie, salí pensando en un par de años volveré, y pasaron 14 largos años sin ese regreso.pero aquí estamos dichosos de criar a mis hijos en un país de oportunidades y con una vida estable.
    Esta es lo que nos espera a los emigrantes.

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