Labor necesaria

Por Fabiana del Valle

HAVANA TIMES – Respiro profundo, ensayo mi mejor cara y minimizo el documento de Word en el que llevo horas intentando escribir un poema. Cuando mi perro ladra sé que debo parar la tarea que en ese momento esté realizando. Él es una especie de alarma, me avisa el inicio de una rutina pocas veces agradable.

Por eso estoy lista cuando llega el primer cliente. Yamilé, asomada en mi ventana exhibe su sonrisa de árbol en navidad. Saluda, se acomoda el nasobuco en el cuello y me extiende dos memorias flash.

Mi centro de trabajo.

¿Fabiana, estás grabando?

La misma pregunta repetida cada día durante casi seis años. ¡Pues sí, estoy grabando el paquete! Soy ama de casa, madre, pintora y escritora, pero la necesidad me ha empujado a realizar esta tarea, que en este tiempo de pandemia ha sido mi único sustento.

El Paquete Semanal es una colección de material digital que se distribuye en el país aproximadamente desde el 2008, en el mercado clandestino. Es un sustituto del Internet y, por supuesto, de la misma televisión cubana.

Su distribución es ilegal, aunque tolerada, supongo que es porque en él no se recoge material contra el Gobierno, subversivo, obsceno o pornográfico. Se centra solo en contenido educativo y de distracción.

Aun así, vivo con el temor que un día las autoridades decidan castigar a los que graban y me tomen a mí como escarmiento. ¡Es que yo tengo una suerte!

El Paquete consta de un terabyte que incluye, juegos, aplicaciones para móviles y PC, animados, novelas, series, películas, documentales, animes y otros.

Se desconoce quién está detrás de la compilación del material, yo soy el último eslabón. El que da la cara al público y al que le corresponde vivir situaciones incómodas, pero necesarias. Tengo anécdotas como para escribir un libro y dejarlo de legado a mis nietos.

El Gobierno ha criticado en varias ocasiones la banalidad de muchos programas que se incluyen en el paquete. Es por eso que en agosto de 2014 crearon el proyecto Mi Mochila, desarrollado por los Joven Club de Computación. Este sería su competidor oficial.

Aunque la propuesta podría resultar interesante, no llegó a prosperar. Es que ha tenido que enfrentarse a la pobre distribución y al poco dinamismo de las instituciones que lo mantienen estancado.

Cuando mi hermano y yo decidimos reunir dinero para comprarnos un disco duro, no pensamos en la posibilidad de montar un negocio. En aquel momento solo buscábamos contenido interesante para poder pasar los ratos de tedio. Pero las cosas fueron fluyendo y poco a poco me vi envuelta en esta vorágine en la que me encuentro.

Mis padres no se tomaron la iniciativa de un modo positivo, para ellos todo lo que sea “ilegal” es peligroso. Solo que después de seis años aprendieron a tolerar la presencia de personas que llegan y salen de la casa con sus memorias flash llenas de contenido audiovisual.

No es un trabajo que me agrade, tampoco me reporta muchos ingresos, porque vivo en una zona rural. Pero con lo que hago puedo apoyar a mis padres y asumir algunos gastos.

Ahora, con Yamilé recostada a la ventana, recuerdo aquel día en el que me dijo, casi en un susurro, que si yo no tenía una película buena. Comencé a recitarle un listado de las que considero excelentes, pero no paraba de mover la cabeza de un lado a otro. Sus ojos se abrían y cerraban enviando señales de todos los colores mientras repetía:

-Nooo, mija, una película buena. ¿Tú sabe? Que esté buena. ¿Tú sabe?

-¡Ah, eso!, nooo mi vida, yo no tengo ese tipo de películas.

Aunque ha pasado el tiempo y ya me lo tomo con un poco de humor, no logro superar el mal rato. Por eso cada vez que viene debo respirar profundo, contar números infinitos mientras me pongo la cara de turno, esa que uso para realizar esta labor necesaria.

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Fabiana del Valle

Fui una niña que soñaba con colores y letras capaces de lograr las novelas más leídas o esos poemas que conquistan a corazones rebeldes. Hoy cerca de los cuarenta, con los pies firmes en esta isla, dejo que el pincel y las palabras sean eco de mi voz. Esa que llevo apretada, prisionera de las circunstancias y mis miedos.


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