No se lo digas a nadie

Por Esther Zoza

HAVANA TIMES – El domingo coincidí con mi vecina en la  escalera.  Venía  cargada con una jaba repleta de cocos. Fui a ayudarla como otras veces, y para mi sorpresa, esquivó el gesto.  Imagino que la expresión de mi cara le indicó que se había excedido. Abrió la puerta de su casa,  colocó  su carga encima del sofá,  y con una señal inconfundible, me invitó a entrar. Fue entonces que me susurró: “Si la gente se entera que están tumbando coco, se acaban en un santiamén“.

Aún perpleja por el significado de sus palabras entré a la  cocina, donde su hija  colaba, a través de un paño fino, la masa rayada de un coco. Era evidente que trataban de hacer leche y tal vez obtener un poco de aceite, ambos productos deficitarios en la canasta familiar normada, y con altos precios en el mercado negro. 

En Cuba, como ya se sabe, casi todo es surrealista.  No es de extrañar que mi vecina, madre de dos menores, no quisiera compartir la noticia y priorizar la leche de sus hijos.  La escasez no solo estimula la inventiva, en ocasiones saca lo peor y lo mejor de la gente. 

El coco hace mucho dejó de tener una presencia estable en los mercados. Su venta en pocas unidades, al menos en la Habana, está en manos de vendedores por cuenta propia.  Exportado, codiciado por distintas empresas y utilizado como alimento animal, su presencia en la mesa del habanero de a pie es hoy casi un milagro.

Lo recuerdo hasta hace muy poco en turrones, siropes, refrescos, dulces caseros y helados. Pero… realmente hace mucho que no veo los cucuruchos delicadamente elaborados, traídos de Baracoa, en el Oriente de Cuba. Tampoco el coco rallado tan usual de encontrar en las plazas de Tulipán, Egido y Marianao. Lo que sí recuerdo es la tradición de su consumo en la familia cubana, la alegría de su cocción en casa. Su agradable aroma impregnado en el ambiente.

Esta vez fue más que el aroma, pude degustarlo nuevamente cuando mi vecina me invitó a beber un vaso de exquisita leche de coco.

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Esther Zoza

Nací en la década del 60. Amo a mi país y a su gente sencilla y sacrificada. Gusto de las artes, en particular la literatura. En la música disfruto de la trova tradicional y contemporánea, también de la ópera y la música instrumental. Respeto todas las religiones. Me gustan los temas esotéricos y místicos, además disfruto de los enigmas del universo. Creo sobre todas las cosas en Dios. Soy persistente y disciplinada para cumplir mis metas. Me gusta el campo. Vivo cerca del mar. Creo en las relaciones de pareja y en el amor en todas sus manifestaciones.

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