Yo sí soy un animal

Erasmo Calzadilla

antiguoHAVANA TIMES — Desde una mirada intelectual es común que el reggaetón se asuma como un fenómeno negativo, un retroceso en lo alcanzado musical y culturalmente, un síntoma de degradación del buen gusto y de la moral. No falta quienes sugieren que tantos males tienen su origen en (o son provocados por) el proceso “Revolucionario”.

Sin rechazar de plano las hipótesis anteriores, me gustaría acercarme al asunto desde otra arista.

Voy a presentar una idea que he rescatado de mis lecturas socio históricas.

La grosería, la rudeza, la imprudencia, la simpleza de hábitos (en oposición al refinamiento y a los buenos modales), el gozo simple y libre del cuerpo (vs. la castidad y a la sublimación de los instintos sexuales), suelen ser rasgos típicos de los grupos menos favorecidos y (por tanto) menos cultivados de cualquier sociedad.

Normalmente esos rasgos poseen una carga negativa, son mal vistos; e incluso quienes los detentan intentan por todos los medios imitar a la elite que dicta las normas. Pero cuando un sistema social gesta un cambio en su estructura de poder, entonces esos mismos rasgos comienzan a ascender en la escala de valores.

Algo lógico pues la clase pujante, de origen plebeyo, a menudo necesita de la rudeza y hasta de la crueldad para romper lo establecido e imponerse; y porque dichos rasgos constituyen un factor de distinción social y una herramienta de cohesión contra el grupo desplazado.

Por supuesto que ya ustedes se dieron cuenta de por donde voy. Atendiendo a tal punto de vista sería prudente preguntarnos, antes de juzgar, si el auge del reggaetón es solo un síntoma de decadencia, otro capítulo de la “rebelión de las masas”, o podría en cambio  anunciar el advenimiento de algo que todavía no podemos entender.

Tal vez no una Revolución o un Renacimiento; tal vez sí alguna especie de retorno tras los pasos perdidos.

Y saliendo del ámbito de las especulaciones históricas, ¿nada hay aprovechable en el reggaetón aparte del goce de quienes lo gozan?

No soy el único que ha encontrado cosas positivas en ese movimiento. La Dra. Irene García Rubio, especialista en medios de comunicación de masas, considera que ciertos aspectos del reggaetón promueven la emancipación de la mujer, y yo añadiría que de los niños también.

Los niños suelen ser seres sexuados, se enamoran y les encanta el traqueteo con los genitales tanto o más que a cualquier adulto. Sin embargo lo típico hasta ayer era que las personas mayores reprimieran esos impulsos e impusieran a sus vástagos (sobre todo a las hembritas) un aura de castidad e inocencia. Y a mentir se ha dicho.

Por suerte esa terrible costumbre de castizar a los nenes hoy retrocede a ritmo de Pum Pum.

En los tiempos que corren resulta completamente normal que las primeras canciones y bailes que los padres enseñan a sus hijos (o estos aprenden por su cuenta) tengan una clara y explícita referencia al sexo.

Ya los pioneros no necesitan esconderse de su maestra (como en mi época) para tararear tonadillas soeces, ahora es la propia maestra quien las entona entre clase y clase.

En fin, que la cosa es más compleja de lo que a los burócratas, intelectuales orgánicos y puritanos les parece.

Erasmo Calzadilla

Erasmo Calzadilla: Qué difícil me resulta introducirme en público; lo he intentado muchas veces pero no me sale. Soy más menos lo que aparento en mis post, añada algunas cualidades impresentables y revuelva; con eso debería bastar para un primer acercamiento. Si quiere profundizar un poco más pídame una cita y espere respuesta.


20 thoughts on “Yo sí soy un animal

  • el 11 febrero, 2013 a las 8:38 pm
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    No creo que esté tratando de arrastrarte a la especulación metafísica, Erasmo, ni creo que la especulación metafísica es “un ámbito desde donde todo se puede decir y poco se puede “demostrar””. Por el contrario, si el efuerzo de formalizar algún fenómeno está comprometido con su transmisibilidad racional, impone verdaderos límites (lógicos) a lo que se puede decir. Y donde más mistificaciones suelo encontrar, donde menos veo “demostraciones”, es justamente donde oigo alguien decir: “vamo a poner los pies en la tierra”.

    Lo que llamas especulación metafísica es un cuestionamiento sobre el funcionamiento de estructuras. Para tener un “dialogo” serio sobre ese funcionamiento, o lo que entiendo por estructuras, creo sería necesario adentrarse en terreno filosófico, para usar una metáfora telúrica. Si estás dispuesto a aterrizar allí (y si crees que este espacio puede soportar ese dialogo), pues con gusto me adentro contigo.

    Algunas respuestas breves a tus ultimos puntos:

    “No creo que el reggaetón trate del superviviente, sino del exitoso.” Esto me parece casi un juego semántico. Ok: digamosle “el exitoso”. De todos modos se trata de un sujeto que triunfa en un medio hostil, donde prima la lucha por las condiciones de existencia. La imagen del triunfo, de hecho, es inseparable, por lo menos para nuestra imaginación (digámosle, siguiendo a Marx, “pre-histórica”) de la de sobre-salir, la de ganarle a un otro, ya sea tumbándole la jevita, superándole en algún bisne, etc, etc. La mayoría de las canciones de reggaetón que he oído comienzan con algún enunciado de esta indole, una especie de guapería dirigida a otros reggaetoneros.

    “no hacen una oda a la amistad ni al amor, pero si proclaman cierto código de ética y apelan sobre todo a la cosa esta del barrio (gente de zona, los míol, etc.) que es una identidad suprahumana, no meramente individualista.” No creo haber hablado de individualismo, término que no suelo utilizar. Pero de haberlo utilizado, habría que ver la organización interna de esas identidades suprahumanas para decir algo que no sea un juicio irreflexivo, para poder concluir si generan relaciones que no son más o menos las que critico. Para mi, el “barrio” suele ser un concepto tan estúpido y reaccionario como el de “Patria”. Quizá tengas alguna anecdota que ilustre como, a partir de una identificación sustentada por el imaginario de pertenencia a un conjunto, a partir de pensarse miembros de un conjunto (por ejemplo, “la gente del Eléctrico”) los que viven en un lugar X se ayudan mutuamente, forman pequeñas redes solidarias, etc, etc. Habría que ver el alcanze de esa solidaridad barrial, tanto en terminos de extensión como de lo que la gente hace concretamente por sus semejantes. Por lo general, veo que se presta más bien a un tribalismo, sirve para identificar a los que son de “afuera”, los que no son del barrio. También proporciona una gratificación narcisista, como casi todo posesivo suele hacer, decir “mi barrio” – esa gratificación oscure un poco las condiciones de pertenencia al conjunto, no se presta a un cuestionamiento de ese posesivo (o sea, “en realidad, que control efectivo tengo sobre lo que llamo “mío? En que sentido es este mi barrio?”).

    “¿Se trata de alguna conspiración ideada en el departamento ideológico del Comité Central?” Para nada. Mi lógica es todo lo contrario a la lógica de la conspiración, que supone la existencia de un gran Otro, un gran cerebro, detrás de los fenómenos sociales. Es también, digamos, la lógica de todo corporativismo (como el fascismo), que ubica un antagonismo estructural en un agente específico, echándole la culpa a ese agente del antagonismo (ejemplo: los judíos, los homosexuales…). Me refiero a algo que funciona, que se realiza, en la estructura, mientras esta funciona. Pero, incluso, mi punto era más ingenuo, y además no concluía negativamente sobre el reggaetón como tal. Ponía al reggeatón en la posición de un vehículo, de una “forma”, que esta generando efectos…lo dije en un post anterior: quizá sea afortunado que existe un dispositivo cultural que esté organizando un poco la cosa…

    “Cualquier fuerza externa que te empuje a hacer lo que no deseas (así sea a desinhibirte) genera malestar.”

    “Quítate, quítate la sotana Adrian, y respira aire puro de almendrón.”

    Estos dos fragmentos, para mi, resumen, de distintos modos, nuestras diferencias en relación a lo que hemos estado llamando “sexualidad”. Como escribí al inicio, no tengo forma de responderte si no es a través de una discusión que sin dudas hayarías densa, o que acusarías de “alejada de la realidad” . En el fondo, me parece que sí sostienes una tésis que hace de la desinhibición un sinónimo de libertad, que sí manejas una especie de dicotomía de lo “natural” (llámalo espontáneo…yo sencillamente no creo en la espontanedad, no creo que exista como tal) versus lo “impuesto”, aunque te empeñes en negarlo.

    Oye, pero, antes de que nos fajemos (jaja), realmente he disfrutado esto, Erasmo, y aplaudo tu disposición sincera a cuestionarme y elaborar tus ideas.

    Un abrazón.

  • el 11 febrero, 2013 a las 3:53 pm
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    Para Adrian
    Dices:
    Voy a ser más breve esta vez, principalmente porque estoy de acuerdo con la mayoría de las observaciones que me dejas, y porque me percato de que estamos preocupados por cosas o “niveles” distintos del fenómeno.
    Digo:
    Sí, ya me había parecido que estábamos tratando niveles diferentes del fenómeno. Tú me quieres arrastrar hacia la especulación metafísica, un ámbito desde donde todo se puede decir y poco se puede “demostrar”, y yo estoy huyendo de ese entorno, tratando de aterrizarte un poco. Tal vez podamos encontrar alguna solución.
    Dices:
    De hecho, como debes intuir, toda “liberación”, toda “desinhibición”, siempre o a menudo genera malestar…en muchos casos, decirle al sujeto que se “desinhibe más”, que acalle las demandas tiránicas de las normas que ha aprendido, etc., etc., solo multiplica ese malestar. Por eso digo: es bueno pensar el sexo para que nuestra respuesta a esos nuevos malestares que sin duda surgirán no sea también brutal, no se transforme en una moralidad del desenfreno.
    Digo:
    Por supuesto que estoy de acuerdo. Cualquier fuerza externa que te empuje a hacer lo que no deseas (así sea a desinhibirte) genera malestar.
    Yo me lo imagino como dos fuerzas latentes en lucha (aparente o real, no me quiero complicar) en torno al sexo. Por un lado los represores, por el otro los que casi te obligan a gozar. Y estoy contigo, la manera de librarte de estas corrientes, de no dejarte arrastrar por ellas, es pensar. (También podría servir estar atento a ti mismo sin la ayuda explícita de la reflexión, pero ese es otro tema).
    Solo añado que el conflicto social entre esos movimientos es un buen contexto para pensar. Creo que si todo el mundo (menos nosotros los sexopensadores) fuera talibán, o puritanos ingleses, entonces tuviéramos menos materia prima para pensar. El reggeatón al menos mueve las fichas, y en su movimiento ablanda las capas tectónicas de nuestra cultura. Y la blandura cultural es rica porque se puede moldear al gusto de uno.
    Te imagino replicando que el reggaetón no ablanda nada, que endurece más, y me imagino pidiéndote pruebas concretas, o comparándote el reggaetón con la salsa de los últimos tiempos. (Pensemos en Van Van, una vez más, o en la Charanga Habanera).
    Esa salsa sí que dejaba las cosas como estaban, esa sí era verdaderamente permitida y transmitida ad nauseam por todos los medios de difusión. Buf, espérate que vomito.
    Para no quedarme con la idea elitista de que el reggaetón tiene potencial emancipador solo para los sexo-pensadores que sepamos escoger lo mejor de él con ayuda de un cerebro humenate, te diría que a los no-sexo-pensadores también les amplia la gama de opciones a escoger en la tienda de las identidades cubanas al uso hoy día.
    Una mujer no-sexo-pensadora con inclinaciones homosexuales, por ejemplo, ahora tiene a mano un movimiento cultural y musical que no reivindica, pero al menos no se ensaña con (o invisibiliza a) las tuercas; y tampoco obliga ni estimula a nadie a serlo. Haría falta ahora un movimiento musical popular que se atreva a “naturalizar” la homosexualidad masculina o cualquier otra variante de sexualidad no tradicional. Eso no ha llegado a Cuba todavía, creo.
    Dices:
    Pero tengo la impresión de que es una música que, más que empujar hacia el desmoronamiento de estructuras represivas, las sostiene, sencillamente porque le da una identidad rica al nuevo sujeto de la supervivencia. A ver, voy a intentar ser más claro: cuando, en una sociedad, cada cual se limita a pensar en como sobrevivir, cuando se trata de “lo mío primero”, cuando cada uno le mete el pie al otro, etc., esa sociedad, aunque pletórica en agresividad y tensiones cotidianas, logra una estabilidad.
    Digo:
    Dos cosas:
    1. No creo que el reggaetón trate del superviviente, sino del exitoso.
    2. Tampoco creo que ni nuevo sujeto de la supervivencia, ni el nuevo sujeto exitoso estén armados solo de agresividad, violencia y “lo mío primero”. Es cierto que no hacen una oda a la amistad ni al amor, pero si proclaman cierto código de ética y apelan sobre todo a la cosa esta del barrio (gente de zona, los míol, etc.) que es una identidad suprahumana, no meramente individualista. De ahí los besitos entre hombres y el “papá” que usan para referirse unos a otros. Y Vuelvo a las anécdotas sobre el preuniversitario de mantilla, un pre eminentemente reggaetonero. ¿Sabes lo que noté compadre? Un respeto a la individualidad tremendo, un respeto que, sin embargo, nada tenía que ver con una onda individualista. A lo mejor comparados con los adolescentes de Nueva Zelanda (por decir cualquier parte), se quedan chiquitos, pero comparados con los chicos de mis años de pre en la Lenin (que sí eran o muy totalitarios o muy individualistas), esos muchachos eran, en eso, mucho más maduros.
    Y otra cuestión: El reggaetón no genera tanta estabilidad cuando es prohibido, almenos algunos de sus números; no es tan tolerado como dices o piensas; no tanto como la salsa, las telenovelas brasileñas, las películas de violencia y las babosas baladas latinas, ¿o no estás al tanto de los últimos sucesos?
    Dices:
    En un post anterior, dijiste que el mensaje del poder era “Estudio, Trabajo y Fusíl”. Sin duda, es el oficial. Pero es lícito suponer, por la evidente “tolerancia” hacia el estado de cosas en general, que el mensaje entre líneas es: “sobrevive y goza como puedas”.
    Digo:
    Eso de un mensaje oficial explícito y otro entre líneas, Adrian, te lo he oído decir otras veces, pero no lo comprendo. ¿Se trata de alguna conspiración ideada en el departamento ideológico del Comité Central? ¿O más bien algo que brota orgánico de Raúl en sus discursos sin que él mismo se de cuenta?
    Por último dices:
    …mi impresión espontánea ahora es que ese relajamiento moral se está ganando a precio de una clausura mayor…
    Digo:
    Quítate, quítate la sotana Adrian, y respira aire puro de almendrón. ¿Somos o no somos nitzscheanos?

    Una rectificación:
    En el comentario anterior me equivoqué. Dije que el tema “Tú lo que eres una bruja”, o como se llame era de la Charanga Habanera, y en verdad era de NG la banda. También hablé de Bam Bam, y es Van Van. Pido perdón por estas imprecisiones.

  • el 11 febrero, 2013 a las 11:18 am
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    Voy a ser más breve esta vez, principalmente porque estoy de acuerdo con la mayoría de las observaciones que me dejas, y porque me percato de que estamos preocupados por cosas o “niveles” distintos del fenómeno.

    Mi propuesta de “pensar bien la sexualidad”, aunque potencialmente nociva (no se cuantos rabos dejaran de pararse en la capital, en un inicio), se dirige más bien a quienes habitarán esos espacios conquistados. No creo que hace falta discutir mucho este punto, ni que debo escenificar un match de boxeo intelectual entre el Chacal y Lacan para que me entiendan: la sexualdad es complicada, y hay buenos motivos para suponer que esta complicación no se reduce al problema de poder hablar francamente del deseo o tener un espacio para singar. Esto, sin duda, hace falta en Cuba, y tus puntos son válidos. Insisto en lo de “pensar”, empero, no porque sea un intelectual degenerado (exclusivamente), sino porque, si bien tú has armado una pequeña historia personal de la sexualidad en la isla, yo he estado atento a como las “consultasde psicología” manejan el malestar que muchas veces se adhiere al deseo, desde problemas de pareja hasta intentos de suicidio por cuestiones de orientación sexual. Es verdaderamente brutal, y me parece que estas figuras “autorizadas” siguen siendo la voz que guía a muchísimos jóvenes en Cuba, y allí donde se toman decisiones importantes. De hecho, como debes intuir, toda “liberación”, toda “desinhibición”, siempre o a menudo genera malestar…en muchos casos, decirle al sujeto que se “desinhibe más”, que acalle las demandas tiránicas de las normas que ha aprendido, etc, etc, solo multiplica ese malestar. Por eso digo: es bueno pensar el sexo para que nuestra respuesta a esos nuevos malestares que sin duda surgiran no sea también brutal, no se transforme en una moralidad del desenfreno. No se Stalin, pero creo que puedes estar de acuerdo con esto…

    Sobre mi punto “ingenioso”: de nuevo, por honestidad intelectual, debo confesar que he consumido poco reggaetón. Es gracias a los boteros y bicitaxis que conozco esa música (y hasta me he aprendido algunas letras). Pero tengo la impresión de que es una música que, más que empujar hacia el desmoronamiento de estructuras represivas, las sostiene, sencillamente porque le da una identidad rica al nuevo sujeto de la supervivencia. A ver, voy a intentar ser más claro: cuando, en una sociedad, cada cual se limita a pensar en como sobrevivir, cuando se trata de “lo mío primero”, cuando cada uno le mete el pie al otro, etc., esa sociedad, aunque pletórica en agresividad y tensiones cotidianas, logra una estabilidad. En un post anterior, dijiste que el mensaje del poder era “Estudio, Trabajo y Fusíl”. Sin duda, es el oficial. Pero es lícito suponer, por la evidente “tolerancia” hacia el estado de cosas en general, que el mensaje entre lineas es: “sobrevive y goza como puedas”. El reggaetón que he oído en Cuba idoliza, glamoriza (¿existe esa palabra?) justamente a este sujeto, el bárbaro, el acaudalado, el metedor de pie, etc. Ha generado una cultura que de algún modo absorbe la agresividad cotidiana, que de algún modo le da un terreno cultural donde expresarse. No es dificil aceptar que el mercado negro es tolerado, hasta cierto punto, porque existe una conciencia, a nível administrativo, de que sin ese mercado, todo colapsaría. ¿Por qué no pensar que el reggaetón es tolerado precisamente porque, en la Cuba de hoy, es un factor estabilizante? A ver, de nuevo: quizá yo me estoy alejando de tus puntos. Dirás que eso puede muy bien ser así pero que genera, como efecto secundario deseable, un relajamiento de los sombríos moralismos que se han heredado del pasado, etc. Puede ser. Pero también liga ese relajamiento moral, ese desenfreno sexual, esa desinhibición, a una identidad, cuya estética describiste al final de tu post. Esa identidad es todo un ethos, una moral, de la supervivencia…¿realmente queremos esa “forma” como vehículo de relajamientos morales? En un post anterior, dejé eso como pregunta también: quizá ahora mismo es el único vehículo que tenemos (Hegel no está muy en boga que digamos)…pero, mi impresión espontánea ahora es que ese relajamiento moral se está ganando a precio de una clausura mayor…

    Abrazos.

  • el 11 febrero, 2013 a las 1:38 am
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    Dices:
    …quizá hasta sea más rico singar cuando pensamos bien las cosas

    Digo:
    ¿De verdad? ¿Y si de tanto pensar después no se me para? Bueno, vamos a darle una oportunidad a tu idea.

    Dices:
    ya que nunca me he dedicado a pensar la historia de la sexualidad en Cuba. Pero mi impresión espontánea es que el reggaetón surgió o logro asentarse en la Isla ya cuando esas supuestas barreras habían caído o estaban bastante carcomidas. Quizá tu punto no es tan historiográfico (o sea, quizá no estás tan interesado en marcar un antes y un despues, en lo que respecta a esos “encuentros sexuales”), y más bien se limita a señalar que esta música genera contextos donde se hacen alusiones directas y francas a la sexualidad y que de algún modo desinhiben a quienes la oyen, propiciando esos “encuentros”.
    Digo:
    Si las barreras cayeron primero y el reggaetón llegó después o fue viceversa creo que no importa mucho. Supongo que estos procesos, el social y el musical, ocurrieron simultáneamente.
    Y sí, sí me estoy apoyando en la historia de la sexualidad en Cuba, una historia construida por mí mismo con el apoyo de mis experiencias directas, las conversaciones con socios y expertos, y el análisis de la letra de las canciones populares de moda.
    Y sí, noto un cambio importante al menos desde mi niñez hasta la fecha actual. No voy a agobiarte con anécdotas, creo que basta con analizar las letras de las canciones de moda para constatar que la referencia al sexo se hace cada vez más explícita. Pero además veo que cada vez son menos duros los juicios a las mujeres que gustan mucho del sexo o que les gusta el sexo con mujeres. Hay una relajación en eso más que evidente. Compara no más las canciones de la Charanga Habanera de los 90, como esa que decía: “Tú eres una bruja, una loca sin sentimiento”, con las de reguetón actuales, por ejemplo esa de “Yunai, Yunai a ti te gustan los yumas”, que más o menos trata el mismo tema del jineterismo. La Charanga es muuucho más despiadada con la muchacha.
    O el super-exitazo actual cuyo estribillo reza: “Por que tú eres una loca, loca, loca sexual” que ensalza a una mujer a la que al parecer (por que ella apenas habla) le encanta singar.
    Por no hablar de los 80, la sandunguera de los bam bam solo estaba ahí para que los machos le miraran el culo pero de su deseo nada se habla.
    De mis experiencias solo quiero presentarte una que no es tan subjetiva. En los preuniversitarios en el campo, de mi tiempo (los 90), algunos varones se arriesgaban a colarse en el albergue de las muchachas por la noche, con el riesgo de caerse del alero (muchos perdieron así la vida) o de que los botaran del preuniversitario si los cogían. (muchos perdieron así la carrera).
    Sin embargo hace como dos años, cuando me tocó ir de profesor a una escuela al campo, los directores permitían que los estudiantes de onceno grado durmieran en el albergue que quisieran, cada uno con su pareja y a templar. Yo estaba casi escandalizado. Pregunté a ver si en otros campamentos ocurría lo mismo o “nuestro” caso era algo singular, y me dijeron que sí, que lo mismo. Al otro año fue mi sobrina al campo con otros profesores y pasó exactamente igual. No tengo la estadística, por supuesto, pero creo que algo así era inconcebible incluso en los convulsos y a la vez relajados años 90.
    Hay una caricatura por ahí, reciente, hecha no recuerdo por quien, donde una persona le pregunta a otra: “¿Bueno y qué tal el muchacho que conoció tu hija ayer?” Y la otra responde algo así: “Parece buen muchacho, antes de irse tendió la cama en que durmieron”
    Espero que no hagan falta más anécdotas para demostrarte que en los últimos años sí ha habido un antes y un después, una caída de los moralismos (no todos, por supuesto) en torno al sexo, al menos en Ciudad de la Habana, no sé en Guantánamo.
    (Lo de la “demostración” es una broma, por supuesto que tú puedes poner otras anécdotas que “demuestren” lo contrario, aunque creo que no es tu línea)

    Vamos a otro punto. Dices:
    Para dejar bien clara mi posición, te digo de inmediato que, por supuesto, es sumamente positivo que la gente no sea agredida por lo que hace o deja de hacer sexualmente. Pero esto solo generas las condiciones, “limpia el terreno”, para usar una expresión estalinista de las que me gustan, para la libertad…no garantiza que lo que sucede dentro de ese espacio conquistado y reconocido por los otros, sea libre.
    Digo:
    Adrian, en esta cuestión de la sexualidad, al menos en Cuba, el espacio (por ejemplo el albergue) se gana para singar, y lo que se hace en él es precisamente eso, singar. Lo que falta es el reconocimiento oficial de que los estudiantes de preuniversitario, cuando estén internados, puedan ejercer ese derecho. Me parece que tal reconocimiento demora.
    Las jineteras, con su poder económico, jugaron un papel importante haciendo que los machangos del barrio se midieran, las respetaran, y luego la otra generación, la de los hijos de las jineteras, por supuesto es más relajada. En este caso el Capital venció al Machismo, y todos (hasta los machos) salimos ganando. Solo perdieron los que pretenden mantener el bollo de las mujeres bajo control moral.
    ¿Qué crees que pensaría Stalin de esto?

    Seguimos al próximo:
    Dices:
    Mi punto en lo que concierne a libertad, o emancipación sexual, como le dices, es bastante ingenuo. Parte de la impresión de que tratar a la sexualidad como un fenómeno “natural”, y las prácticas y discursos que la regulan, canalizan o reprimen, como simples trabas patriarcales, o sea, como “anti-naturales”, no es el mejor camino para una sexualidad “más libre”.
    Digo:
    Mi intención, Adrian, no es legitimar una práctica apelando a la Naturaleza. Digo más bien que una clase en el poder se vuelve fina cuando ya no le hace falta la violencia para gobernar, cuando se vuelve hegemónica. Y luego aplica hegemónicamente su fineza, que será cada vez más difícil de alcanzar, habrá que reprimir más duramente el cuerpo etc.
    Pero cuando por alguna razón el poder de esa clase languidece, rebrotan actitudes (que luego pueden ser fetichizadas, claro) más relajadas, más holgadas, sin tanta presión. Y entonces, en medio de esa relajación, tenemos más chance de exploraciones personales que antes eran un poco difíciles, con vistas a satisfacer deseos propios y no vinculados directamente a una dinámica de poder.
    Ahora, si me dices que el deseo sexual está directamente vinculado a una dinámica de poder, ahí sí que me la vas a poner en China.

    Por último dices:
    En lo que respecta al reggaetón, lo veo más, ahora mismo, como ese “oscuro” sustento de la moral cotidiana. No tanto que propaga “otros moralismos”, como que garantiza que la cosa fluya y se mantenga.
    Digo:
    Está ingeniosa la idea Adrian, y sofisticada, pero no me convence. Desde mi punto de vista cada movimiento cultural sostiene algunas cosas y cambia otras. Y logra cambiar o combatir algunas precisamente porque sostiene otras y se sostiene de paso, no flota en el aire. ¿A quién y quién sostiene el reggaetón? ¿Qué barreras tumba, contra quién lucha?
    Habría que entrar en materia concreta. El regatón tiene como figura cumbre al joven macho con dinero. Pero la figura del muchacho con dinero (el miki), refinado en sus gustos, en su vestir, en sus perfumes, contrasta con el paradigma de macho, con el repa, que es más rudo y con roles sexuales mejor definidos.
    Esa contradicción interna que sufre un reggaetonero, ese conflicto, esos polos que tiran de él, provocan el debilitamiento de la pureza de los paradigmas que lo constituyen. El guapo de mis tiempos lo encontraría muy flojito, y el pepillo de mis tiempos lo vería demasiado cheo.
    Creo que por ahí tenemos una pista para entender que tabúes y que moralinas tumba el reggaetón y cuáles refuerza.
    He visto muchas veces a dos reggaetoneros (machos ambos) sentados en la guagua uno en las piernas de otro (culo contra pinga), mientras mueven sus caderas al son de la música que escuchan. También se dan besitos y enseñan una buena parte del culo, se sacan las cejas y otras delicadezas que atentan contra las tradicionales barreras que definen a los géneros. ¿Te parece que esas acciones están permitiendo que los moralismos se mantengan y que refuerzan la moral cotidiana? Si es así explícate porque no te entiendo.
    Es más, a mi me parece que muchos padres de reggaetoneros (progenitores masculinos), deben estar muy preocupados de ver a sus hijos queridos depilándose las piernas y sacándose las cejas. Ahora mismo estoy pensando que la quiebra de la familia tradicional (mamá, papá y yo) debe tener mucho que ver con eso.
    Espero tu respuesta.

  • el 11 febrero, 2013 a las 1:25 am
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    Todo esto me suena a deja vu: De algún modo los que vivimos la fiebre hippie, hace ya unos cuantos años, pasamos por esto de “desatar las amarras morales” al compás de cierta música y cierta moda, y conste que no fueron pocos los jóvenes cubanos que se encaramaron en esa cresta, ademas de hacerlo en años en que ser rebelde sin permiso tenía su precio. Luego siguieron tiempos más conservadores – y no sólo en Cuba- , lo cual confirmó en cierta medida la naturaleza cíclica de los flujos y reflujos de moda y hasta moralidad y de la negación de un período histórico con respecto a otro. Así las cosas ¿quién quita que a este fervor pélvico de hoy no seguirán tiempos de nuevo recogimiento? En lo personal, sólo espero que la próxima música, venga con sexo o sin él, sea un poco menos cansona…

  • el 10 febrero, 2013 a las 2:04 pm
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    Me percato, Erasmo, que no respondí a una serie de preguntas buenas que me hiciste. No quise extenderme mucho para no abrumar (ni a ti ni a los ilustrados lectores de estos posts). Lo dejo para un futuro encuentro.

  • el 10 febrero, 2013 a las 12:28 pm
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    O sea, para dar mis conclusiones de la reunión, propongo cambiar el lema “Patria o muerte, singaremos” por “Patria o muerte, pensaremos”…

  • el 10 febrero, 2013 a las 12:18 pm
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    Qué bueno que respondiste, Erasmo, poniendo atención a las preguntas que te dejé. Si mantenemos este y otros intercambios, quizá logre mi proposito de hacernos salir del closet a ambos, de llegar a poder afirmar, gustosos y sin miedo de que nos ridiculizen en el barrio, “somos intelectuales!”. De hecho, espero que tu próxmo diario esté coronado con el título “Yo sí soy un intelectual”.

    Dices: “El reggaetón o el movimiento asociado a esa música, ha simplificado las barreras que debían atravesar las personas para acercarse sexualmente.” Cualquier respuesta que pudiera darte a esto sería una especie de “bluff”, ya que nunca me he dedicado a pensar la historia de la sexualidad en Cuba. Pero mi impresión espontánea es que el reggaetón surgió o logro asentarse en la Isla ya cuando esas supuestas barreras habían caído o estaban bastante carcomidas. Quizá tu punto no es tan historiográfico (o sea, quizá no estás tan interesado en marcar un antes y un despues, en lo que respecta a esos “encuentros sexuales”), y más bien se limita a señalar que esta música genera contextos donde se hacen alusiones directas y francas a la sexualidad y que de algún modo desinhiben a quienes la oyen, propiciando esos “encuentros”.

    Mi primer problema con esto es tu intento de definir la libertad, o la emancipación, a partir de lo que pueden pensar o enunciar los demás: “Si las muchachitas desean singar, ahora lo pueden hacer libremente con quién y con cuantos quieran sin el temor a que en el barrio en la casa o en la escuela les llamen putas. Eso para mí es emancipación, no total pero algo.” (Como paréntesis empiricista, creo que los que antes llamaban “putas” a quienes tenían múltiples parejas sexuales, ya sea de forma sincrónica o en sucesión, siguen diciendoles así e incluso tienen ahora un chivo expiatorio, un blanco fácil a donde dirigir su agresividad). Se que no es tu punto principal. Comienzo por aquí porque pienso que muchas veces suponemos que lograr alguna especie de roconocimiento “oficial”, conquistar algún tipo de tolerancia, ya sea a nivel institucional o social, a nivel de lo que sucede en “público”, es de POR SI un paso hacia una mayor libertad en aquello que defendemos. Para dejar bien clara mi posición, te digo de inmediato que, por supuesto, es sumamente positivo que la gente no sea agredida por lo que hace o deja de hacer sexualmente. Pero esto solo generas las condiciones, “limpia el terreno”, para usar una expresión estalinista de las que me gustan, para la libertad…no garantiza que lo que sucede dentro de ese espacio conquistado y reconocido por los otros, sea libre. Un monasterio, una organización con jerarquías férreas, puede lograr un espacio de reconociemiento en la sociedad, eso no dice nada sobre su estructura interna.

    Mi punto en lo que concierne a libertad, o emancipación sexual, como le dices, es bastante ingenuo. Parte de la impresión de que tratar a la sexualidad como un fenómeno “natural”, y las prácticas y discursos que la regulan, canalizan o reprimen, como simples trabas patriarcales, o sea, como “anti-naturales”, no es el mejor camino para una sexualidad “más libre”. Tú mismo intuyes o dejas entrever que la cosa no es tan sencilla cuando escribes “(…) el sexo (y el deseo en general) siempre es un poco retorcido, busca lo que no tiene y cuando le regalas algo lo rechaza o no lo valora”. Incluso, yo diría que, muchas veces, le mejor manera de censurar un deseo es darle las condiciones para expresarse directamente. En el juego de la seducción, todos hemos vivido ese decaimiento, esa perdida de deseo, cuando una invitación sexual se hace directamente, cuando se “deja de jugar”. Esto merece atención, es lo que digo modestamente. Y agrego que hay demasiados fenómenos de esta indole que me hacen pensar que esta idea de una “vitalidad reprimida”, el modelo de Naturaleza vs Cultura (represora), no da la talla.

    Naturalizar un proceso, o sea, presentarlo como una expresión o manifestación de la Naturelaza, parece ser una maniobra de quienes defienden ciertas libertades. Por ejemplo, he visto un activismo en defensa de los derechos gay (que yo defiendo) que plantea la homosexualidad como “natural”. Para mi, esto es trágico. Es caer en el juego ideológico de justificar algo declarandólo espontáneo, inmutable, y transhistórico. Es hacer lo mismo que hace el poder cuando justifica sus clausuras: invocar una supuesta Naturaleza humana (por ejemplo, el capitalismo es defensible porque la naturaleza humana es competitiva, egoísta, etc.). Modestamente, mi segundo punto sería ese: no se si “naturalizar” el sexo, de la forma en que pareces hacerlo en tus diarios (por ejemplo, pones el ejemplo de orinar), sea muy saludable para un esfuerzo hacia liberarlo. No se trata de un adherencia romántica o conservadora a prohibiciones o regulaciones sociales y culturales, de decir “ya que estructurarlmente el deseo es complicado, mantengamos estos tabúes para mantener la ilusión de que se trata de una traba histórica y no una constante antropológica”, o algo así. Esa sería la posición ultra-conservadora, no es la mía. Es: vamos a pensar bien este asunto de singar…quizá hasta sea más rico singar cuando pensamos bien las cosas…jajajaja

    Ya pa cerrar: mi último comentario, también ingenuo, era que lo que muchas veces parece ser una transgresión, una afrenta a lo establecido, resulta ser su soporte, su doble necesario…o sea, algo que sustenta el poder y garantiza, hasta cierto punto, su estabilidad. El ejemplo algo simplista que se me ocurre ahora mismo es el mercado negro. Oficialmente está vedado, prohíbido, pero, sin él, la economía colapsaría. O sea, muchas veces, la mayor transgresión es tomar el enunciado oficial al pie de la letra…esto ha sido, incluso, el inicio de muchas revoluciones, incluída la de Haití. En lo que respecta al reggaetón, lo veo más, ahora mismo, como ese “oscuro”sustento de la moral cotidiana, que otra cosa, no tanto que propaga “otros moralismos”, como que garantiza que la cosa fluya y se mantenga. Esto require un debate más libre que lo que permite este espacio, y posiblemente, tampoco sea negativo que el reggeatón cumpla esta función hoy día.

    Te invito a pensar en esto, amigo.

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