Sobre una educadora cubana en México

Erasmo Calzadilla

Puente de carretera cubana. Foto: Caridad

Una amiga me contó esta historia vivida por una muchacha cubana, una maestra que emigró al DF, Mexico, huyendo del hambre y otras miserias durante los momentos más críticos del Período Especial (principio de los 90).  Carla, llamémosle así, encontró pronto trabajo en una escuela privada de nivel pre-universitario; no cabía en sí de contenta.

Cuando llegaron los exámenes nuestra chica confeccionó su proyecto y lo entregó a la directora que no tardó en llamarla a su despacho.  Carla se presentó presta y oronda con sus nuevos zapatos y una trenza postiza recién implantada sin saber que le iban a llamar la atención.

Con amabilidad extraña pa’ la cubanita la jefa le señaló un error en el proyecto de examen: incluía preguntas de análisis y reflexión.  No es que Carla fuese una activa luchadora contra las evaluaciones reproductivas, pero el “marque con una x ….” la hacía sentir frustrada.

Durante un rato trató de explicarle a la mandamás las inconveniencias de tales preguntas.  La otra la escuchó hasta la última palabra y luego le advirtió serenamente: “lo arregla usted o lo hacemos nosotros.”

Era una amenaza claro, pero rara, inexpresiva.  Por eso tardó unos segundos en comprender que por esa vía no habría más trenzas ni zapatos, y acató ser mediocre sin serlo.

Erasmo Calzadilla

Erasmo Calzadilla: Qué difícil me resulta introducirme en público; lo he intentado muchas veces pero no me sale. Soy más menos lo que aparento en mis post, añada algunas cualidades impresentables y revuelva; con eso debería bastar para un primer acercamiento. Si quiere profundizar un poco más pídame una cita y espere respuesta.


One thought on “Sobre una educadora cubana en México

  • el 3 enero, 2011 a las 2:12 am
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    “…y acató ser mediocre sin serlo.”

    Ese es el accionar de las sociedades latinoamericanas, y digo sociedades porque cada país tiene sus peculariedades pero todas coinciden en esa gran capacidad de sus poblaciones y gobernantes en simular que se trabaja, que se estudia, que se examina o se evalúa, que se cumple, que se paga el precio justo a cambio de calidad, que se produce verdaderamente, que se enseña y que se aprende, que se educa y se crean valores, que se gobierna y que se sabe ser ciudadano… sí, eso sucede en ese país tuyo del Caribe y en este de Norteamérica, y sucede en los de Centro y Sudamérica; sí, nos hermana brutalmente el arte de la simulación, el problema es que ya no es simplemente una actitud espontánea y extraordinaria: diera la sensación de que es parte ya de la información genética del latinoamericano.

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