Murió Bruno

Erasmo Calzadilla

HAVANA TIMES — Nuestra amistad comenzó hace ya casi una década. Todas las noches al regresar a mi barrio, me lo encontraba tirado en el polvo de la parada, viejo, flaco, enfermo de la piel, lento en el andar, hambriento, pero sobre todo triste, muy triste. Nadie sabía decirme de dónde había salido semejante bicho.

Una noche le silbé, me acompañó a casa y le di algo de comida. Luego se volvió rutina y ya lo extrañaba si no lo veía.

Al principio mi familia no quería saber de él y tenía que espantarlo en cuanto devoraba su plato. Entonces Bruno (nombre que yo mismo le di) comenzaba a aullar desconsoladamente. ¿Han visto alguna vez a un doberman grandote y viejo aullando de tristeza? Parte el corazón.

Una noche de frío aproveché que mi familia dormía y lo entré a casa por primera vez; le serví comida y me fui a bañar. ¿Y qué me encuentro al salir del baño? el sarnoso y apestoso plácidamente dormido sobre mi cama, casi envuelto en mi colcha.

Finalmente mi familia le tomó cariño y Bruno se fue quedando; un día un rato, luego más tiempo y así. Cuando lo hube curado y alimentado como dios manda, ya no lucía tan viejo. Se volvió ágil y fuerte, el dominante de la cuadra; y empezó a ser famoso entre la gente, por su porte majestuoso, su nobleza y sus hábitos andariegos. En mi reparto casi nadie sabe mi nombre; más se me conoce por el tipo que anda con Bruno.

Con Bruno
Con Bruno

Me encantaba abrazarlo, revolcarme con él y cuquearlo, aunque a él no le gustaban los juegos violentos. De su amor nos dio infinitas pruebas; cuento una de ellas. Mi padre tiene un terrenito con árboles frutales y cuando Bruno me veía subir a las ramas más altas prendía a aullar y no paraba hasta verme de nuevo en tierra. Entonces me abracaba con sus patonas.

Nuestro mejor momento, la gozadera de verdad la armábamos en los paseos por los montes de las afueras del Reparto. Correteando por caminos solitarios aquel gigante manso se transformaba en un auténtico doberman, brioso y grácil como un corcel de carreras.

¡Qué belleza de gestos! Hecho toda una bestia pero sin pizca de fiereza. Yo lo revolcaba, lo mordía, lo jodía, lo regañaba y nunca en su vida ni gruñó ni sacó los dientes; a mí o a otro ser humano. Su falta de agresividad era tal que siempre me pregunté cómo reaccionaría si alguien me atacaba. Entre los nazis no hubiera durado mucho.

Así fue mientras viví en el Reparto Eléctrico, pero después me mude al barrio de Alamar y lo fui abandonando. Mi familia lo cuidaba pero no era igual. Se llenó de garrapatas, adelgazó, perdió los dientes de viejo, andaba con los ojos lagañosos; luego enfermó y hace unos días murió.

Murió en mis brazos y ahora estoy hecho un lío de triste.

Me reprocho no haber hecho lo suficiente por ese gran amigo, no haberlo cuidado bien, no haber compartido más con él. Tengo mucho remordimiento.

La muerte de los seres queridos es como una lección relámpago acerca de qué es lo que verdaderamente importa en la vida. Luego, con el paso habitual de los días, vamos olvidando la lección y regresamos a ese estado mental en que la muerte parece algo lejano e irreal.

Volverá la salud de otro ser querido a patinar, volveremos a fallarle porque andamos enredados en “cuestiones muy importantes”, volverá el remordimiento a castigarnos cuando ya no tiene remedio. Es un ciclo que se repite una y otra vez pero no en vano. Al menos yo, creo que voy aprendiendo.

Y regresando a Bruno. Solo espero que su recuerdo me acompañe vívido durante mucho tiempo.

Erasmo Calzadilla

Erasmo Calzadilla: Qué difícil me resulta introducirme en público; lo he intentado muchas veces pero no me sale. Soy más menos lo que aparento en mis post, añada algunas cualidades impresentables y revuelva; con eso debería bastar para un primer acercamiento. Si quiere profundizar un poco más pídame una cita y espere respuesta.


11 thoughts on “Murió Bruno

  • el 27 diciembre, 2013 a las 7:24 pm
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    Mijito, qué bien tú me caes, esa candidez no pocas veces sabia con la que te expresas. Y sí, no más remilgos y escrúpulos. Nuestros animales, las ‘mascotas’, son nuestra familia. Una vez me dijeron, mientras daba alaridos por una gata que me mató el perro de al lado, que no llorara por animales, que daba mala suerte, y más fuerte berrié. Yo estoy en Europa hace unos meses y lamento tanto haber dejado a mi pastora de 11 años atrás, cuidada por mi familia, pero no es lo mismo, yo soy su ‘mamá’. Es otra de las cruces de la emigración. Atrás quedan nuestros viejos, que no siempre son solo nuestros padres, sino todos esos viejos que ya otros hijos y nietos habían dejado atrás y de los cuales nos encargábamos un poco, y nuestros animalitos leales, que, imagino, se preguntan desconcertados como fue que desaparecieron los arrumacos, la complicidad y el olor de esa mujer o ese hombre que era su hermano más próximo.

  • el 30 noviembre, 2013 a las 8:22 am
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    Compadre, metiste felizmente un terremoto en mi mañana…..para esa isla es una bendición tener personas como tú…

  • el 28 noviembre, 2013 a las 10:31 am
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    aca no tengo perros……. los tenia en cuba y duran poco para lo que un ser humano vive……. se me murieron 2 alla…… inteligentes, pointers de caza, perros despiertos, acostumbrados a recibir ordenes precisas y ejecutar en consecuencia……… carinosos y bien llevados con todos……… que disfrutan una caceria tanto como el amo y se sienten a sus anchas en ambientes de maleza y tupida vegetacion, buenos nadadores, confiables, buenos amigos……… dificiles de conseguir ( los controla mucho la sociedad de cazadores de cuba) por ser una raza bien definida y entrenada para la labor para la cual han sido disenados y criados……. aqui he querido volver a ellos, pero de nuevo duran poco y calan muy profundo……… nada como un pointer en el medio de la sabana, con una pata levantada, la cola apunta como una daga y la nariz te dice donde esta la presa…… el pointer no se mueve, parece una pintura……. casi ni respira…….. y eso es instinto de cientos de años……..

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