Mi primera detención express (2nda Parte)

Erasmo Calzadilla

Patrullero habanero. Foto: Caridad

HAVANA TIMES — En mi post anterior hablé sobre las Detenciones Express; en este contaré mi primera experiencia.

Transcurría el difícil agosto de 1994. Había botado hace pocos días del verde, y aunque la calle estaba calentísima (estampida de balseros, alzamiento en el malecón, apagones, asaltos, hambre), necesitaba, me era preciso a toda costa, divertirme; o al menos enajenarme.

Un noche salí con mis amigos a dar una vuelta. Todo bien, sin problemas, pero a la hora de regresar no pasaban guaguas, así que nos sentamos en un contén a dar muela hasta que algo apareciera.

Y apareció, sí, el camión de la policía. Cargaron conmigo por tener el carné hecho un ripio.

La policía andaba a su aire aquella noche: Borrachos algunos, sin uniforme otros, divertidísimos todos, cómo no.

A un viejo le quitaron la moto y se pusieron a corretear con ella por Mantilla; de vez en cuando bajaban a uno del camión y lo zarandeaban un poco, nada serio. Pero luego se puso fea la cosa.

Comenzaron a escucharse gritos lejanos de ¡Abajo Fidel! y Ya viene llegando. No era, como tal, una manifestación disidente de las típicas, con periodistas de la CNN, cámaras etc., más bien borrachera de muchachos, que en aquellos tiempos la borrachera daba por eso.

Los policías corrieron a por ellos y trabaron a uno; y a ese uno le dieron por él y por el resto. Cuando lo tuvieron bien maduro lo lanzaron al piso del camión. Lo tiraron al piso y ahí se quedó hecho un ovillo, gimiendo. Aún así, a cada rato subía un agente del orden y le pasaba las manos.

Yo estaba espantado.

Como a las dos horas nos llevan para la Estación de Párraga con tremendo aparataje. No más apearnos, un policía que no venía en el camión le mete un swing en el abdomen al supuesto disidente. Este, que de por sí ya venía tambaléandose, cae al suelo y lo arrastran al interior. No volví a verlo.

Ya en el interior nos acomodan en unos bancos y un oficial del MININT nos ofrece la “charla de bienvenida”.

Con el tono de quien aconseja a un viejo amigo, aquel hijoeputa se puso a tratar de convencernos de que nos lanzáramos al mar: “¿Pero ustedes son comemierdas? ¿Por qué tienen que estar pasando estos malos ratos? Aquí no tienen futuro; aquí les espera la cárcel…”.

Todavía hoy me pregunto cuáles serían los móviles de aquel miserable. ¿Deshacerse de los malacabeza del barrio? ¿Obedecer a una siniestra y oscura orden de sus superiores?

Finalmente requisan nuestros “bienes” y nos meten en un calabozo estrecho, apestoso,  huérfano, no faltaba más, de camas y de luz, repleto ya de jóvenes, negros en su inmensa mayoría.

“Ahora es que va a empezar esto, me dije, aquí seguro voy a tener problemas. No puedo permitirle un chiste a nadie”. Así cavilaba al traspasar los barrotes. Luego localicé un rincón vacío y dormité hasta el amanecer.

Y al amanecer ¿qué me encuentro? Pues un ambiente relajado y chévere. Los muchachos dando chucho y muela sin parar, jodiendo… Nadie me dirigió la palabra y yo no abrí la boca, pero andaba como un radar.

No quería perderme una pieza de aquel festival de chistes, cuentos truculentos, historias personales; contadas con esa jerga enérgica y danzarina, tan típica de los barrios de la ciudad.

Había dos que eran como líderes; no por su fiereza o músculos hipertrofiados, sino por la edad y la labia. Casualmente ambos habían cumplido misión en Angola y de vez en vez evocaban sus respectivas “hazañas” en el negro continente.

A la hora del almuerzo nadie le agitó la magra ración a nadie. Al contrario, armaron una cadena y pasaban la bandeja a otro antes de coger la propia. El ambiente siguió animado hasta bien entrada la tarde.

A esa hora una escandalera, abren la reja y tiran dentro a un muchacho lleno de chichones. Parecía como loco: llorando, gritando, cayéndole a piñazos a las paredes; dizque para tumbarlas. Daba miedo; tuvieron que aguantarlo porque se estaba haciendo daño.

Al rato contó, entre sollozos, su desgracia: La noche anterior había vaciado la casa de un vecino para pagarse una lancha. En cuanto amaneció se puso en función de darle camino a la mercancía robada y trató el asunto con su padre.

El puro lo montó en la bicicleta con la supuesta intención de llevarlo a ver a un comprador, pero al pasar frente a la estación de Párraga se tiró contra el contén y dio la voz de “ATAJA”.

Lo que más le dolía al recién llegado, lo que le parecía increíble, imposible inconcebible, era que su propio padre lo hubiera traicionado.

Ya casi de noche abren la reja y mencionan mi amado y dulce nombre. Me devolvieron algunas de mis pertenencias, solo algunas, pero ¿tú reclamaste? yo menos; salí como una flecha.

Tampoco esperé guagua, me fui a pierruli; con tremenda peste, muerto de sueño, apenado por los que se quedaron y con mi cabecita revuelta.

El mundo idílico de mi infancia se hacía pedazos.

Erasmo Calzadilla

Erasmo Calzadilla: Qué difícil me resulta introducirme en público; lo he intentado muchas veces pero no me sale. Soy más menos lo que aparento en mis post, añada algunas cualidades impresentables y revuelva; con eso debería bastar para un primer acercamiento. Si quiere profundizar un poco más pídame una cita y espere respuesta.

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8 thoughts on “Mi primera detención express (2nda Parte)

  • jajajaj, yo tampoco Eras. Oye, yo no sabía esto… ¿estaba en la beca? no me acuerdo de esto. Bueno, pues si quieres te puedo comentar que a míii si a mí me pidieron el carné de idad jejejejeje como 3 o 4 veces. Te cuento. la primera vez fue bajando de Carlos III (había ido a comprar un cepillo de dientes) y el poli me pidió la Id porque decía que se la estaba pidiendo a todos… La segunda vez fue por estar con mis amigas en las Playas del Este (porque estábamos lejos del Rpto, nos metieron por planta y todo jejejej y yo horrorizada, al final el tipo como no encontraba nada se puso a hacer el que hablaba por el aparato ese en plan James Bond). La tercera fue en un trabajo encubierto para una investigación en la facultad, tuvimos que disfrazarnos y hacernos pasar por en fin, gente de la calle (5 chicas) y nos fuimos al malecón para hacer un reportaje sobre los travestis, la cosa es que cargaron con todos y a nosotras nos dijeron que estábamos echadas a perder y que saliéramos que ya el camión estaba lleno, imagínate, si nos llegan a pillar la grabadora que teníamos se forma la de Caín. Triste pero esto es cierto…

  • perdóname pero no entendí nada.

  • hey Erasmo, tu tienes idea de que toda esa mierda de los periodazo la huelen al menos estas generaciones de reguetoneros de basura? te has preguntado alguna vez si aquello que se diluia grosso no mereceria haber dejado una convivencia menos jodida? y que ni menciono a las instituciones, exclusivamente hablando de la sociedad civil.

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