La vida de un joven citadino en las montañas de Castilla

Erasmo Calzadilla

Pablo Ivan Romero Rovetta

HAVANA TIMES —Desde hace varios años vengo comentando en estas páginas sobre la necesidad y las bondades de volver al campo. ¿Pero qué fuerza pueden tener mis argumentos si no predico con el ejemplo?

Por suerte tengo amigos en otras partes del mundo que sí se han lanzado a la aventura, sin esperar a que la civilización se desplome o al triunfo de la Gran Rebelión. A través de ellos vivo la experiencia y aprendo, por si un día me da por seguirles los pasos.

Uno de estos adelantados es un viejo conocido de Havana Times. Pablito visitó Cuba como parte de una brigada de solidaridad y luego publicó aquí sus reflexiones de viaje. Le pedí que me contara sobre la vida peculiar que lleva entre montañas, cabras, viejos aldeanos y otros valientes como él. Transcribo aquí las ideas e historias que accedió a compartir.

Por cierto, cuando pienso en las lomas del centro de España no puedo dejar de evocar las andanzas de Don Quijote por esa región. En fin, los dejo con el amigo Pablo Ivan Romero Rovetta.

Calle prinicipal del pueblo.
Calle prinicipal del pueblo.

La propuesta rural ante el pico del petróleo y el colapso de la sociedad industrial.

Cuando me propusieron escribir este artículo para HT, empecé escribiendo una versión en la cual aludía a todas las nocividades y consecuencias negativas del modelo urbano; me enfoqué en “por qué irse al campo” a través del rechazo a la ciudad. Pero al final decidí cambiar de actitud y expresar “por qué irse al campo” de forma positiva, es decir: qué nos aporta la vida rural a quienes hemos emprendido este camino.

Havana Times ha publicado ya varios artículos hablando de la crisis energética y el conocido como “pico del petróleo”. Por desgracia, la situación ecológica de nuestro planeta va mucho más allá de eso y, si bien ese es el problema más inminente, deberíamos añadir otros mucho peores a medio-largo plazo, como la Sexta Extinción de especies, la escasez de agua dulce, la pérdida de fertilidad de la tierra, la acumulación de productos tóxicos en el ambiente y el más que conocido cambio climático. Hablar de todo esto llevaría demasiado espacio y debates, pero hay que resaltar que son una parte fundamental de los motivos que me llevaron a lanzarme al campo.

Otros fueron la búsqueda de la coherencia interna y la autosuficiencia. No puedo hablar de libertades mientras mi estilo de vida dependa de la explotación de terceras personas y territorios, como sucede en las ciudades en general y en las ciudades “primermundistas” en particular. En la ciudad eres completamente dependiente de la totalidad social globalizada para comer una barra de pan o tomar un vaso de agua, por no hablar de la cultura y hábitos de consumo de, en mi caso, Europa Occidental.

OrdeñandoLa vida en el campo no debe idealizarse. No es lo mismo salir de excursión o de campamento que vivirlo y trabajarlo todos los días. El concepto de trabajo es diferente al asalariado, para bien o para mal, y depende completamente de los ritmos que te imponen la tierra y las estaciones. Las huertas y el ganado no entienden de días festivos y el trabajo que se aplaza demasiado puede estropearte reservas para el resto del año…

También hay una dificultad psicológica de adaptación para aquellas personas que nos hemos criado en el sobre-estímulo de las ciudades y en el individualismo, ya que las relaciones personales se vuelven más intensas en ambientes pequeños y endogámicos, y muchos proyectos de este tipo terminan fracasando por lo puramente emocional. A esto habría que sumar los problemas políticos que tenga cada región: acaparamiento de tierras, caciquismo violento, presión estatal, degradación ambiental, un tejido social fragmentado, etc. En cualquier caso, se entiende que hablo desde mi experiencia en el mundo rural de Castilla (amplia región central de la Península Ibérica) y que la vida rural que contamos es en proyectos que buscan recuperar las prácticas tradicionales y comunitarias.

GallinasPese a todo, la visión que siempre nos enseñaron en la que la ciudad representa la libertad y el campo la miseria, esclavitud e ignorancia es falsa. En la medida en que los pueblos eran sistemas cerrados (o casi) la reproducción social requería un profundo conocimiento del entorno y de habilidades que han ido transmitiéndose (hasta ahora) de generación en generación. Esta sabiduría hoy prácticamente se ha perdido, y en el entorno urbano nadie la conserva ni la considera de interés. Vivir en el campo permite recuperar todo ese saber imprescindible para la supervivencia humana, así como todo el contexto cultural (refranero, fiestas, música, creencias, etc.) que en nuestro país ha sucumbido ante la globalización.

Desde el punto de vista económico, vivir en el campo es más barato, da la posibilidad de niveles amplios (aunque ni de lejos absolutos, al menos en nuestro contexto) de autosuficiencia y bastante margen para relaciones de trueque o de reciprocidad. Si bien en las ciudades también hay grupos que practican estas otras formas de economía (ferias de trueque, monedas sociales, bancos de tiempo, redes de apoyo informales, etc.), tienen un serio límite: se carece de los medios de producción para satisfacer las necesidades básicas; es decir, no hay acceso a la tierra (o ni siquiera hay un metro cuadrado de tierra que cultivar). Por otro lado, la barrera entre trabajo y ocio se vuelve difusa, pues nunca dejas de trabajar, pero al mismo tiempo puedes disfrutar lo que haces en colectivo o desarrollar tu creatividad en actividades útiles para tu día a día.

Cuarto de costura
Cuarto de costura

Políticamente, te hace más independiente de las grandes estructuras económicas, creando espacios de producción y consumo ajenos a la lógica mercantil y con un modo de vida cada vez menos relacionado con el expolio de recursos (con todo lo que ello implica) a terceras regiones. Esto permite también reducir la huella ecológica (impacto de los hábitos de consumo sobre el territorio a nivel global) y trabajar en la conservación de especies autóctonas y de las prácticas agrarias tradicionales que mantuvieron el equilibrio en los ecosistemas que habitas.

Está, además, el infravalorado hecho de predicar con el ejemplo. Poner en práctica (hasta donde el contexto te permita) la forma de vida y organización social que defiendes y predicas ideológicamente. Cuando todavía vivía en la ciudad, hablar de mis inquietudes vitales sobre la sociedad industrial o la crisis ecológica/energética era ser el pesado de turno sermoneando a todo el mundo. Ahora, con la excusa de venir a visitarnos o pasar unos días en el campo, es la propia gente la que se interesa por nuestros motivos y ve con sus propios ojos las posibilidades que ofrece el mundo rural. Entran en juego muchos factores que convierten el día a día en una herramienta de comunicación más eficaz que los video-fórum y debates en los que tantas veces había participado.

Huerta
Huerta

También el campo aporta muchos valores subjetivos, estéticos, espirituales, etc., que ya no puedo generalizar simplemente a un discurso político, y que tienen que ver con la conexión con la naturaleza, el cambio de ritmos vitales según las estaciones y las tareas habituales, la paz mental (al menos comparado con la gran urbe), los paisajes, las construcciones de nuestros pueblos que te transportan a tiempos pasados, etc. Este factor es básico, pues la percepción subjetiva del campo puede marcar la diferencia entre emprender un proyecto y no hacerlo, incluso en personas con las mismas ideas políticas.

Aun así tengo claro que el campo no es una garantía de futuro. Para empezar, porque ya sucumbió a la acumulación originaria del capital, y porque algunos de los conflictos más sangrantes del mundo se están dando en zonas rurales por el control global de recursos estratégicos o plantaciones. Como me dijeron una vez: puedes crear tu red de comunidades rurales, pero como a la Unión Europea le interese hacer fracking en tu zona, difícilmente vas a poder evitarlo. A eso hay que sumar que algunas de las amenazas que se nos vienen encima tienen que ver con el propio equilibrio de la vida. El cambio climático ya está afectando a muchos ecosistemas y plantaciones (aquí hemos tenido el mayo más seco desde que hay registros y un julio anormalmente caluroso), y a medida que se profundice cada vez será más difícil la agricultura ecológica. Si añadimos el estrés hídrico de algunas regiones, la pérdida de fertilidad de la tierra, etc., comprobamos que las perspectivas de futuro no son muy alentadoras.

Vista tejadosPero a pesar de todo aquí estamos, en un pueblo de montaña en un proyecto que gira en torno al pastoreo y cuidado de un rebaño de cabras (aunque no sólo). Tenemos huertas, gallinero y colmenas, hacemos bebidas fermentadas, quesos y carne. En pueblos cercanos otros jóvenes crían ovejas, cerdos, conejos, cultivan huertas, hacen pan, etc. Es común el trueque y las jornadas de trabajos entre todos, de manera informal.

Y si esto no nos garantiza un futuro, por lo menos que nos garantice un presente como queremos vivirlo, coherente, justo, y con la certeza de que hacemos lo que podemos para construir alternativas a este mundo de locura y de muerte.

Erasmo Calzadilla

Erasmo Calzadilla: Qué difícil me resulta introducirme en público; lo he intentado muchas veces pero no me sale. Soy más menos lo que aparento en mis post, añada algunas cualidades impresentables y revuelva; con eso debería bastar para un primer acercamiento. Si quiere profundizar un poco más pídame una cita y espere respuesta.


16 thoughts on “La vida de un joven citadino en las montañas de Castilla

  • el 27 octubre, 2015 a las 11:46 am
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    ¿En el campo se enferman menos o las enfermedades se registran menos y pasan desapercibidas por lo engorroso de llegar al médico?

    El agua en el campo es potable o contaminada con heces? AMEBAS

    La exposición al sol en el campo es menor o mayor que en la ciudad? CANCER DE PIEL

    Coincido con Tony: no es el campo sino la vida de pueblo la que vendria a ser mas equilibrada. El punto medio.

    Ahora bien, ¿Erasmo se mudaria a Juan Borrell, Perico, Bolondrón, Santo Domingo o Mataguá?

  • el 26 octubre, 2015 a las 6:10 am
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    papa que vola estas hecho un loco!!!!!

  • el 25 octubre, 2015 a las 3:55 pm
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    “Ese mismo es Kamikaze, este junto a muchos edificios y oferta verduras frescas y libre de quimicos a la población local. Si Erasmo quiere hacer una pasantía antes de partir a su finca, ese lugar es perfecto y puede ir caminando. Ah eso si, tiene que doblar el lomo.”

    Bobo, en primer lugar no estés muy seguro de que las verduras del organopónico de Alamar estén libres de químicos.

    Muchas de estas verduras se siembran justo al lado de la carretera que es muy transitada y poluta. Investigaciones realizadas en otros organoponicos del interior, menos contaminados, encontraron altas concentraciones de metales pesados y otros tóxicos bien dañinos para la salud. Nunca he encontrado una investigación que reproduzca en La Habana aquella realizada por la Marta Abreu en las provincias centrales.

    Respecto a doblar el lomo, ya he intentado buscar trabajo en ese organopónico. La vez que fui, lo único que había era custodio por la noche. El pago era de 300 pesos cubanos, o algo así. Di las gracias, viré la espalda y me fui.
    Otra vez me dijeron que iban a abrir una planta de encurtidos y me avisarían. Todavía esper la llamada.
    Por cierto, se trata de un centro de trabajo como otro cualquiera, con un jefe mandamás y todo lo que deberiamos esperar, no de una cooperativa gestionada por los vecinos, ni nada que se le parezca.

  • el 25 octubre, 2015 a las 12:04 pm
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    Gusa, este chico no se fue “al campo”, se fue a una zona rural en España que si son mucho mas baratas que las ciudades. Ahí en el pueblecito de la foto hay tiendas donde hay de todo, jabón, pasta de diente, etc. Si no hay un hospital cerca por lo menos hay un ambulatorio, (clínica) con todos los hierros, por muy rural o montañosa que sea la zona. Hay mucha cosmopolitis en la gente de hoy, todo el mundo quiere vivir en la capital o en las grandes ciudades. Estas urbes se han convertido en verdaderas junglas de cemento que como dice la canción popular; “no hay cama para tanta gente”. Hay que descentralizar. Si por mi fuera, me llevaba el Capitolio, la administración y las oficinas del gobierno para Las Villas y estableciera allí la nueva Capital.

  • el 25 octubre, 2015 a las 9:34 am
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    La otra cara de eso que cuentas es que en el campo enfermas mucho menos (cuando todo lo demás funciona bien, no hay hambrunas ni plagas, los parásitos están bajo control etc.). Enfermedades como el cáncer y otras relacionadas con la contaminación, son mucho más abundantes en las ciudades.

    Otra cosa es que las necesidades de consumo son menores en el campo, por q

  • el 24 octubre, 2015 a las 9:45 pm
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    El campo es muy bonito hasta el dia que te enfermas y el hospital mas cercano queda a diez horas y se te fue la ultima guagua.

    Las ciudades han prosperado porque son eficientes. Aun cuando quizas un huevo salga mas caro en la ciudad, puede que en la ciudad la canasta básica total sea mas barata que en el campo por el efecto que el volumen tiene en la logística y porque no es solo alimentos lo que compone la canasta. Ropa, zapatos, medicamentos y aseo no nacen de la tiera

  • el 24 octubre, 2015 a las 6:50 am
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    Ese mismo es Kamikaze, este junto a muchos edificios y oferta verduras frescas y libre de quimicos a la población local. Si Erasmo quiere hacer una pasantía antes de partir a su finca, ese lugar es perfecto y puede ir caminando. Ah eso si, tiene que doblar el lomo.

  • el 23 octubre, 2015 a las 4:22 pm
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    Bobo:
    Me parece te refieres a un organopónico o algo así que hay entrando a Alamar (por la entrada principal) y luego hay que doblar a la derecha. Hace años yo pasaba por allí a menudo y siempre me llamó la atención: vendían hortalizas y creo recordar que también plantas ornamentales. Saludos

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