Grietas

Erasmo Calzadilla

Foto: Caridad

Anoche al mirarme en el espejo descubrí, ¡oh dios mío!, las dos primeras grandes arrugas de mi rostro, una en cada mejilla.  Me nacieron en La Escuela al Campo, supongo que por el sol que cogí, los malos ratos y lo flaco que me puse.  Como allá no había espejos no pude apreciar cómo crecían; y ahora de pronto …

Desde entonces ando angustiado, comparando mi cutis con el de los que me rodean para ver si es algo anormal y prematuro, o es que ya me tocaba.  Y ¡Horror!, noto que estoy en desventaja con mis contemporáneos.  ¿Qué me está pasando? ¿Será de no comer carne (cosa que hago a voluntad)? Siento que mis convicciones flaquean…

Hay cosas peores en el mundo que descubrirse nuevas arrugas, sin duda, pero qué triste ver la juventud alejarse sin haber hecho nada importante.

Vuelvo al espejo y …  es inadmisible, creo que voy a inyectarme ácido hialurónico en las grietas (uno de los más eficaces y novedosos tratamientos), pero no encuentro quién lo venda y además es muy caro (este es un mensaje subliminal para mis amigos en el extranjero).

Como anda la gente en el mundo, cada vez más vieja y más renuente a envejecer, parece que la producción, hecha con partes de gallos y tiburones, no satisface las demandas.  Pobres animales, creo que mejor busco un remedio menos cruel y caro; gratis si es posible.

A las arrugas, no voy a darles la bienvenida, pero ya que aparecieron sin invitación estas heraldas de la vejez, lo más sabio es sacarles una enseñanza: el tiempo pasa volando y hay que aprovecharlo.  Cada cual lo haga a su manera, pero yo me propongo, antes del nacimiento de la próxima, hacer todo lo posible por no sentirme nuevamente así.  Y para ello intentaré, en primerísimo lugar:

–       Templar más y mejor.  (¿tendrán los jugos sexuales algún efecto revitalizador sobre la piel?: Lo probaré)

luego si sobra tiempo:

–       Evitar el estrés y los tóxicos, seguir lejos del cigarro.

–       No divagar tanto y concentrarme a ver si logro destacarme en algo que sea útil para los demás y duradero si no es mucho pedir.

y sobre todo:

–       No ir más nunca a La Escuela al Campo.

Si cumplo todo esto voy a esperar riéndome a las próximas arrugas.  O mejor, me van a salir de tanto reírme.

Erasmo Calzadilla

Erasmo Calzadilla: Qué difícil me resulta introducirme en público; lo he intentado muchas veces pero no me sale. Soy más menos lo que aparento en mis post, añada algunas cualidades impresentables y revuelva; con eso debería bastar para un primer acercamiento. Si quiere profundizar un poco más pídame una cita y espere respuesta.


2 thoughts on “Grietas

  • el 5 enero, 2011 a las 3:04 pm
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    Avispa roja, quiero compartir contigo algunas reflexiones acerca de tu comentario

    …uno caminaba calles y calles de tiendas llenas e
    iluminadas. Pero ¿quiénes compraban en aquellas tiendas?

    >> Preguntate avispa roja si esto no sigue pasando, no toda la
    >> poblacion pueda acceder a comprar en las TRD.
    >> Para quien es mas facil comprar en las tiendas lujosas de la
    >> Habana, para el conocido cantautor o para el obrero comun?

    ….¿Quiénes podían caminar con verdadera libertad por aquellas calles? Por supuesto, los que “tenían con qué” en sus bolsillos. Los demás, a ver vidrieras y a soñar, como mi madre, como nuestra familia, como la mayoría de las familias cubanas.

    >> Esto tambien sigue pasando en la Habana, los pobres andamos
    >> siempre soñando y contando para llegar a duras penas a final de
    >> mes, la mayoria de las familias cubanas son estas, avispa roja

    Los harapientos, los mendigos, casi todos negros, tenían que hacer rodeos, porque cuando un policía los veía en alguna calle “decente”, a palos los sacaban de allí.

    >> Mas de 10 veces en mi vida he visto como la policia saca a los mendigos que se apostan en Infanta y
    >> Carlos III a vender algo para poder llevarse a la boca, pero los delincuentes de cuello y corbata otrora
    >> militares que invierten los fondos del estado en el exterior y sacan ganacias, los que hacen aerolineas >> privadas, en fin los que explotan pa arriba, nunca son llamados a rendir cuentas, a un mendigo que
    >> vende unas mierdas te lo llevas preso y a un ministro malversador de fondos publicos lo pones en otro
    >> puesto y haces la vista gorda.

    Los harapientos, los mendigos, casi todos negros…

    >> Acaso acabo el racismo en Cuba? Parate una tarde cerca del capitolio y veras que los policias piden la >> identificacion a personas negras el 70% de las veces, que en un pais con tanto negro y mestizo, estos >> no ocupen grandes cargos, y cuando rara vez lo hacen solo sirven al aparato burocratico, por que de otra >> manera, es decir, producto del racismo nunca llegarian a ocupar estos puestos

    En la esquina de mi casa había dos bares, en uno de ellos, a veces, en
    vez de cenar, nos tomábamos un batido….

    >> Buena parte de la Habana vieja esta llena de restaurantes lujosos y bares. La mayoria ni siquiera puede >> tomarse un batido en estos lugares, convierte el precio de un batido en el floridita, a pesos MN, con los >> que se les paga a lso trabajadores que viven cerca de alli y te daras…

  • el 15 diciembre, 2010 a las 5:32 pm
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    AQUÍ TE ENVÍO PARA QUE LEAS PROSA DE VERDAD, TOMA NOTA:

    Invitación — por Silvio Rodriguez

    Creo que la Revolución Cubana dignificó a nuestro país y a los
    cubanos. Y que el Gobierno Revolucionario ha sido el mejor gobierno de
    nuestra Historia.

    Sí: antes de la Revolución La Habana estaba mucho más pintada, los
    baches eran raros y uno caminaba calles y calles de tiendas llenas e
    iluminadas. Pero ¿quiénes compraban en aquellas tiendas? ¿Quiénes
    podían caminar con verdadera libertad por aquellas calles? Por
    supuesto, los que “tenían con qué” en sus bolsillos. Los demás, a ver
    vidrieras y a soñar, como mi madre, como nuestra familia, como la
    mayoría de las familias cubanas. Por aquellas avenidas fabulosas sólo
    se paseaban los “ciudadanos respetables”, bien considerados en primer
    lugar por su aspecto. Los harapientos, los mendigos, casi todos
    negros, tenían que hacer rodeos, porque cuando un policía los veía en
    alguna calle “decente”, a palos los sacaban de allí.

    Esto lo vi con mis propios ojos de niño de 7 u 8 años y lo estuve
    viendo hasta que cumplí 12, cuando triunfó la Revolución.

    En la esquina de mi casa había dos bares, en uno de ellos, a veces, en
    vez de cenar, nos tomábamos un batido. En varias ocasiones pasaron
    marines, cayéndose de borrachos, buscando prostitutas y metiéndose con
    las mujeres del barrio. A un joven vecino nuestro, que salió a
    defender a su hermana, lo tiraron al suelo, y cuando llegó la policía
    ¿con quién creen que cargaron? ¿Con los abusadores? Pues no. A patadas
    por los fondillos se llevaron a aquel joven universitario que,
    lógicamente, después se destacaba en las tánganas estudiantiles.

    Ahí están las fotos de un marine meando, sentado en la cabeza de la
    estatua de Martí, en el Parque Central de nuestra Capital.

    Eso era Cuba, antes del 59. Al menos así eran las calles de la
    Centrohabana que yo viví a diario, las del barrio de San Leopoldo,
    colindante con Dragones y Cayo Hueso. Ahora están destruidas, me
    desgarra pasar por allí porque es como ver las ruinas de mi propia
    infancia. Lo canto en “Trovador antiguo”. ¿Cómo pudimos llegar a
    semejante deterioro? Por muchas razones. Mucha culpa nuestra por no
    haber visto los árboles, embelesados con el bosque, pero culpa también
    de los que quieren que regresen los marines a vejar la cabeza de Martí.

    Estoy de acuerdo en revertir los errores, en desterrar el
    autoritarismo y en construir una democracia socialista…

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