¿Deberían los comunistas refrendar la nueva Constitución?

Erasmo Calzadilla

Prendiendo el cabo. Foto: Juan Suárez

HAVANA TIMES – La inmensa mayoría de los llamados al NO, que vemos hoy en la red, están insuflados de un anticomunismo panfletario que en un párrafo resumiría así:

La Habana es hoy el foco de expansión del comunismo por América, bajo la égida de los dinosaurios, apoyados por poderosos aliados internacionales que integran el Eje del Mal. El avance de esa ideología está destruyendo países antes prósperos como Venezuela y Nicaragua, y sus mandamases se niegan a dejar el poder por vías democráticas. La única alternativa a semejante aborto de la naturaleza es el capitalismo creador de riquezas, que no es una panacea, pero es el menor de los males.

Semejante mezcolanza de verdades y mentiras debe ser desmontada pieza a pieza, empezando por el concepto mismo de comunismo.

No pretendo cubrir en un post un asunto del que mucho se ha escrito, basta ahora decir que dicha doctrina habla sobre el ascenso del ser humano a un estadío cualitativamente mejor, cuando la clase obrera acceda al control de los principales medios de producción. No cualquier clase obrera, sino una que se ha superado a sí misma, que se ha hecho digna de esa hazaña humana pocas veces vista que es el autogobierno de los de abajo, la verdadera democracia.

La idea ha envejecido en muchos sentidos. Aquellos que no estamos contentos con la manera en que el capitalismo ha conformado el mundo y abogamos por la emancipación humana, necesitamos otro fundamento teórico, otro mito que nos ilusione, que ya ese no alcanza.

Pero lo que no debe dejar lugar a dudas es que el clan que gobierna a Cuba no es comunista ni aspira a serlo, por mucho que así guste llamarse. La prueba principal es que han desarticulado al movimiento obrero, destruyendo su conciencia de clase y alejándolo como nunca antes del control de los medios de producción.

O sea, el socialismo cubano no marcha hacia el comunismo, sino en sentido exactamente contrario. Cobrar los impuestos más altos del mundo a los trabajadores (por eso la mayoría gana menos de 40 dólares mensuales), repartir con ellos educación y salud para todos, y evitar la concentración de capital en manos privadas no alcanza para clasificar en el movimiento fundado por Carlos Marx, ni de a poco.

Cuando la nueva Constitución nos propone en su artículo 5 que el Partido Comunista continúe siendo la vanguardia de la nación, se trata de una maniobra, un juego engañoso de significantes vacíos; ni siquiera el Partido Comunista está al mando.

Durante todo este tiempo El PCC no ha sido otra cosa que una correa de transmisión que manipulan los de arriba para el control de los de abajo. Nunca ha tenido lo que hay que tener para cuestionar el rumbo  tomado por el Secretario General. Porque lo de secretario es, por supuesto, otra falacia; en realidad se trata de un amo al que rendirle pleitesía y alabanza.

En el plano ideológico, más o menos lo mismo: luego de seis décadas de “praxis”, el Partido Comunista no ha sido capaz de crear un cuerpo teórico coherente que guíe sus acciones, y recordemos que, supuestamente, se trata de una ciencia. Su lamentable papel en ese sentido se ha limitado en justificar, a posteriori, las decisiones tomadas por el gran líder y clasificar como “contrarevolucionarios” a quienes se oponen a sus designios, así sea en nombre de los verdaderos principios comunistas.

Los anarquistas impugnan el papel protagonista que los marxistas dan al Estado en la lucha de clases. Y sí, un Estado todopoderoso es de temer. Pero es que en Cuba ni siquiera se trata de eso; el Estado cubano ha sido otra puta a disposición de los Castro.

Carente de fundamento doctrinal y base social, el PCC ha mutado con el tiempo, de cuartel de furiosos talibanes en guarida de oportunistas en busca de ascenso, tecnócratas acomodados y delincuentes ávidos de protección; siguiendo el rumbo perverso de sus homólogos en el extinto campo socialista.

Por todo lo anterior considero que, quienes creen verdaderamente en esa doctrina, si alguno queda, tienen más razones para un NO a la nueva Constitución que el team de los procapitalistas (liberales, promercado o como quieran llamarse).

Legalizar la propiedad privada y, al mismo tiempo, amarrar las manos de los trabajadores, prohibiendo la libre asociación y el derecho a huelga, es otro paso hacia el capitalismo, que no al comunismo. La bandera roja que enarbola el Comité Central no es más que una cortina de humo, un paraban que intenta disimular el traspaso de poder a la nueva clase privilegiada que ya viene llegando.

Nota

ARTÍCULO 5. El Partido Comunista de Cuba, único, martiano, fidelista, marxista y leninista, vanguardia organizada de la nación cubana, sustentado en su carácter democrático y la permanente vinculación con el pueblo, es la fuerza política dirigente superior de la sociedad y del Estado. Organiza y orienta los esfuerzos comunes en la construcción del socialismo y el avance hacia la sociedad comunista. Trabaja por preservar y fortalecer la unidad patriótica de los cubanos y por desarrollar valores éticos, morales y cívicos.

 

Erasmo Calzadilla

Erasmo Calzadilla: Qué difícil me resulta introducirme en público; lo he intentado muchas veces pero no me sale. Soy más menos lo que aparento en mis post, añada algunas cualidades impresentables y revuelva; con eso debería bastar para un primer acercamiento. Si quiere profundizar un poco más pídame una cita y espere respuesta.


25 thoughts on “¿Deberían los comunistas refrendar la nueva Constitución?

  • el 24 enero, 2019 a las 1:53 pm
    Permalink

    Hola Erasmo.
    Mi pregunta fue para Osmel, nada que ver con el post.
    SLDS

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