Cuarto creciente en Cuba

Erasmo Calzadilla

Amanecer en La Habana. Foto: Caridad

Esta reflexión (no nos dejemos robar la palabra) no fue hecha por un especialista sino por alguien que le interesa el asunto y quiere compartir lo que piensa. Si usted no está de acuerdo no dude en acribillarlo, así aprendemos todos.

¿Por qué la gente en Cuba no suele luchar por sus derechos?

Esa pregunta me la he repetido un millón de veces, y parece que me la haré otro millón antes de que algo suceda.

Vuelvo a ella tras leer una entrada del bloguero Dimas Castellanos en la que analiza a la luz de nuestros días un hecho cívico ocurrido 1923 y conocido como La Protesta de los 13. Luego de abundar un poco sobre el acontecimiento Dimas se pregunta ¿Por qué no suelen ocurrir actos como aquel en nuestros días? Y él mismo responde con dos razones:

l  Existía entonces un resurgimiento de las virtudes cívicas ciudadanas.

l  La Constitución de 1901, con su “separación de los poderes públicos, el reconocimiento de la libertad de expresión, la libertad religiosa, los derechos de reunión, de asociación y de movimiento para entrar y salir del país, el hábeas corpus y la inviolabilidad del domicilio, permitía ese tipo de manifestación cívica”.

Qué sucede hoy

Considera Castellanos que el primero de los puntos pasa por un buen momento: “las conductas ciudadanas están resurgiendo, los cubanos comienzan a convertirse en ciudadanos”.  Parece entonces que es el segundo el del problema: la constitución no está ayudando. (Esta conclusión no aparece explícitamente así en el post mencionado).

Vuelve Dimas al asunto en otra entrada titulada “Cuba y Egipto, similitudes y diferencias”. Afirma el hombre que en el país de las pirámides, a partir de la muerte del “totalitario” Gamal Abdel Nasserl en 1970 “el poder fue ocupado por tres gobiernos, que sin renunciar al totalitarismo, fueron introduciendo cambios que permitieron determinada participación pública y legal de importantes sectores de sociedad civil, sin lo cual hubiera sido mucho más difícil, si no imposible, el actual desenlace”.

O sea, al parecer Castellanos considera que en estos casos el cambio ha sido promovido por agentes externos al pueblo mismo: la constitución, la educación, medidas gubernamentales (relativamente externos, tampoco se trata de la caída de un meteorito). No pretendo devaluar su trabajo, que agradezco. Solo aprovecho el acento que (desde mi punto de vista) pone en lo extrínseco para remarcar el acento en lo intrínseco como causa de la apatía social.

Creo que para comprender la inercia política del pueblo cubano habría que abordarla como parte de un proceso que está ubicado en determinado estadía de madurez, y el activismo no florecerá sino cuando llegue su momento (sospecho que entonces la Constitución será reaccionaria).

Luna llena sobre Viñales. Foto: Caridad

Pensado así, como un proceso que madura etc. uno podría preguntarse cómo habiendo alcanzado un punto tan álgido hacia 1959 pudo el activismo caer de una manera tan estrepitosa (a punto de ponerse a los pies de un líder carismático) ¿Puede la madurez ser reversible?

Otros han pasado por lo mismo

Parece que un “retroceso” semejante en la conciencia política ocurrió en Europa durante la primera mitad del siglo XX con el surgimiento del fascismo, el nazismo, el franquismo etc. donde antes había repúblicas democráticas y constituciones avanzadas en la defensa de libertades y derechos civiles. Este fenómeno es atribuido por algunos al ingreso de “las masas” en la vida política.

“Las masas” no comienzan a participar (más directamente) de la política elitizándose, sino mundanizándola, e introduciendo en ella factores como los sentimientos, la fe etc. que dejan en mal estado conceptos propios de una Teoría Política moderna (como ese de sociedad civil).

No dudo sea importante en la Cuba de hoy recuperar como armas de lucha conceptos como derechos civiles, humanos etc., pero quedarnos solo ahí es cuando menos empobrecedor.

¿Ha ocurrido en el viejo continente, luego de los extremismos totalitarios, algo positivo en el terreno político? ¿Son los ciudadanos más libres? Es decir, ¿podemos tener alguna esperanza? Quiero pensar que sí, aunque sospecho que el avance del capitalismo esté atentando contra ello.

Volviendo a Cuba

Es cierto que había una cultura cívica de primer nivel en Cuba en el 59, pero la supongo restringida a una élite, porque solo un pueblo muy en pañales se la deja introducir tan sin grasita y a golpe de populismo.

Los sucesos políticos de entonces también (me) parecen típicos del acercamiento del pueblo a la política. La lógica indica (y creo que así ha ocurrido), que luego de los primeros zar-pasos continuaría irremediablemente el proceso de aprendizaje con cada nuevo acontecimiento (sobre todo con cada nuevo trastazo), a pesar del esfuerzo desde arriba por impedirlo. Claro, una nación no evoluciona con la misma velocidad ni en la misma dirección (ni es deseable que así sea) en que lo hizo la élite.

En otras palabras, prefiero pensar que no es la constitución la que frena el florecimiento del civismo, ni creo que haga falta un caudillo “liberal” que nos vaya aflojando la mano poco a poco hasta que nos acostumbremos a la libertad. Nos hace falta crecer como pueblo.

Ya lo hemos hecho un poco y dentro de un tiempo, si el miedo se sigue disipando (a base de osadías) y logramos mantener a distancia a las grandes potencias, seguro vamos a dar otro salto, pero debemos estar preparados para él, y sobre todo merecerlo.

 

Erasmo Calzadilla

Erasmo Calzadilla: Qué difícil me resulta introducirme en público; lo he intentado muchas veces pero no me sale. Soy más menos lo que aparento en mis post, añada algunas cualidades impresentables y revuelva; con eso debería bastar para un primer acercamiento. Si quiere profundizar un poco más pídame una cita y espere respuesta.

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One thought on “Cuarto creciente en Cuba

  • Es cierto que el pueblo cubano no defiende sus derechos y libertades. Pero no es por cobardía, sino por falta de esperanza. Los cubanos, con poquísimas excepciones, están convencidos de que cualquier manifestación de protesta cívica está condenada al fracaso.

    De ese modo la misma persona dispuesta a arriesgar la vida en una balsa por salir de Cuba, no está dispuesta a arriesgarse a una simple visita a Villa Marista por defender sus derechos cívicos. Porque al final del viaje en balsa esa persona ve una buena posibilidad de alcanzar Florida, y arriesga su vida. Pero después de gritar consignas políticas en público, no ve la posibilidad de que eso influya en que se produzca un cambio, y entonces no arriesga mucho menos que su vida.

    Sin embargo, la buena noticia es que la esperanza se contagia como un virus.

    Cuando un cubano tiene esperanza y se manifiesta en público por la libertad, entonces convence a cinco cubanos de que hay esperanza. Esos cinco cubanos se manifestarán y le darán esperanza a mas cubanos. De modo que el crecimiento de la esperanza actúa con un mecanismo de retro-alimentación que produce una cinética exponencial.

    Por eso las revoluciones son imprevisibles. Una semana antes de que fusilasen a Ceaucescu, en Rumanía no existía oposición, ni Damas de Blanco ni nada de nada. Pero bastó que media docena de locos abucheasen a Ceaucescu mientras daba un discurso desde el balcón presidencial … y que se viese por la televisión, para que literalmente en cuestión de minutos Rumanía se llenase de rumanos cargados de esperanza, y dispuestos a dar su vida por la libertad.

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