La frontera en abril 2020, y lo que motiva a las personas emigrar

Por Emelina Rosa

En el patio Guadalupe de la Iglesia de la Sagrada Familia donde está ubicado el refugio para migrantes CAME.

HAVANA TIMES – La frontera entre México y los Estados Unidos ha sido cerrada al tráfico “no esencial”, y los emigrantes que caen en manos de la patrulla fronteriza están siendo devueltos a través de la frontera más cercana sin realizarles procedimiento legal alguno.

Agua Prieta es tranquila, hay un toque de queda desde el anochecer hasta el amanecer y el municipio apoya el cierre. Las largas colas que solíamos ver en el cruce fronterizo se han desvanecido.

Once familias procedentes de Guerrero, el estado del sur de México con tasas extremas de violencia, viven en el limbo en el refugio para migrantes CAME, en la Iglesia de la Sagrada Familia, en el vecindario más antiguo de la ciudad, a una milla del cruce fronterizo.

CAME se inició hace veinte años en una iglesia que durante mucho tiempo fue un santuario y refugio para los pobres. En ese momento, la mayoría de los migrantes eran hombres solteros procedentes de México que buscaban trabajo en los Estados Unidos de América.

CAME tenía espacio para cuarenta y cuatro personas y estaba en marcha su expansión antes de que se cerrara la frontera. Durante varios años, hasta marzo, estuvo lleno de personas que buscaban asilo en los Estados Unidos, esperando que se les permitiera cruzar la frontera para realizar la solicitud.

En mi último viaje a través de la frontera, me encontré con Irasema, una mujer de Acapulco que me pidió que tradujera algunos documentos para su audiencia de asilo, incluido un informe policial, informes médicos de ella y de su hija, una licencia de matrimonio y cartas que daban fe de su buen carácter.

Esta es su historia: una mañana, ella y su hija salieron juntas de la casa y esperaban en la parada del autobús. Su hija se dirigía a una universidad local, donde estudiaba Administración Hotelera, e Irasema iba al mercado. De repente, una furgoneta negro, sin chapa, se detuvo, y dos hombres armados con pistolas automáticas saltaron y se interpusieron en el camino de ellas. Uno agarró el bolso de Irasema y el otro la mochila de su hija, y uno de ellos comenzó a arrastrar a su muchacha hacia el vehículo.

“Vienes conmigo, cariño”. Pero ellas gritaron y se resistieron, y como la calle estaba abarrotada, los hombres se marcharon, pero mientras partían el conductor gritó: “Volveré por ti, perra”.

Y así hicieron. Regresaron una semana después, las mujeres habían dejado de salir, pero vivían cerca de la parada del autobús, y una noche los sujetos se estacionaron al frente, gritaron y siguieron gritando mientras la familia temblaba en la oscuridad, en la parte de atrás de la casa. En el preciso momento en que se fueron, Irasema y su esposo huyeron con la chica rumbo hacia la frontera.

He escuchado muchas variaciones de hechos como esos, que de manera rutinaria involucran la extorsión de negocios, incluso pequeños, y el secuestro de niñas y mujeres. Los pobres, y más aún las mujeres, tienen menos que perder, pero son objetivos más fáciles.

Irasema y su esposo se casaron en Agua Prieta, después de treinta años juntos, para poder demostrar que eran una familia para el Gobierno de los Estados Unidos. Fueron las últimas personas en cruzar y solicitar asilo formalmente a través de este puerto, a mediados de marzo. Desde esa fecha no hemos tenido más noticias de ellos.

Emelina Rosa

Emelina Rosa es residente desde hace mucho tiempo de la zona fronteriza entre Estados Unidos y México. Hasta hace poco fue voluntaria en el Centro de Recursos para Migrantes y en CAME, el refugio para migrantes, ambos en Agua Prieta, México, al otro lado de la frontera con Douglas, Arizona. Ahora está en casa, siguiendo los eventos lo mejor que pueda.

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