Por qué me siento orgulloso de ser cubano

Por Elio Delgado Legón

Foto: Cristina Souza

HAVANA TIMES – Podría citar cientos de razones para sentirme orgulloso de ser cubano, pero solo me referiré a las más importantes. La primera razón es la historia de luchas de nuestro pueblo, que nunca se ha dado por vencido.

Primero se combatió contra el colonialismo español que nos oprimía. Cuando al cabo de 30 años de contienda estábamos a punto de expulsar a España de la Isla, vino Estados Unidos y frustró el triunfo del ejército revolucionario.

El Norte simuló buenas intenciones, pero resultó ser que pasamos de ser colonia de España a ser neocolonia de Estados Unidos. Y nos impuso por la fuerza la firma de tratados que no le dejaban a Cuba nada de soberanía.

Durante los años que siguieron en la república mediatizada, el pueblo cubano no dejó de luchar durante todo el período hasta 1958. En su búsqueda libertaria fue dejando un camino sembrado de héroes y mártires de los que tenemos que sentirnos orgullosos.

El triunfo definitivo de esa Revolución de tantos años llegó finalmente el primero de enero de 1959. Fue la derrota militar del ejército al servicio de la última dictadura, la de Fulgencio Batista, apoyado y sostenido por el Gobierno de Estados Unidos.

Después del triunfo del primero de enero han ocurrido en la Isla innumerables hechos que me hacen sentir cada día más orgulloso de ser cubano. Enumeraré los más importantes.

Lo primero es la vocación humanista, solidaria e internacionalista, que hace que mi país sea visto hoy en el mundo como el hermano que no escatima esfuerzos para ayudar a los demás. Ejemplos hay muchos.

En el campo de la Salud, la colaboración con los pueblos más necesitados que nos han pedido ayuda comenzó tan temprano como 1962. Desde entonces Cuba no ha dejado de tender su mano solidaria ante desastres naturales y graves epidemias.

Desde entonces, más de 400 mil profesionales sanitarios han colaborado en 164 naciones.

Ante grandes terremotos y devastadores huracanes, que han afectado a pueblos hermanos, allí ha estado una o varias brigadas médicas cubanas para ayudarlos a salir adelante.

Recordemos, como ejemplo, la epidemia del virus del Ébola en tres países africanos, donde los médicos cubanos arriesgaron sus vidas para salvar a muchos enfermos. También el brote de cólera en Haití, después de un devastador terremoto y en ambos eventos el pueblo haitiano pudo contar con la mano amiga de Cuba. Y como estos casos podemos contar decenas.

Más recientemente, ante la pandemia de covid-19, que aún no se ha podido controlar en el mundo, el personal de Salud cubano ha estado dispuesto para acudir, voluntariamente, a 39 países que solicitaron ayuda. Incluso naciones desarrolladas como Italia, a donde fueron dos brigadas a los territorios más afectados por la pandemia. Salvaron muchas vidas y recibieron el agradecimiento y el cariño de esos pueblos y gobiernos.

Cómo no sentir orgullo cuando el crucero inglés Braemar, que llevaba varios días en el mar con enfermos de covid-19 y otros posibles contagiados a bordo no recibió la ayuda solicitada para trasbordar a sus pasajeros y enviarlos vía aérea a su país. Esa ayuda le fue negada por varios países, incluyendo Estados Unidos. Sin embargo, Cuba le dio una respuesta positiva y realizó la operación, la que resultó un éxito. La Isla no podía dejar morir a esas personas en alta mar, asumiendo una actitud egoísta y mezquina como la que asumieron esos otros estados.

Es también motivo de orgullo para mí el desarrollo que ha alcanzado la ciencia aquí, que ha logrado llevar a ensayos clínicos dos vacunas contra la covid-19. También tiene dos más en espera de la autorización para comenzarlos. Este es el único país en latinoamérica y entre los subdesarrollados que logra tal hazaña, la que garantizará que Cuba cuente, desde el primer trimestre del 2021, con su propia vacuna contra el virus SARS-CoV 2, causante de la covid-19.

En el terreno militar, cómo no sentir sano orgullo cuando podemos decir que por la participación de los cubanos se logró preservar la independencia de Angola y se alcanzó la de Namibia. Igualmente fue erradicado el bochornoso apartheid en Sudáfrica y los verdaderos dueños del país lograron tomar las riendas de su destino.

He citado solo algunos ejemplos, en apretada síntesis, porque los hechos no cabrían en este comentario. Pero por estos y por todos los demás que no he mencionado, me siento orgulloso de ser cubano.

Lea más del diario de Elio Delgado Legón.

Elio Delgado Legon

Elio Delgado Legón: Soy un cubano que ha vivido ya 80 años, que conoce bien la etapa anterior a la Revolución porque la sufrió en carne propia y en la ajena y a quien le duele que se escriban tantas calumnias sobre un gobierno que lucha a brazo partido para darnos una vida mejor, y si no lo ha podido hacer a plenitud es por tantos obstáculos que se le han puesto en el camino.

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5 thoughts on “Por qué me siento orgulloso de ser cubano

  • Elio haces bien en sentirte orgulloso de ser cubano, la lucha continua el movimiento san isidro se esta enfrentando solo con sus ideas al ultimo dictador que tiene cuba, la dictadura mas larga del continente a la cual ni siquiera los eeuu se les enfrenta. Esos infelices de san isidro que solo tienen el decoro de ser unos cubanos con un valor enorme y que dan su cara y ponen en riesgo sus vidas estan denunciando cada dia el abuso de un gobierno que todo le ha quitado al pueblo y al cual no le reconoce ningun derecho.

  • Ernesto, la libertad de expresión en Havana Times es que un lector puede criticar el contenido de un escrito representativo que lleva la línea oficial del gobierno cubano desde la perspectiva de una persona. Intente hacerlo en Granma o Cubadebate y veras que no. A mi por ejemplo me tienen bloqueado desde hace varios años. Espero que en su próximo comentario incluye algo sobre el contenido del escrito y no solo condena y amenaza.

  • Dejar a este sujeto publicar en un medio no es libertad de expresión. Es darle mas espacio a la propaganda comunista. No obstante es agradable saber que cuando la dictadura caiga tenemos pruebas para llevarlo ante tribunales.

  • Excelente Esteban

  • ORGULLOSO DE SER CUBANO

    Yo me siento orgulloso de ser cubano, pero mi orgullo no es vanidoso, es muy sencillo. Creo que la razón de ese sentimiento es por haber nacido allí, puede ser el mismo de cualquier espalda mojada que cruza el río Bravo, digamos que similar al de un argentino que ahora hace colas frente a las embajadas, supongamos que muy parecido al de los negros que cruzan el estrecho de Gibraltar. Con una pequeña diferencia, la mayoría de ellos pueden regresar y cuando no lo hacen, es por haberse desprendido de ese orgullo al que muchos se aferran y son capaces de matar.

    Hay muchas razones que me ayudan a no sentir ese extremadamente dominante orgullo que sentía antes. Antes digo y me refiero a ese tiempo donde nos hicieron creer que éramos muy grandes, tal vez por eso hacemos un uso abusivo de los diminutivos, todo lo encontrábamos chiquitico. Pero los tiempos han cambiado y tal parece que vivimos rodeados de gigantes. Mi sentimiento nunca fue furibundo porque tampoco he sido ciego, si hoy me preguntaran los motivos de ese orgullo del que muchos hacen gala de inmensurable alarde, encontraría muchas dificultades en explicarlas, aún así sentiría un modesto orgullo por ser cubano.

    ¿Será por la belleza de nuestras mujeres? No lo creo, ¿no las hay igualmente bellas en Venezuela?, ¿no son dignas de admirar las brasileñas?, ¿es diferente una mulata cubana a una panameña?, claro que no y ejemplos sobran. Lo que pasa es que Cuba es la novedad, el prostíbulo vedado durante mucho tiempo y el sabor de aquellas mujeres había sido olvidado. Debe ser fenomenal probar algún día una prostituta de un país que dice ser comunista, ¿cómo harán el amor? ¡Son sensacionales! Responderán los que vivieron esa experiencia, no digo yo, en un mundo saturado de burdeles capitalistas, porno en tv, revistas, bares, etc., templarse a una jovencita jinetera tiene que ser inolvidable. Luego, cuando los oigo hablar de nuestras mujeres la ira disminuye mi orgullo, por tal razón no creo que sean las mujeres.

    Tal vez sea por nuestras playas y hoteles, todo el que llega de la isla solo habla de las bondades de su paisaje, las sonrisas de los empleados de las instalaciones turísticas, cabarets, restaurantes, etc., pero ninguno me menciona que estaban rodeados de extranjeros solamente. ¡Qué bueno es tu país mi amigo y qué barato! Pienso en los que no pueden disfrutar de lo que les pertenece y borro esta posibilidad.

    Puede que sea porque nací en la isla donde todos son “compañeros”, eso sí, es muy difícil tener allí un verdadero amigo, son muy contados. Pero no, la vida me enseño que ninguno es de confiar porque aquel en el que un día creíste, muy bien puede levantar la mano en tu contra en una reunión o delatarte a tus espaldas. No podemos olvidar aquel lema, no recuerdo si lo expresó Raúl en un discurso, creo que decía así; “Donde comienza el deber termina la amistad” y en esa tierra de la que les hablo, la gente se encuentra sobrecargada de deberes, además, ¿no es una clara invitación a la chivatería? Esto no sirve tampoco para justificar mi orgullo.

    Debe ser por algo tan anormal, digo que lo es porque hace años que me he librado de esa carga, me refiero a tener en cada edificio o cuadra un Comité. Pero lo lindo del caso no es eso, peor aún es temerle a una vieja o a un pendejo que no resistiría una patada por el culo. Sin embargo le tememos y no acuso a nadie de cobarde porque hay que vivir allí para comprenderlo. Entonces aceptamos todo, hasta que participe en la intimidad de nuestras vidas y permanecemos callados como carneros por degollar. Es muy probable que necesitemos un refrigerador, un apartamento, un teléfono, un televisor, etc. Cosas vanas y sin mucho valor dirán ustedes, pero se equivocan porque eso no está disponible en cualquier tienda, hay que conseguirlo por méritos y esa gente que tal vez no soportan la patada en el culo pueden vetar tus sueños. Siempre me he preguntado; ¿vale la pena vivir toda una vida en esas circunstancias por obtener algo de eso? Creo que la vida es corta, pero mucho más larga que la de un televisor. Desecho también este punto.

    Quizás me sentiría orgulloso por las cosas tan raras que suceden en esa tierra, por ejemplo, cuando alguien se encuentra diciendo una verdad (algo que solo sucede en casos excepcionales), los que te rodean y que son en definitiva los que sufren esas verdades, son los primeros en manifestar que estás loco o hablando mierdas. Es increíble pero muy cierto y no solo eso, puedes convertirte en acreedor de una buena paliza. Muchas veces siento pena cuando veo algún noticiero donde entrevistan a alguien de la isla, responden en un idioma incomprensible, con monosílabos, con frases sin terminar, como si tuvieran pánico de que los están vigilando. Casi siempre responden lo mismo; “Bueno, por lo menos no me muero de hambre, con los dólares que nos llegan del extranjero se puede sobrevivir”. Después agregan como rectificando por si acaso han metido la pata; “Bueno, aquí tenemos educación y salud gratis”. Muy pocos se extienden más allá de los parámetros establecidos por el miedo que cargan en sus conciencias, la justificación a las penurias vividas durante 61 años siempre la buscan en el extranjero, sin ir tan lejos, la culpa de todo está a 90 millas. ¿Debo sentir orgullo por un pueblo que no expresa lo que siente en el medio del pecho?

    Estoy orgulloso de ser cubano pero no tanto, nacemos con un cartel en la frente que dice; “Posible inmigrante” y por tal razón nadie nos quiere, cargar su pasaporte acarrea problemas en muchos lugares, es como si estuviéramos condenados a vivir en el paraíso que tanto pregonaron y de verdad lo merecemos. Lo merecemos porque sabiendo que todo era falso, apoyamos y mentimos a los pueblos que tratan de imitarnos.

    No estoy tan orgulloso porque cuando veo al pueblo de hoy, lo comparo con nuestros primeros aborígenes y encuentro mucha similitud con ellos. No puede ser que hayamos retrocedido tanto pero es así, la misma pasividad y mansedumbre. Cuando veo a pueblos como el venezolano, argentino, salvadoreño, peruano, etc., reclamando a palos y pedradas sus derechos, tengo que callar y no hablar nada de ese orgullo que muchos tratamos de exhibir. Yo sé que estas líneas serán despreciadas por mucha de mi gente, no me importa en lo absoluto si queremos llamar al pan por su nombre y al vino también.

    Debo estar orgulloso por cada pared que se desmorona, por cada ladrillo que se cae, por cada derrumbe de un edificio de la que fuera nuestra bella capital. Lo peor de todo es soportar cuando un mequetrefe llega de allá y te dice; “Me encanta La Habana, su arquitectura, su gente.” Me jode porque esa persona no conoce otros lugares que no sean los dedicados al turista. Muy superior al orgullo debe ser la pena que siento por la gente de mi país.

    Estoy orgulloso de pertenecer a una tierra que sufre y que todos apoyen esos sufrimientos. La complicidad con el caso cubano no tiene límites en nuestra historia, políticos, presidentes, cleros, artistas, negociantes, todos, absolutamente todos. Corren desesperados a apretar las manos ensangrentadas de sus dirigentes, ayudando de paso a darle una vueltecita más a la tuerca que cada ciudadano lleva en su cuello. Luego que pase esta tragedia, creo que ese será el punto más importante por el cual debamos sentirnos orgullosos y podamos gritar a todo pulmón; “Hemos pasado todos estos sufrimientos solos ante el silencio de vuestros ojos, lo vivimos mientras unos hijoputas se preocupan por criminales talibanes o consuelan a unas asesinas narcoguerrillas en Colombia.

    ¿Debería sentirme orgulloso por la bandera? Créanme que no, ningún símbolo creado por el hombre será el motivo de mis desvelos. Esa misma bandera fue usada por Machado, Batista y ahora desgastada por los desmanes de Fidel. ¿Cuál es entonces su importancia? ¿Izarla en un edificio, en un estadio, a la entrada de una escuela, adornar balcones en los días de fiesta, cubrir el féretro de algún muerto significante? Para mí todos los muertos son importantes y no he visto arrojar ninguna en medio de las aguas que rodean nuestras costas. La he visto bajarse muchas veces de nuestras naves para izar una extraña y de feos colores solo por dinero. No me importa si consideran que no soy patriota, realmente no lo soy. Soy un hombre de carne y huesos, soy un obrero, soy un padre y con eso me basta, no creo en títulos honoríficos ni en medallas. ¿Cuántos de los premiados con la orden José Martí no han resultado ser unos asesinos? ¿Entonces? Los afganos acaban de izar la número doce o trece en estos últimos treinta años, ¿entonces?

    Tal vez pueda sentir orgullo por ser de una nación que un día pasó del capitalismo al socialismo y hoy regresa a la esclavitud, no creo que ese caso exista en muchas partes de este mundo. Soy de un país que perdió 61 años de su historia inútilmente, para lograr lo que no existe, para arribar a la nada. Con gente que solo aspira burlar la custodia de una frontera custodiada por hambrientos escualos, resolver sus problemas con una botella de ron, presumir de machos y esperar la ayuda de sus paisanos. Pertenezco a una tribu conforme con su papel de mendigo a la que fue reducido, con una capacidad increíble para causar lástima en el prójimo y sin otros sueños que los de un día escapar, no importa cómo, puede ser de mil maneras, hasta timando a infelices y oportunistas extranjeros. Después y una vez renunciado a esa libertad extravagante que nos venden por la asistencia a un hospital o escuela, renunciar también al polvo que nos recuerda nuestro pasado, porque detrás de nosotros nada existió y la vida comienza en cualquier lado, poco importa su latitud.

    Tengo que estar orgulloso de ser parte de un tiempo y un espacio, que nos llenó de un fantasma del cual es casi imposible desprenderse, seres que aún ausentes de su terreno viven el miedo con el cual fueran clonados, cerebros que a veces resulta difícil volver a llenar de nuevo y deambulan consigo mismo sin criterios, siento pena por ellos.

    Estoy orgulloso de pertenecer a un pueblo que tiene muy mala memoria, que ha perdido un poco la vergüenza, que habla mucho y luego sale a marchar sin que nadie le ponga un fusil en el pecho, marchan calzando tenis que les envían sus familiares, visten marcas que no son de producción nacional y pagan en los mercados con una moneda que no se imprimió en nuestro idioma. Marchan, gritan consignas, agitan banderitas, aplauden y cuando llegan a la casa le mientan la madre al autor de sus desgracias. Tocan de nuevo a sus puertas y vuelven a marchar, gritar, agitar banderitas y aplaudir, luego, esperan impacientes la mesada que les envían sus parientes, los que tal vez tengan doble trabajo y no comen tanta mierda con esto que les he narrado.

    Yo sé que entre nosotros hay personas ácidas, recalcitrantes, extremistas, sublimes patriotas que condenarán estas líneas, poco me importa porque siempre expreso lo que siento y tengo criterios propios, pero bueno, el tema de hoy era mi orgullo por ser cubano. El mío es sencillo, modesto, humilde, sincero, sin los rasgos de esa vana arrogancia que nos inculcaron, soy sencillamente un cubano orgulloso de haber nacido en esa tierra, como lo hubiera estado por haber nacido en otra. Eso sí, si Dios existe y es tan grande, si existiera de verdad la reencarnación le suplicaría que me destine a otros lugares para vivir una nueva experiencia. De acuerdo a lo perverso que se ha convertido este mundo no le pediría tanto, solo que me destine un poco más al norte de donde vivo, el frío no será un gran obstáculo porque malo que bueno lo he soportado y allí no me joderán tanto. En caso de que se encuentren ocupadas todas las demandas para ser esquimal, bueno, en ese caso que me mande a un planeta bien lejano.

    Esteban Casañas Lostal. Montreal, Canadá.

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