El combate del río Ciego

Elio Delgado Legón

Foto: Elio Delgado Valdés
Foto: Elio Delgado Valdés

HAVANA TIMES — En la mañana del tres de noviembre, 1958, después de despedirnos de nuestro compañero, caído la noche antes en el ataque al tren militar, partimos, ya en pleno día, para alejarnos de la carretera y buscar donde establecer un nuevo campamento, pues ya no regresaríamos al anterior. La marcha tuvo que ser casi a paso doble, porque en los alrededores no había ningún monte donde escondernos si venía un avión de reconocimiento, lo cual era muy lógico después de lo ocurrido la noche anterior.

Ya cerca del mediodía, llegamos a la finca de un campesino, colaborador de la guerrilla, que tenía cerca de su casa una arboleda donde pudimos ocultarnos durante el resto del día. Todos estábamos muy cansados por la larga jornada de la noche anterior, y muy tristes por la pérdida del compañero Sabino.

En la casa, aunque llegamos sin avisar, nos prepararon comida, que nos fue repartida antes de que oscureciera. Así pudimos reponer nuestras energías para emprender la marcha, pues no comíamos nada desde el mediodía anterior. Al marcharnos, un hijo del campesino, de sólo 15 años quiso irse con nosotros y fue necesario convencerlo de que no era posible, pues además de que era menor de edad, no había armas para todos los compañeros.

Después de caminar toda la noche, como era nuestra costumbre para no ser vistos, llegamos a la finca Baracaldo e hicimos contacto con el mayoral de la finca, que no era de mucha confianza, pero esperábamos que no nos delatara y nos permitiera establecer el campamento en un monte bastante tupido por el cual pasaba un río, conocido como río Ciego, lo que nos garantizaba agua para beber y cocinar y también para bañarnos; sin embargo, según analizamos posteriormente, el lugar era pésimo desde el punto de vista militar, pues el monte estaba delimitado por una línea de ferrocarril y por un camino, por el que podían circular camiones, y nuestro campamento quedó ubicado entre la línea, el camino y el río; es decir, tres frentes que podían ser tomados fácilmente por el ejército y sólo les quedaba cortarnos la retirada por el monte y empujarnos hacia los tres frentes tomados y nos habrían aniquilado, pues no contábamos con armas ni parque para establecer un combate prolongado.

Después de varios días en ese campamento, en la tarde del 11 de noviembre, después de una reunión en la que se decidió expulsar a un compañero que había tenido una actitud sediciosa, tratando de convencer a otros guerrilleros para que se fueran con él a formar otra guerrilla, el capitán Chaviano, acompañado de su padre, tomó su fusil Springfield y su canana con 100 balas y se encaminó hacia el río para bañarse; sin embargo, no pudo llegar a su destino, pues al acercarse al río casi chocan con unos guardias que venían avanzando por la ribera, al parecer con la idea de tomar ese frente, pues ya tenían tomados el de la línea de ferrocarril y el camino.

La sorpresa fue total, tanto para los guerrilleros, como para los guardias, que ante los disparos del revólver de Felipe Chaviano, retrocedieron por la orilla del río hacia el puente, donde tenían emplazada una ametralladora, que abrió fuego y, según supimos después, mató a varios soldados. El tiroteo se generalizó desde los dos frentes tomados, hacia el campamento rebelde.

En el retroceso bajo las balas de la ametralladora del puente, a Chaviano se le cayó la canana con 100 balas de su Springfield, que era la única arma que contaba con cierta cantidad de parque. Al darse cuenta de lo sucedido, Chaviano nos pidió a Lázaro Muñoz y a mí que lo acompañáramos a rescatar la canana, lo que hicimos bajo el tiroteo, pues tuvimos que llegar hasta cerca del río, recoger la canana y regresar hasta donde estaban el resto de los compañeros.

La decisión del Estado Mayor de la guerrilla fue dividirnos en tres grupos para romper el cerco por distintos lugares. Dos grupos tratarían de cruzar el camino y el tercero avanzaría por dentro del monte, alejándose de la línea del ferrocarril. La orden era cruzar esa noche la carretera central y avanzar hacia el sur, hasta una finca nombrada El Plátano, donde podríamos reunirnos de nuevo y decidir dónde establecer el campamento.

Elio Delgado Legon

Elio Delgado Legón: Soy un cubano que ha vivido ya 80 años, que conoce bien la etapa anterior a la Revolución porque la sufrió en carne propia y en la ajena y a quien le duele que se escriban tantas calumnias sobre un gobierno que lucha a brazo partido para darnos una vida mejor, y si no lo ha podido hacer a plenitud es por tantos obstáculos que se le han puesto en el camino.


17 thoughts on “El combate del río Ciego

  • el 3 julio, 2015 a las 5:01 pm
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    Se utiliza mezclado con arena o gravilla para pavimentar caminos y como … usado como aglomerante para la construcción de carreteras, autovías o autopistas,,ahora Elio Delgado que no le creo esa historia porque en 1958 usted estaba estudiando en la escuela de Comercio,,no puede estar en dos partes a la misma vez,,,aqui va mi pregunta,,las calles en Cuba estaban antes del 1959 tan desbaratadas asi como lo estan ahora???no me diga que el bloqueo,,en Cuba hay gravilla y hay asfalto natural bastante,,en Cuba hay un tipo de derivado del petroleo que solo sirve para eso,,,no se traia de Miami antes del 1959??? Por qué usted siempre esta diciendo porque yo se la verdad absoluta porque vivi antes del 1959?

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