Un breve análisis de la realidad

Foto habanera por Juan Suárez

HAVANA TIMES – Cada día, aquí en La Habana, y supongo que en toda Cuba también, porque al fin y al cabo es lo mismo que sucede en todo el mundo, nos lo pasamos emitiendo juicios y dictando sentencias. Así funcionamos, los humanos. No es que hacerlo sea bueno o malo ni que tenga acierto o lleve a error. Pero hacerlo a diario se convierte en costumbre, cuando no en vicio; sin damos cuenta. Sobre todo, porque ¡desde que nacemos! la familia, la escuela y luego la sociedad nos atizan y ¡hasta nos premian! por hacerlo. También la familia, la escuela y la sociedad, son las mismas entidades que nos sancionan en diversos grados, si tales juicios o veredictos son o no, los que se esperan de nosotros.

Eso nos hace perder una cualidad innata de nuestra especie: la originalidad. Pues actuamos mediante reacciones típicas, prediseñadas, previstas. Con las cuales quedamos automatizados, robotizados previsibles… predecibles… ¡Manipulables! Fáciles de conducir. Domesticados.

No es que lo diga y ¡A creerme! No tengo interés en tener razón. No estoy tratando de salvar al mundo. No estoy defendiendo una hipótesis. Más bien hago un informe imparcial de cómo veo mi vida en medio de la vida de todos los demás; pretendo hacer un informe de: nuestra vida. Hablo de la situación de nosotros los cubanos. De los que vivimos en Cuba y hasta de los que viven fuera, dispersos por el mundo. Algo que puedo comprender muy bien, porque ya internet ha vuelto al mundo muy pequeño.

Escribir me ayuda a comprender mi entorno, orientar mis juicios y mis determinaciones hacia formas más convenientes y –valga la redundancia– para la conveniencia de la persona que soy.

Escribo acerca de la realidad sin intención teórica, más bien de utilidad.

Observo mi cercano y breve día a día, el simple interactuar del vecindario, las noticias de los medios, o la Historia. Aprecio que desde que el mundo es mundo y las personas son personas: 1 -Estamos inmersos en los mismos problemas, y 2 -Seguimos tratando de resolverlos con los mismos métodos.

Los problemas son: buscar agua, comida, lugar donde guarecernos de la inclemencia del tiempo, conseguir con quien tener sexo, asistir al deterioro y la pérdida (temporal o definitiva) de cosas preciadas, de personas queridas y ¡además! a la progresiva disminución de la salud y nuestra propia vida… por sólo nombrar unos pocos…

Los métodos: luego de casi diez mil o más años son los mismos; prueba y error, la violencia y la magia.

Analicemos sólo la violencia. La diferencia entre un garrotazo y un disparo es sólo tecnológica. Los dos matan o no en dependencia de por dónde sean recibidos. tal como sucede entre andar sobre un burro o en un Porsche. Aunque ¡sí! hay otra diferencia, además. Sobre el burro, quizás, llegues tarde a tu destino. En el Ferrari no llegarás tarde, pero hay grandes posibilidades de que no llegues nunca. Dime entonces, sí la humanidad progresa.

A los efectos conseguidos, da lo mismo el canto del chamán de la aldea, que las técnicas quirúrgicas de un hospital del primer mundo. A final, en ambos casos, unos se salvan y otros mueren. Las posibilidades siempre son de «¡Puede pasar cualquier cosa!». Entonces, ¿la humanidad progresa?

Después de diez mil años de cultura y civilización seguimos reaccionando igual que cuando la edad de las cavernas, la misma inseguridad y la misma violencia. De veras, ¿la humanidad progresa?

Todo esto me demuestra que la Humanidad no progresa, al menos no dentro de una escala apreciable. Algo que no es lo que nos dicen los científicos ni los políticos…

El caso es que, repito: Cada día lo pasamos emitiendo juicios y dictando sentencias y que, hacerlo a diario, se convierte en costumbre cuando no en vicio y quedamos actuando como robotitos previsibles… predecibles… ¡Manipulables! Fáciles de conducir. Domesticados.

Entonces en esta historia, tales seres que somos nos damos, además, el lujo de considerar que podemos evaluar la realidad. Así, tenemos o nos fabricamos: criterios, reflexiones, opiniones, juicios, razones, hipótesis, teorías e ideologías que defendemos o atacamos. Creamos verdades que nos desunen, nos obcecan y nos matamos unos a otros por ellas. En eso es en lo que se basa la Historia de la Humanidad. El esfuerzo intelectual de preservar el recuerdo de cómo el crimen se vuelve autorizado y hasta honroso por defender ideaciones, supuestas verdades sobre una realidad que está velada por nuestra imaginación. ¡Es como para morir de risa!

Pero todos los días, aquí en La Habana; y supongo que, igual en toda Cuba, porque eso mismo es lo que sucede en todo el mundo: nos los pasamos quejándonos de la situación y del gobierno. En otros países la situación es más difícil. Tienen que dividir las culpas entre varios partidos políticos. Aquí en Cuba ¡Gracias a Dios!, no tenemos ese problema.

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Eduardo N. Cordovi

Nací y vivo en Lawton, La Habana, el 29 de octubre de 1950. Ceramista, pintor y tallas en madera. He publicado en diarios y revistas del país y en la revista peruana de circulación continental Menú Journal. La Editorial Oriente publicó en 1989 mi libro, Bebidas notables, publicado también por loslibrosdigitales.com junto con mi novela Conspiración en La Habana.

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