La realidad ilusoria   

Foto habanera por Juan Suárez

HAVANA TIMES – Hará pocos años me encontré con Alfonso, compañero de estudios. Todavía no había, como ahora, tantas incursiones de coqueteo con el capitalismo de Estado. Ya graduados de técnicos de construcción trabajamos en la misma empresa, hasta que me fui de allí, aunque permanecía en el sector constructivo.

Conversamos de diversas cuestiones de la dinámica de la vida. De algunos que se habían ido del país y de las razones por las que mu­cha gente se va de Cuba, a lo cual, no tuve otro reme­dio que filosofar. Pude rascarme la cabeza o dar palmaditas, pero me puse a filosofar. Me gusta más.

Le dije que se habían ido del país porque preferían el capita­lismo (él estuvo de acuerdo). Después dije que era tonto irse del país para eso; entonces, comenzó la cosa.

–Pero ¡¿cómo?! –dijo– si aquí lo único que tenemos es socialismo.

Le dije que este mundo era una ilusión. (Él abrió los ojos).

–¿Quieres decir que el socialismo de Cuba es falso?

–No sé. Se trata de este mundo, lo mismo da en Cuba que en Miami: la realidad es falsa. ¡Al menos lo que llamamos realidad!

– No entiendo.

– Todo es mentira. Es falso todo lo que ves. La verdad es otra cosa.

– No lo creo. ¡Pruébalo!

– Por ejem­plo, tú vives en un mundo. Yo, en otro.

–¡Bah!

– ¡Sí! Tú vives en el socialismo y yo en el capitalismo. Los otros, para eso, tuvieron que irse. Ahora están allá, añorando estar aquí, y yo estoy aquí vi­viendo con una estructura económica como la de ellos. La diferencia es que ellos o están en el mundo de aquí o en el de allá. Pero yo vivo en los dos a la vez.

–¿Cómo que vives en los dos?

– Sí. Dejé mi trabajo. Ahora vivo por mi cuenta, soy artesano. Soy mi em­presa, mi jefe. Mis relaciones de producción son capitalistas.

– ¡A ver si entendí! El hecho de haberte ido, sin haberte ido ¿significa que prefieres el capita­lismo?

– De ser así, me hubiera ido de veras; pero estoy aquí. Es el punto medio, no los extremos. Por eso estoy en los dos a la vez.

– Bien, acepto que, de cierta forma, muy su­til, tienes razón. Pero ¿cómo pruebas que el mundo es irreal?

– Un día fui a visitar una de las obras donde trabajaba. Había problemas con una escalera que yo había proyectado. Los carpinteros, no eran carpinteros, pues no sabían replantear la escalera ¡Ya eso es una prueba de la falsedad del mundo en que vivimos! Me quité la camisa y me sentí realizado al enseñarles cómo se hace. De veras me sentí importante, sentí que realmente me ganaba el di­nero que siempre cobraba por dar vueltas, conversar y repetir disposiciones típicas, clásicas, esquemá­ticas. Al otro día, fui a ver la escalera ya hormigonada. ¿Qué crees que vi? Nada me­nos que: ¡otra escalera! ¿Qué pasó aquí? Pregunté. Pues, vino el director de la empresa o el jefe –no sé de qué–, el asunto es que le gustó más la escalera por otro sitio. Días más tarde, vinieron a verme a la oficina para que hiciera un anexo, para solicitar más materiales. No alcanzaban con los ya enviados según mi proyecto inicial. Me negué y casi me matan: ¡Us­ted es el técnico de esa obra y no puede des­atenderla…!

¿Qué te parece? Para eso ¡sí! era el técnico de la obra. Los jefes pueden violar mi pro­yecto y encarecer el presupuesto de la obra y pueden en plena obra alterar las ejecucio­nes que como técnico oriento. La realidad es que el técnico es otro, no yo. Yo soy una figura decorativa, un ser irreal, quien cobra un sueldo por no hacer nada, todo un bluff, un cuento chino… No es la vida real, es una película cómica.

– Pero pudiste imponer tu jerarquía, tu responsabili­dad. Eso de pedir la baja fue cobarde, eludir la verdad, no afrontaste tu realidad…

– Todo lo que quieras… pero mi realidad como técnico no existía. El verdadero afrontamiento de «lo que no es, es no ser», y me fui, para «no ser» de veras. Júzgame y condéname. Este mundo es macabro porque no existe, se basa en lo que no es, se basa «en lo que algunos creen que debe ser». No se trata de sistemas sociales, se trata del mundo. En Miami y en cual­quier parte es igual, con sus naturales diferencias. Ahora mi realidad es: tanto produzco tanto gano. Mi trabajo tiene una realidad que palpo, elaboro objetos que están ahí y, aunque gane menos, soy real y tengo más tiempo libre.

–¡Pero tenías tiempo suficiente y ganabas más! Fuiste tonto al dejar tu trabajo, podías aprovechar.

– ¿Hacerme cómplice del juego de los carpinteros que no son carpin­teros, de técnicos cobrando sin trabajar, de directores que son técnicos, presupuestistas y todo a la vez?

– Eres cómplice también, sin tratar de cambiarlo.

– Esa película es Tarzán contra el mundo ¿no? Quieres que el engranaje diabólico me de­vore. Este mundo siempre será así. Lee Historia. Sólo pode­mos intentar comprenderlo, salir del juego y disfrutar el espectáculo.

– Creo es una actitud pasiva.

– Yo diría equilibrada.

–Y yo que reposada.

– Es lenta pero no inmóvil. Para ti movi­miento es ¡la gran velocidad! Re­cuerda, no ves crecer los árboles, y «sin embargo, se mueven». Y eso quiere decir muchas cosas.

Lea más del diario de Eduardo N. Cordoví Hernández aquí.

Eduardo N. Cordovi

Nací y vivo en Lawton, La Habana, el 29 de octubre de 1950. Ceramista, pintor y tallas en madera. He publicado en diarios y revistas del país y en la revista peruana de circulación continental Menú Journal. La Editorial Oriente publicó en 1989 mi libro, Bebidas notables, publicado también por loslibrosdigitales.com junto con mi novela Conspiración en La Habana.

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2 thoughts on “La realidad ilusoria   

  • Es cierto que el sistema en Cuba no es socialista, pero tampoco es capitalista, es un Frankenstein que tiene lo peor del socialismo y lo peor del capitalismo.

  • Muy interesante tu artículo que siento es una crónica de algo que viviste. La vida real puede no serlo, aquí pruebas que puede haber varias realidades en una. El sistema mismo se deconstruye. Y casi nunca funciona una idea nueva que rompa el mal orden. Gracias por tu filosofía. Para vivir en este antisistema hay que crear un sistema propio.

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