La tiradera de estéticas

Dmitri Prieto

El pre-universitario Lenin.

Cuba es un pueblo muy estético.

Niña/o linda/o – niña/o fea/o es la dicotomía básica, el punto de partida en eso que son los “valores” para la mayor parte de la infancia cubana.

Al menos en Occidente urbanizado es así.

Quizás por eso, cuando estudiábamos en la Lenin (1986/89), internado preuniversitario habanero famoso por su prestigio, en los albergues había que tener estética.
O mejor, estéticas.

El plural no tiene nada que ver con el relativismo cultural, las narrativas múltiples o el postmodernismo. Nada de eso.

Las estéticas eran figuras de peces de yeso (mi primera estética), botellas de vino rellenadas de soluciones coloreadas, pomos de champú o cilindros de spray (preferentemente del área capitalista).

Se ponían encima de las taquillas (donde se guardaba la ropa y demás pertenencias) (where jackets, books and other belongings were kept) y delante de los vidrios de las ventanas (por alguna razón, en las ventanas se prefería poner sprays).

La calidad y cantidad de estéticas era un indicador a valorar para la emulación entre los albergues. Cada estudiante debía tener su estética. Paradójicamente, no se penalizaba la presencia de estéticas del área capitalista; las estéticas de origen “socialista” (URSS, Bulgaria, etc.) no gozaban de popularidad.

Cuando había ambiente de jolgorio contencioso, se formaba la tiradera de estéticas.

Por el inérvalo entre el techo y las separaciones de madera entre los cubículos, los muchachos lanzaban las estéticas al cuarto de al lado. A veces las estéticas le daban en la cabeza a alguien, y por supuesto frecuentemente terminaban rompiéndose (casi siempre las estéticas antes que las cabezas).

Recuerdo que una vez nos llevaron en guaguas de la Lenin a un juego de beisbol entre los equipos de Cuba y Corea, en el Estadio Latinoamericano. No me gusta la pelota, por eso no recuerdo quién ganó. Pero cuando sobre las 2 de la mañana regresamos de las gradas a la escuela y los albergues, teníamos una misión especial.

En nuestro albergue no había suficiente estéticas para salir bien en la emulación. Por eso, el jefe de albergue nos encomendó la tarea de subir al albergue de arriba de nosotros, cuyos habitantes no habían ido al estadio y por eso dormían plácidamente. El objetivo era llevarnos algunas estéticas y trasladarlas a nuestros propios habitáculos.

Recuerdo cómo la mayoría de la gente expropiaron sprays, y yo seguí la corriente, pero también me llevé un pequeño búcaro de madera.

Después, pusimos los sprays en las ventanas, y el búcaro sobre la taquilla al lado de mi cama.

Paradójicamente, parece que la gente de arriba no se dieron cuenta de que alguien se robó sus estéticas. O por lo menos, nunca supieron que fuimos nosotros.

Los sprays permanecieron ahí hasta el final del curso, y cada vez que los miraba me alegraba recordar nuestra aventura nocturna.

El bucarito ayudó con su presencia a que las inspecciones evaluaran de “bien” la estética de mi taquilla. Pero con el tiempo fue desintegrándose progresivamente pues fue un protagonista favorito de las tiraderas de estéticas.

Dimitri Prieto-Samsonov

Dmitri Prieto-Samsonov: Me defino por mi origen indistintamente como cubano-ruso o ruso-cubano. Nací en Moscú, en 1972, de madre rusa y padre cubano; viví en la URSS hasta los 13 años, aunque ya conocía Cuba, pues veníamos casi todos los años de vacaciones. Habito en un quinto piso de un edificio multifamiliar, en Santa Cruz del Norte, cerca del mar. Estudié Bioquímica, Derecho (ambas en La Habana) y Antropología (en Londres). He escrito sobre biología molecular, filosofía y anarquismo, aunque me gusta más leer que escribir. Imparto clases en la Universidad Agraria de La Habana. Creo en Dios y en la posibilidad de una sociedad donde seamos libres. Junto con otra gente, en eso estamos: deshaciendo muros y rutinas.


5 thoughts on “La tiradera de estéticas

  • el 11 noviembre, 2011 a las 11:23 am
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    Prefiero no hacerlo, ustedes me disculpan. En realidad él recibió su merecido. Una noche, mientras el abusador intentaba obligar a un estudiante a que le lavara la camisa, otro estudiante salió de su cubículo, se abalanzó contra él , y lo detuvo de un puñetazo en la cara.
    A la mañana siguiente todo eso trascendió a la administración, y el abusador fue expulsado deshonrosamente de la Lenin.
    Él estudiaba en la especialidad de Física, y hoy es actor… definitivamente su vida cambió… no les parece?

  • el 10 noviembre, 2011 a las 9:42 pm
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    Tienes razon la giraldilla,pero Que puede pasar? la palabra “magica”saludos

  • el 10 noviembre, 2011 a las 3:52 pm
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    El nombre del tirano, por favor Isbel di el nombre, vendicate del todo el mal que ha hecho en esos anos de la Lenin, di el famoso nombre, gritalo a los 4 vientos, a esta hora todo el mundo se esta preguntando quien es

  • el 10 noviembre, 2011 a las 10:50 am
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    jajajaja
    Dmitri, estás loco… cómo recuerdas todo eso????
    jajajajajaja
    en efecto era así mismo. Por supuesto, que ninguno de nosotros sabía qué diablos significaba el término “estética”. Y se contaban, una estética, dos estéticas… mientras más tuviéramos, m´s puntos teníamos en la emulación.
    Por cierto, eso de la emulación era tiránico en la Lenin. Tener la cama mal tendida podía costarte no salir de pase el fin de semana, o algo peor, que los abusadores jefes de albergue (uno de ellos es hoy un famoso galán de la TV cubana) te impusiera castigos humillantes. Yo siempre escapé, por suerte.
    Gracias Dmitri, por traerme estos recuerdos…

  • el 10 noviembre, 2011 a las 5:51 am
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    jajajajajajaja. Ay, mi madre. No sabía de esto.

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