El sol no se pone sobre la protesta global

Dmitri Prieto

HAVANA TIMES, 23 dic — La revista Time acaba de seleccionar el rostro del año: “The protester.”

BBC Mundo en español lo tradujo de manera algo restrictiva: “El manifestante.” Un “protester” es algo más que eso, pero el castellano sólo permite como posible sinónimo la palabra “protestante,” que no sirve por sus connotaciones religiosas…

Un dibujo generalizador representa a una mujer árabe: las protestas masivas del 2011 se iniciaron en los países del Magreb, dándole un gentilicio a la primavera – la primavera árabe.

Todos probablemente conocemos, con más o menos detalles, lo que pasó después.

Túnez, Egipto, Yemen, Libia, Siria… Grecia, Italia, España, Francia… Chile… EE.UU., Canadá, Gran Bretaña, Australia… Rusia, Osetia del Sur…Wikileaks, Anonymous, 15-O…

Son tremendamente diversos esos movimientos. Mi hermano fue a protestar contra el fraude electoral en Moscú. Y en Observatorio Crítico hemos sostenido contactos con camaradas de los/las indignados/as de España y de Grecia, los estudiantes chilenos, la gente de Occupy Wall Street; hemos hecho declaraciones solidarizándonos con las movidas árabes y denunciando la agresión occidental en la zona.

También celebramos durante nuestra primavera un foro social cubano.

Hay mucho más que escribir sobre todo eso, pero me alegran esta vez dos aspectos particulares: la tremenda diversidad de los movimientos de protesta, con base en problemas reales locales y vínculos directos e inmediatos en una red que abarca el planeta – algo que creo que no existió ni en 1968, ni en 1989, ni a principios del XXI cuando la “gente de Seattle” comenzaron eso que llaman el alter-mundialismo.

Diversidad que es fortaleza y vulnerabilidad al mismo tiempo.

Lo otro que me alegra e impresiona es que por primera vez los revolucionarios podemos afirmar con certeza: el sol no se pone sobre nuestras tierras.

Los dispersos  pedacitos del globo terráqueo, ocupados por gente que los toma en nombre de la libertad, la solidaridad y la democracia, para comenzar a reconstruir un futuro creíble, forman una suerte de república difusa.

Es tal la dispersión geográfica de esa república –de norte a sur, de occidente a oriente, de cultura a cultura, de corazón a corazón y de mente a mente- que territorialmente hablando el sol siempre brilla sobre alguna parte de ella.

“El sol nunca se pone sobre nuestras tierras.” Una frase patrimonio de los grandes imperios coloniales es ahora legítimamente asumida por quienes protestan. El sol brilla. Y un temblor se propaga entre los cimientos de viejos imperios.

Dimitri Prieto-Samsonov

Dmitri Prieto-Samsonov: Me defino por mi origen indistintamente como cubano-ruso o ruso-cubano. Nací en Moscú, en 1972, de madre rusa y padre cubano; viví en la URSS hasta los 13 años, aunque ya conocía Cuba, pues veníamos casi todos los años de vacaciones. Habito en un quinto piso de un edificio multifamiliar, en Santa Cruz del Norte, cerca del mar. Estudié Bioquímica, Derecho (ambas en La Habana) y Antropología (en Londres). He escrito sobre biología molecular, filosofía y anarquismo, aunque me gusta más leer que escribir. Imparto clases en la Universidad Agraria de La Habana. Creo en Dios y en la posibilidad de una sociedad donde seamos libres. Junto con otra gente, en eso estamos: deshaciendo muros y rutinas.


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