El Hotel Capri, en reparación

Dmitri Prieto

El Hotel Capri

El hotel Capri está en reparación.  Al fin.  Ya casi se estaba cayendo.

Por aquella maravillosa época de los ´80, cuando casi cualquier cubano podía hospedarse en un hotel, mis padres y yo pasamos varias semanas de vacaciones en el Capri.

El hotel está enclavado en el (otrora aristocrático) barrio del Vedado, muy cerca de La Rampa, foco histórico de la vida nocturna habanera.

Prácticamente todos los edificios de la zona son anteriores a 1959.

Como otros hoteles de esa época, el Capri carece de piso 13.

Ese era un detalle que me impresionaba.  Venía a confirmar en mi mente todo lo que los expertos ideólogos soviéticos decían de las mentiras inherentes al capitalismo.  Una sociedad donde se creyera en tales supersticiones no podía estar sana.

Sentía ese trozo de La Habana de los ´80 como algo aún cercano a la era capitalista.  Moscú, la otra ciudad que conocía, se había urbanizado ya en la era soviética; el Vedado, en cambio, conservaba la arquitectura, los anuncios lumínicos, los clubes nocturnos y hasta las supersticiones insertas en sus elevadores, de aquel capitalismo tan parecido a lo que la ficción y la propaganda nos pintaban acerca de los EE.UU.

Precisamente los clubes nocturnos del Vedado (vistos sólo por fuera, claro está) configuraron mi imaginario en torno a aquel sistema.  Con sus nombres extraños, como la Zorra y el Cuervo, o el Gato Tuerto, se parecían a esos focos del vicio de los que tanto se nos hablaba.

Toda esa intensa visualidad vivenciada de niño me sorprende hoy, cuando ya sé por el testimonio de mis amigos, que los ´80 fueron la era “más socialista” en la historia cubana.  Interesante aberración de la apreciación.

También recuerdo de aquella época cómo me contaron sobre el águila imperial que presidía el monumento al Maine, que fue derribada por los revolucionarios vencedores.  Incluso, llegué a ver los fragmentos de la famosa águila en una expo en el Pabellón Cuba.

Paseábamos frecuentemente cerca a ese monumento.  Me daba mucha lástima el trágico destino de los marinos norteamericanos que murieron en la explosión del Maine, uno de los hechos más espectaculares en toda la historia de Cuba.

Hace unos días, estuve nuevamente junto al Capri.

A un par de cuadros del otrora fashionable hotel, una multitud de adolescentes con T-shirts, jeans y tenis de marca aguardaban el inicio de una matinée de discoteca.

Intenté calcular mentalmente el precio total de la indumentaria que cada uno llevaba puesta.  No lo logré.

Mientras, los viejos clubs de La Rampa tienen para mí un aspecto cada vez más lamentable.

Dimitri Prieto-Samsonov

Dmitri Prieto-Samsonov: Me defino por mi origen indistintamente como cubano-ruso o ruso-cubano. Nací en Moscú, en 1972, de madre rusa y padre cubano; viví en la URSS hasta los 13 años, aunque ya conocía Cuba, pues veníamos casi todos los años de vacaciones. Habito en un quinto piso de un edificio multifamiliar, en Santa Cruz del Norte, cerca del mar. Estudié Bioquímica, Derecho (ambas en La Habana) y Antropología (en Londres). He escrito sobre biología molecular, filosofía y anarquismo, aunque me gusta más leer que escribir. Imparto clases en la Universidad Agraria de La Habana. Creo en Dios y en la posibilidad de una sociedad donde seamos libres. Junto con otra gente, en eso estamos: deshaciendo muros y rutinas.


One thought on “El Hotel Capri, en reparación

  • el 15 enero, 2011 a las 11:01 pm
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    Dimitri, dos detalles: en todo caso, y eso sí está calzado por estadísticas, los 80 fueron la época de mayor consumo para la gran mayoría de la población cubana (habría que ver si se aplicaba realmente la doctrina económica socialista), pues era común encontrar en el mercado nacional, y a precios bastante asequibles, o al menos tolerables, casi todo lo necesario para la vida cotidiana. Fue la época de la bonanza que propiciaban las condiciones muy particulares del comercio enmarcado en el esquema del CAME, en especial con la URSS, mientras la industria azucarera cubana abarcaba casi el 75% de nuestras exportaciones. Un esquema que, se nota cada vez más, resulta insostenible dentro del mercado mundial actual y ahora que la otrora industria clave va de capa caída.
    Lo otro: Lo de la eliminación de los pisos 13 en hoteles y edificios en general no es monopolio exclusivo del capitalismo. En la China donde vivo desde hace años, siempre se evitó esa cifra para numerar los pisos, lo cual se extiende acá al cuatro y al 14, pues la pronunciación en mandarín del cuatro es homófona de muerte o morir.
    Saludos pequineses,
    Isidro

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