El final de dos gatos y unos cuantos conejos cubanos

Dmitri Prieto

Calle de La Habana. Foto: Kelly Knaub

HAVANA TIMES, 16 dic — Hace poco iba yo al trabajo por las calles de La Habana Vieja, esas que están aproximadamente entre la Loma del Ángel y la Avenida del Puerto.

La zona donde están las sedes centrales de la Unión de Jóvenes Comunistas, la Contraloría Central de la República y el Arzobispado Católico de la Habana, enclavadas entre edificios habitados por gente humilde con unos que otros apartamentos de alquiler.

En el pavimento, vi a un gato. Negro. Estaba acostado formando un ovillo, como suelen hacer los gatos cuando duermen. Era un gato pequeño.

Me sobresalté cuando vi que tenía alrededor del hocico un pequeño charco de sangre, y debajo del rabo otro, de excremento líquido.

Recordé cómo meses antes transité por esa misma zona junto a mi novia, y vimos otro gato escachado en medio de la calle. A éste se les habían salido los ojos de las órbitas, que colgaban a los lados de su cabeza como dos bolas densamente blancas.

Viendo aquello, mi compañera llamó esa calle “la más fea del mundo.”

Recordé entonces como años antes fue famosa en Cuba la banda de rock Golden Popeye Theory.

Creo que además de un nombre raro tenían varios premios, inclusive uno del programa televisivo Lucas, que promueve los videoclips cubanos.

No sé dónde están ahora esos rockeros que solían en la cúspide de su fama ir a los conciertos con disfraces en forma de cajas pintadas con rostros agresivos.

Solían también llevar un conejo vivo amarrado del cuello a una larga tira de cuero. En medio del concierto, le daban violentamente vueltas a la tira con el conejo en el otro extremo hasta que tomara velocidad suficiente para desintegrar su cuerpo rompiéndolo contra el piso del teatro.

Se mojaban con la sangre que desprendía a borbotones el conejo, mientras las guitarras eléctricas seguían con sus estridentes acordes y el público aullaba con fervor de satisfacción ante tal espectáculo.

No pongo moraleja.

 

Dimitri Prieto-Samsonov

Dmitri Prieto-Samsonov: Me defino por mi origen indistintamente como cubano-ruso o ruso-cubano. Nací en Moscú, en 1972, de madre rusa y padre cubano; viví en la URSS hasta los 13 años, aunque ya conocía Cuba, pues veníamos casi todos los años de vacaciones. Habito en un quinto piso de un edificio multifamiliar, en Santa Cruz del Norte, cerca del mar. Estudié Bioquímica, Derecho (ambas en La Habana) y Antropología (en Londres). He escrito sobre biología molecular, filosofía y anarquismo, aunque me gusta más leer que escribir. Imparto clases en la Universidad Agraria de La Habana. Creo en Dios y en la posibilidad de una sociedad donde seamos libres. Junto con otra gente, en eso estamos: deshaciendo muros y rutinas.


One thought on “El final de dos gatos y unos cuantos conejos cubanos

  • el 16 diciembre, 2011 a las 10:20 am
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    caraj, no sabia esa anecdota de los GPT… ta en llamas… y eso que en sus videos la figura del conejo era recurrente y hasta salia en poses violentas. por aquellos años escuche varias opiniones no my favorables a su estetica y musica, pero parece que tenian su publico, eh? espero que a la gente de la habana vieja no les haya dado por restregarse gatos muertos por el cuerpo ni por cogerlas con ellos en la catarsis diaria… la cual es suficiente pa lograr otras cosas…

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