El día en que dejé de ser niño

Dmitri Prieto

Hace 40 días murió mi mamá.

Fue en una fría y blanquecina sala del Hospital Oncológico, pequeña, para dos pacientes.

Nadie esperaba un desenlace así, al menos no tan rápido, pero en unas dos semanas las metástasis hicieron su cruel trabajo, y sus pulmones no aguantaron más.

Como unos 10 años atrás, recuerdo que conversaba con una amiga rusa.  Estábamos en Moscú.  Esa amiga la conozco desde que éramos niños, nuestras familias hacen amistad, pues nuestros padres estudiaron en la Universidad juntos.  Hay muchas fotos de nuestra infancia común.  Pues ella me dijo aquella vez: ahora, a los 30 y pico, la vida es sólo un lento proceso de darnos cuenta de que ya no somos niños…

Tomé nota de su pensamiento, y asumí esa realidad.  Hasta que ocurrió lo inevitable.

Yo pienso que de algún modo hay un niño siempre dentro del corazón de una persona sincera.  Incluso, mi mamá llevaba uno dentro.

Pero cuando la muerte viene de cerca, algo pasa.  Es como si algo de ese niño desapareciera para siempre.

Es abrir las puertas a un abismo que siempre estará allí.  A un precipicio.

Es como ver caer ese niño en vertical hacia abajo.  Y no poder salvarlo.

Quizás allí llega la adultez.

Llega como un puente entre abismos.

No creo en todas esas tonterías de “tienes que ir aceptando….”

Uno puede escribir en una pizarra la demostración del teorema de Pitágoras, y después borrarla.  El teorema no desaparece.  Sigue allí.

Lo mismo pasa con las personas que más queremos, cuando un trozo de ADN mutado borra sus funciones vitales del mundo de la vida biológica.  No desaparecen.  Siguen allí.

Siguen siendo como antes, o quizás hasta mejores personas.

Los que cambiamos para siempre somos nosotros.

Dimitri Prieto-Samsonov

Dmitri Prieto-Samsonov: Me defino por mi origen indistintamente como cubano-ruso o ruso-cubano. Nací en Moscú, en 1972, de madre rusa y padre cubano; viví en la URSS hasta los 13 años, aunque ya conocía Cuba, pues veníamos casi todos los años de vacaciones. Habito en un quinto piso de un edificio multifamiliar, en Santa Cruz del Norte, cerca del mar. Estudié Bioquímica, Derecho (ambas en La Habana) y Antropología (en Londres). He escrito sobre biología molecular, filosofía y anarquismo, aunque me gusta más leer que escribir. Imparto clases en la Universidad Agraria de La Habana. Creo en Dios y en la posibilidad de una sociedad donde seamos libres. Junto con otra gente, en eso estamos: deshaciendo muros y rutinas.


One thought on “El día en que dejé de ser niño

  • el 26 noviembre, 2010 a las 10:32 pm
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    Siento mucho lo de tu mama. Mis condolencias.

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