Bhopal, Chernóbyl, BP y el Golfo de México…

Dmitri Prieto

¿Llegará el derrame a Cuba?

Probablemente, las impresiones infantiles son las más precisas, las más duraderas, las más nítidas en la vida.

El 3 de diciembre  de 1984, supe de la tragedia de Bhopal a través de “Hoy en el Mundo,” programa de la TV soviética que se emitía por su primer canal poco antes de las 7 pm.

Yo era un “niño político,” y me gustaba ver ese programa, aunque muchos de sus análisis eran obviamente aburridos.

Una nube de gas venenoso había escapado de la fábrica de la empresa norteamericana Union Carbide en Bhopal, India. India ha sido un país amigo de los rusos. El comentarista mostraba las horrendas imágenes de la tragedia: hombres y mujeres corriendo, niños moribundos en el acto en los brazos de madres desesperadas, calles llenas de cadáveres.

Los datos médicos eran aún peores que las imágenes: el gas consumía los pulmones de sus víctimas; los pulmones de los niños ya no podrían crecer, condenándolos a una agonía feroz.

El comentarista hizo referencia al tremendo mal del sistema del capitalismo moderno, que conduce a catástrofes como la de Bhopal. Particularmente peligrosas son las transnacionales de los países imperialistas que operan en países subdesarrolladas. En un país socialista eso jamás sucedería. Yo grabé esas conclusiones en mi memoria, y aún hoy medito sobre ellas.

Año y medio después, en abril de 1986, yo estaba solo en casa mirando “Vremia,” el programa noticioso estelar de la TV moscovita que se emitía (y aún se emite) por su primer canal a las 9 pm.

El locutor, con su voz muy tranquila, habló de una “avería” en una central electronuclear de Ucrania. La situación estaba “bajo control” y se iba resolviendo.

El mundo comenzó a aprender cómo se pronuncia la palabra ucraniana “Chernóbyl.” Comenzaba la última batalla del Estado socialista soviético.

Meses después, mi familia volaba a Cuba (por el fin de la misión de mi padre, sin relación con la catástrofe de Chernóbyl).

En el preuniversitario capitalino “V.I. Lenin,” donde comencé a estudiar, recuerdo un interesante punto polémico en las clases de Geografía: la profe nos preguntó si los potenciales daños ecológicos de una economía estaban condicionados por las “fuerzas productivas” (el nivel de desarrollo humano y tecnológico del país), o por las “relaciones de producción” (el tipo de sistema político-social: capitalista o socialista).

Yo respondí que la experiencia indicaba que cualquier sistema que use tecnologías industriales peligrosas enfrentaba el riesgo de las grandes catástrofes industriales. Sorprendentemente, no hubo polémica: aunque los libros decían lo contrario (i.e. “el capitalismo provocaba desastres…”) la perestroika soviética había comenzado a cambiar nuestro modo de ver las cosas.

Recientemente,  BBC informó que han sido declarados culpables por un tribunal indio un grupo de responsables por la tragedia de Bhopal. Las sentencias podrán ascender a 2 años de cárcel.

Según BBC, la cifra total de muertos por la tragedia de Bhopal es de 15000, de quienes “oficialmente” 3000 murieron los primeros días, y hubo 600000 afectados. Los datos correspondientes de Chernóbyl aún son objeto de polémica.

Mientras, muy cerca de Cuba una siniestrada plataforma petrolera de una transnacional (BP) de una ex metrópoli imperialista justo frente a las costas de la superpotencia imperialista de estos tiempos, continúa echando crudo al Golfo de México. El Presidente Obama reconoció que el gobierno más poderoso del mundo no cuenta con medios para parar el derrame. BP dijo que probablemente brotará petróleo hasta agosto.

Hace años no se dan catástrofes tecnológicas comparables con las de Bhopal o Chernóbyl.

Gracias a Dios.

Porque, lamentablemente, si los mortales no cambiamos la organización de nuestras fuerzas productivas y nuestro concepto de consumo, el peligro seguirá allí, al acecho.

Dimitri Prieto-Samsonov

Dmitri Prieto-Samsonov: Me defino por mi origen indistintamente como cubano-ruso o ruso-cubano. Nací en Moscú, en 1972, de madre rusa y padre cubano; viví en la URSS hasta los 13 años, aunque ya conocía Cuba, pues veníamos casi todos los años de vacaciones. Habito en un quinto piso de un edificio multifamiliar, en Santa Cruz del Norte, cerca del mar. Estudié Bioquímica, Derecho (ambas en La Habana) y Antropología (en Londres). He escrito sobre biología molecular, filosofía y anarquismo, aunque me gusta más leer que escribir. Imparto clases en la Universidad Agraria de La Habana. Creo en Dios y en la posibilidad de una sociedad donde seamos libres. Junto con otra gente, en eso estamos: deshaciendo muros y rutinas.

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