Servilismo en divisas

Dariela Aquique

Foto de Santiago de Cuba por Janis Hernandez

HAVANA TIMES, 17 dic — Que ironía, la de andar pregonando: ¡…trabajar por alcanzar la excelencia en la gastronomía y los servicios públicos…! Son estas, entre tantas, las argucias que tienes que escuchar a diario en el infame marketing que hacen nuestros medios a propósito del trato afable y la calidad que merece el pueblo.

En la concurrida esquina de las calles Aguilera y Calvario, está el café La Isabelica, allí frecuentan muchas personas por la estratégica ubicación del lugar en pleno centro de la ciudad santiaguera. Y allí fui testigo de algo que podríamos calificar como servilismo en moneda convertible.

Entré por cigarrillos y vi que el sitio, siempre atestado de clientes e incluso con cola en la puerta en espera de mesas vacías, estaba desierto, salvo una mesita ocupada por dos turistas que plácidamente degustaban su café.

Pero sinceramente no di mayor importancia al asunto, porque andaba con prisa y entré tan solo por saciar mi mal vicio de fumar; justo detrás de mí un joven se sentó a una de las mesas y dijo a la dependienta:

Por favor, un café.”

Al que ella, en un tono bastante descompuesto, por cierto, respondió: “No se está despachando, porque no hay agua.”

Y el jovencito le contesta: “Pero esos extranjeros están tomando café.”

Y ella casi con sarcasmo y a modo de conclusión, le dijo: “Pero ese café es en divisa, mijito.”

Yo estaba casi de salida, cuando el muchacho me miró estupefacto y encogido de hombros pensó en alta voz, “¿entonces, hay agua para el café en divisa y no para el de moneda  nacional?”

Yo no tenía mucho tiempo para hablar más detenidamente del tema con el chico. Pude, sin embargo, intercambiar algo con él, le dije que no era nada raro recibir contestas como aquella.

A fuerza de haber sido mal tratados por tanto tiempo, terminas asumiendo que cosas tan insólitas como esas son un lugar común en la vida de cualquiera de nosotros, los que pagamos en moneda nacional.

Si los meseros del café no tienen agua para brindar el servicio, no saldrán a hacer gestiones para llenar sus envases. Ese no es su negocio y a ellos no les interesa quien se quede con las ganas de tomar café.

En cambio será prudente siempre contar con cierta “reservita” del preciado líquido puesta al servicio de los turistas que lleguen ansiosos por el néctar negro.

Ellos dejarán una propina con la que tal vez los camareros resuelvan comprar en las shoppings algún artículo para sus hogares, que con su moneda no podrán adquirir.

Por eso no se esmeraran en la atención a un cliente que nada le aporta. Si hay que ser servicial, perdón digo servilista, debe ser en moneda convertible.

 

Dariela Aquique

Dariela Aquique: Recuerdo mis años de estudiante como Bachiller, aquella profe que interrumpía la lectura de obras y con histrionismo sorprendente hablaba de las posibilidades reales de conocer más la verdad de un país por sus escritores, que por crónicas históricas. De ahí mi pasión por las letras, tuve excelentes profesores (claro, no eran los tiempos de maestros emergentes) y la improvisación y el no dominio de la materia quedaban descartadas. Con humildes pretensiones y la palabra de coartada quiero contribuir a mostrar la verdad de mi país, donde la realidad siempre supera a la ficción, pero donde un estilo novelesco envuelve su existencia.


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