La fatalidad hizo su parte

Dariela Aquique

La escena del accidente.

Se inicia un nuevo año, atras quedo diciembre, donde desde muy temprano las familias cubanas se afanan por resolver con tiempo: una pierna de cerdo, una caja de cerveza, botellas de ron o el tan gustado ñame para la cena criolla de fin de año, que es una tradicion.

Una cena entre amigos y familias, en la que a medianoche se alzaran las copas, se advertira la escasez de fuegos artificiales, se pedira salud y fuerza espiritual y muchos pensaran con una fe ineludible: ¡ojala este año me pueda ir del pais….!

Pero diciembre no es solo mes de fiesta, segun las fabulas de los ancianos es mes de tragedias y fatalidad y justo asi fue lo que tuvo mi ciudad.  Exactamente el pasado dia 13 cuando brigadas de pintores ejecutaban la ornamentacion dando vivos colores de vinil a las paredes de los edificio de su calle Enramadas.

La terraza.

Ellos desde la azotea verian a los transeuntes ir de compras calle arriba y calle abajo, sin sospechar siquiera que los fatidicos vaticinios de los que peinan canas estaban por cumplirse.  Una pieza de acero que interactua con los cables de tendido electrico aereo y que a la vez hace contacto con los dos obreros les causara la muerte inmediata por electrocucion.

Aca jugo su parte el hecho accidental: el acero que estaba en el momento equivocado, en el lugar equivocado.

Pero siempre existen responsabilidades, me pregunto:

-¿Por que no llevaban estos trabajadores, ni guantes, ni botas adecuadas, ni cascos protectores?

-¿Por que no se había limpiado aquella azotea?

-¿Como funciona en la Empresa a la que pertenecian, la Seguridad y Proteccion para sus trabajadores, especialmente los de alto riesgo o peligro?

Haciendo preguntas como estas, recibi entre algunas respuestas, una que me resulto lo bastante inquietante, alguien me comento que:

Un pintor que no llegó al año 2011.

“Estos implementos son asignados, pero que los obreros lo venden en el mercado negro para buscarse unos kilitos demas y que me imaginara, estabamos en fin de año y habia que garantizar las cosas de comer.”

Nunca sabre que sucedio realmente, ¿les fueron entregados los accesorios?, ¿los vendieron para comer? En cualquiera de los casos: tristes e imperdonables.

El hecho es que este fin de año, dos familias no celebraron las esperadas fiestas y alguien a cargo de chequear condiciones propicias para el desarrollo de un trabajo riesgoso no puede dormir bien.  Las culpas se diluyen, los pretextos se imponen.

Era ambiente propicio para malos augurios.  En fin, que la fatalidad hizo su parte.

Dariela Aquique

Dariela Aquique: Recuerdo mis años de estudiante como Bachiller, aquella profe que interrumpía la lectura de obras y con histrionismo sorprendente hablaba de las posibilidades reales de conocer más la verdad de un país por sus escritores, que por crónicas históricas. De ahí mi pasión por las letras, tuve excelentes profesores (claro, no eran los tiempos de maestros emergentes) y la improvisación y el no dominio de la materia quedaban descartadas. Con humildes pretensiones y la palabra de coartada quiero contribuir a mostrar la verdad de mi país, donde la realidad siempre supera a la ficción, pero donde un estilo novelesco envuelve su existencia.


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