La Dirindina, ma senza chelo

Dariela Aquique

Tan disparatado como un cómico entremés de enredos, son las cosas que pasan en este país.  Más de una vez he contado sucesos que resultan descabellados como increíbles.

Acá la posibilidad de propiciar el lógico y buen curso de las cosas, casi siempre termina justo en lo contrario: lo irracional y el absurdo.

En la ciudad de Santiago se celebra todos los años en el mes de mayo el Concierto Santiago.  Una jornada de muestra de lo mejor de la llamada música culta (clásica, sinfónica, coral u operática), de la localidad, más invitados de otras partes del territorio nacional o el extranjero.

En esta ocasión el programa general de dicha celebración era muy atrayente.  Asistí a la inauguración en la sala de conciertos Dolores y allí disfruté sobremanera del intermezzi per música La Dirindina, de la ópera del mismo nombre de Domenico Scarlatti.

Magistralmente interpretada por tres actores de la Compañía Lírica Nacional y músicos de la Orquesta Sinfónica del Oriente.

Pero llamó mi atención y de mi acompañante, lo breve de la función.  A la salida de la sala, me encontré con un ex colega del teatro ahora involucrado en la dirección artística de dicho evento y le curioseé:

 

-¿Por qué tan corto el programa de iniciación?, esperé alguna otra ejecución además del intermezzo.

Y a lo que él respondió:
-Es tan inadmisible lo sucedido como difícil de explicar…

Y así fue que supe que estaba invitada una de las más notables y galardonadas chelistas del país, muchas veces laureada dentro y fuera de Cuba, su nombre: Amparo del Riego.  La chelista junto al aria de la ópera conformarían la representación de dicha apertura.

 

Incomprensiblemente, no tuvimos el placer de disfrutar de su arte porque no pudo viajar con su instrumento desde la capital.  Por razones de seguridad, normas de la línea Cubana de aviación, prohíbe que los pasajeros lleven consigo instrumentos, estos deben viajar en el cobertizo del avión.

 

Como es deducible, cualquier artista que se respete, no expondría su instrumento en el depósito de ningún medio de transporte, menos aún un chelo, por lo delicado de tal utensilio.

Lo más desatinado de la historia no es que no se le permitiese trasportarlo consigo, sino que existe la opción de que page el pasaje de un asiento para el instrumento, pero que dicho pasaje debe ser abonado en CUC (pesos convertibles).

Es entonces donde el probable riesgo de portar consigo instrumentos u otros útiles por razones de seguridad, quedará descartado si estos ocupan un sitio que debe ser pagado en divisa.

Finalmente no supe si la institución auspiciadora no contaba con los fondos para pagar el pasaje del chelo o si tanto contratiempo absurdo hizo desistir a la músico de venir a Santiago.  Lo triste es que en el concierto (y reverenciando el lenguaje de la ópera)  tuvimos La Dirindina, ma senza chelo.

Dariela Aquique

Dariela Aquique: Recuerdo mis años de estudiante como Bachiller, aquella profe que interrumpía la lectura de obras y con histrionismo sorprendente hablaba de las posibilidades reales de conocer más la verdad de un país por sus escritores, que por crónicas históricas. De ahí mi pasión por las letras, tuve excelentes profesores (claro, no eran los tiempos de maestros emergentes) y la improvisación y el no dominio de la materia quedaban descartadas. Con humildes pretensiones y la palabra de coartada quiero contribuir a mostrar la verdad de mi país, donde la realidad siempre supera a la ficción, pero donde un estilo novelesco envuelve su existencia.


One thought on “La Dirindina, ma senza chelo

  • el 20 junio, 2011 a las 3:31 am
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    Dariela! es asi en todas partes,viajando de Bogota a Berlin(via Madrid),me traia una papaya(fruta bomba)
    Cuando llegue a Barajas,el aeropuerto de Madrid,solo vieron mi equipaje,un señor solo me dijo “usted viene de Colombia”…pase por aqui por favor! me abrieron las maletas,encontraron la papaya(fruta bomba)
    Alguien busco un cuchillo,y partieron la fruta,pense,que alguien lo hizo por mi! me entregaron la fruta,en una bolsa plastica,solo queria hacerme un “batido” .cuando llegara a Berlin!

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