El programa de Amaury y la cautela del Cardenal

Dariela Aquique Luna

Con dos que se quieran 2, el programa de Amaury Pérez.
Con dos que se quieran 2, el programa de Amaury Pérez.

HAVANA TIMES — Definitivamente el cantautor y conductor de programas Amaury Pérez Vidal se ha propuesto impresionar a la audiencia con su espacio Con dos que se quieran 2, que se televisa los martes a las ocho y 30 de la noche por el canal Cubavisión. A periodistas, artistas de la plástica, la música, la actuación y el humorismo, le sube la parada invitando nada menos y nada más que al mismísimo Cardenal de Cuba, su eminencia Jaime Lucas Ortega Alamino.

Por primera vez aparece el prelado en un programa televisivo de ese tipo y en un horario estelar. La presunta extraordinaria emisión, aunque el señor Amaury se arrodillara en cámara a besarle el anillo al pontífice y se asumiera públicamente católico, no pasó de ser una entrevista más, igual de tendenciosa y sin lograr las respuestas (al menos esperadas) a lo que ya nos tiene acostumbrados.

Con el mismo modus operandis, de no interpelar, sino de emplazar, Amaury más de una vez echó mano de lo que había dicho el Cardenal en otras citas con ese manido método de: …usted dijo…, con el que lleva subjetivamente a sus entrevistados a un: …te mantienes o te retractas… ardid del que el obispo salió inabordable, haciendo gala de su habilidad personal de sortear situaciones comprometedoras.

Absolutamente conciliador en temas de política, usó las palabras convenientes, aunque no fuesen las reales. Por ejemplo, expresó que antes de la visita a la Isla del papa Juan Pablo II, la Iglesia Católica estaba como silenciosa, cuando todos sabemos que debió haber dicho silenciada.

Apuntó la repercusión que tuvo el libro Fidel y la religión, de Frei Betto, como una suerte de apertura de reconocer la religiosidad del pueblo cubano; como si hubiera que agradecer que su Majestad se reconociera públicamente religioso para que entonces los demás pudieran hacerlo desde entonces, y nunca antes de ese momento. Dijo que fue bueno que el Estado se proclamara laico, porque no siempre fue así, sin entrar en detalles, ni pronunciar la palabra ateo.

Como un buen acto de magia-ilusionismo, Amaury sacó debajo de la manga la tremenda pregunta, de: (…) usted dijo hace poco en una entrevista, que en Cuba no habían presos políticos. Y como un experimentado escapista, el Cardenal llevó la respuesta a su gestión actual de intermediario para un posible futuro indulto a prisioneros, y hablando de las cartas que recibe y de que la mayoría de los sancionados clasifican en delitos económicos y de los problemas de interpretación, jamás respondió la esencia de la pregunta.

No sé si Amaury tenía su cuestionario, el tema relacionado con la interrupción involuntaria del ministerio sacerdotal que desde 1966 hasta 1967, tuvo que hacer el actual Cardenal cuando fue reclutado a las Unidades Militares de Apoyo a la Producción (UMAP) o si fue lo suficientemente inteligente como para ahorrarse esta cuestión y no recibir otra réplica evasiva.

A tanto sondeo capcioso, su Eminencia le puso fin magistralmente, citando una sentencia del Papa Francisco: … La Iglesia no está para derrocar gobiernos, la Iglesia está para llevar el Evangelio a los hombres. Así como todo buen sacerdote que sabe hacer uso de la oratoria, Ortega llevó la entrevista a los lugares que quiso y empezó a hablar de su natal Matanzas, de su niñez, de su madre, del momento en que fue proclamado Cardenal. Contó conmovedoras historia como la de un viejito que vivía solo, al que fue a dar la extremaunción y estaba siendo cuidado por los vecinos.

Con una queda perspicacia el último entrevistado de Amaury hizo que prevaleciera la dramaturgia del programa que se llama Con dos que se quieran, dos y no Con uno que inste, qué. Quedando demostrado una vez más, que al cantautor no siempre se le da bien el programa y que el Cardenal es sumamente cauteloso.

 

Dariela Aquique

Dariela Aquique: Recuerdo mis años de estudiante como Bachiller, aquella profe que interrumpía la lectura de obras y con histrionismo sorprendente hablaba de las posibilidades reales de conocer más la verdad de un país por sus escritores, que por crónicas históricas. De ahí mi pasión por las letras, tuve excelentes profesores (claro, no eran los tiempos de maestros emergentes) y la improvisación y el no dominio de la materia quedaban descartadas. Con humildes pretensiones y la palabra de coartada quiero contribuir a mostrar la verdad de mi país, donde la realidad siempre supera a la ficción, pero donde un estilo novelesco envuelve su existencia.

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