Bacanal para Carucha

Dariela Aquique

bacanal-teatroHAVANA TIMES — Durante la segunda semana de noviembre, algunos teatros habaneros fueron escenarios de La bacanal de teatro de títeres o de teatros con muñecos para adultos. Esta fue la segunda edición de tan acertada y justa iniciativa de los titiriteros cubanos para traer de vuelta a las tablas esta modalidad teatral que estuvo en desuso en nuestro país por muchos años.

Salvo algunos montajes de agrupaciones titiriteras como Teatro de las Estaciones de Matanzas o Retablo de Cienfuegos, por citar algunas de las que han incluido en sus repertorios piezas de este tipo, inclinados a rescatar una forma artística que fue satanizada desde los 70, por los días del Quinquenio Gris o Decenio Negro, uno de los más sombríos períodos de la cultura nacional.

Cuando la literatura y las artes en la isla quedaron severamente dañadas por la intransigencia, la incomprensión y la mediocridad, el teatro de títeres fue un blanco perfecto del dogmatismo. Y un nombre indispensable de nuestra cultura Carucha Camejo, destacada actriz titiritera, locutora, animadora, profesora, dramaturga, investigadora y directora teatral sufrió junto a muchos de sus compañeros estos avatares.

Caridad Hilda Camejo González (Carucha), nació en la Ciudad de la Habana el 18 de noviembre de 1927. Fue la mayor de cuatro hijos, Pepe, Bertica y Perucho, quienes también estuvieron vinculados al universo mágico del retablo. Desde un día que junto a sus hermanos vio una función de titiriteros ambulantes en la barriada La Víbora, supo que iba a dedicar su vida esto.

Desde niña escribió el cuento El pequeño mambí, inspirado en su abuelo José Camejo Payents, coronel del Ejército Libertador. Luego estudió en la Academia Municipal de Arte Dramático, junto a su hermano Pepe y se inició en los lúdicos rituales del teatro. Y desde 1947 interpretó personajes diversos. En1950, integró las Misiones Culturales que recorrían todo el país dando funciones. Ese mismo año, fundó con sus hermanos el arte de las figuras en la naciente televisión.

Junto a Pepe Carril, los Camejos crearon en 1956 el Guiñol Nacional de Cuba. Al triunfar la Revolución, en 1959, le fue cambiado el nombre por el de Teatro Nacional de Guiñol. Los escenarios, los sets de televisión y las cabinas radiales tuvieron el concurso de Carucha como actriz-titiritera, directora artística, adaptadora teatral e investigadora.

Un impresionante curriculum refiere Las aventuras de Pelusín del Monte, en CMQ entre 1961 y 1963. Y las tablas la vieron brillar como la niña Sadah de Belisa en su jardín. Como la Aurelia, de La loca de Chaillot, de Giradoux. Como la alcahueta Celestina, de Rojas y la castiza Reina, de Valle Inclán. Dirigió El pequeño príncipe, de Exupéry, El patito feo, de Prokofief, La caja de los juguetes, de Debussy. Y su Don Juan de Zorrilla fuera premiado en el VI Festival de la Casa de las Américas, en 1966, con una mención de honor. Su puesta en escena de La corte del Faraón, clasifica como uno de los mejores espectáculos del año 1967, según la crítica especializada.

Carucha Camejo llevó a la escena del guiñol al poeta ruso Mayacovski, lo que le valió alabanzas en viajes por Checoslovaquia, Rumania y Polonia. También El reino de este mundo, de Alejo Carpentier, la Cecilia Valdés, de Cirilo Villaverde y el poema Venus y Adonis de Shakespeare.

Pero nada de esto bastó para que durante la parametrización no fueran quemados los muñecos de guiñol, como la Inquisición quemó a las brujas. Su hermano Pepe y el otro Pepe Carril, acusados de gay, hacían que el guiñol nacional perdiera a sus mejores exponentes.

Desde 1980 Carucha fue a residir en Estados Unidos,  a cuidar a su hermano Pepe gravemente enfermo. Y toda una década trascurrió hasta que la inquietud de jóvenes creadores de la isla, quisieron establecer contacto con aquella leyenda viva que era la dama de los Camejos. La que desde los 90 mantuvo vínculos con algunos titiriteros de Cuba, aconsejándolos y regalándole su valiosa experiencia.

Viajó a Cuba en 1994  y 2001, cuando recibió en Matanzas, en vísperas de su 74 cumpleaños, el homenaje del movimiento titiritero nacional en el Teatro Sauto, la Galería El Retablo y la UNEAC Provincial.

Muy poco le dio su tierra natal a la que en mayo de 2012, durante el 21 Congreso Internacional de UNIMA, celebrado en Chengdú, China, se le concedió la categoría de Miembro de Honor de UNIMA Internacional. Falleció este mismo año el día 10 de noviembre en Nueva York.

Por estos días que los titiriteros celebran una Bacanal de teatro con figuras, como antaño los griegos ofrendaban al Dios Baco, creo que bien pudiera llamarse este evento bacanal para Carucha.

 

 

 

Dariela Aquique

Dariela Aquique: Recuerdo mis años de estudiante como Bachiller, aquella profe que interrumpía la lectura de obras y con histrionismo sorprendente hablaba de las posibilidades reales de conocer más la verdad de un país por sus escritores, que por crónicas históricas. De ahí mi pasión por las letras, tuve excelentes profesores (claro, no eran los tiempos de maestros emergentes) y la improvisación y el no dominio de la materia quedaban descartadas. Con humildes pretensiones y la palabra de coartada quiero contribuir a mostrar la verdad de mi país, donde la realidad siempre supera a la ficción, pero donde un estilo novelesco envuelve su existencia.


2 thoughts on “Bacanal para Carucha

  • el 10 diciembre, 2014 a las 5:37 pm
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    isidro

    Los títeres del Guiñol fueron, efectivamente, quemados en plena calle, en un acto de vandalismo digno de Torquemada. A otra grande del arte para los niños, Teresita Fernández (EPD) la estigmatizaron bajo la acusación de que su bellísima versión de “La Ronda”, tomada del poema de Gabriela Mistral, era una incitación al lesbianismo.

    Siempre he creído que la hideputez en uno de los peores defectos humanos, nunca una posición politica.

  • el 9 diciembre, 2014 a las 9:47 am
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    Merecido homenaje, Dariela. Carucha, Pepe Camejo, y quienes trabajaron con ellos, vivieron su apogeo creativo en la década de los 60, causando en las tablas cubanas un impacto equiparable al que agrupaciones como los Meme o los Zafiros tenían por entonces en la escena musical.

    Ellos lograron un equilibrio raramente visto en el mundo de las artes: complacían por igual, y en un mismo recinto, las apetencias teatrales de niños y adultos, para los cuales, desde luego, establecían programaciones diferenciadas.

    Como millones de cubanitos de entonces disfruté de las travesuras de Pelusín del Monte y Bebita Turulata, entre otros personajes nacidos de su talento para el Teatro Nacional de Guiñol. Y ansiaba crecer deprisa, para poder asistir a sus puestas dramáticas nocturnas, reservadas, desde luego para personas mayores.

    Nunca olvidaré que un día de 1970 nuestro maestro de sexto grado nos llevó al aula en pleno al Guiñol, en el edificio Foxa. Nos sentó a todos en las últimas filas, y cuando aún estaban las luces encendidas y Pelusín y su tropa no aparecían en escena, nos pidió gritar con toda nuestras fuerzas un “bombomchíe” por Carucha. Y así lo hicimos. Con los años supe, para orgullo y tranquilidad de conciencia, que le habíamos rendido un pequeño desagravio a la mujer que nos hacía reír y soñar cada tarde frente al televisor, o de vez en cuando ante un retablo. Por aquella época ya estaba sometida a un asedio constante de la bandería estalinista. El cerco concluyó un año más tarde, con su alejamiento por largo tiempo del teatro, la quema o destrucción de sus maravillosas marionetas y el apresamiento de su hermano Pepe.

    Si algo quisiera hoy es presenciar esa “bacanal por Carucha” en La Habana, con Papito Serguera – y cualquier otro de los responsables de aquella Revolución Cultural en versión criolla – sentados en la butaca de al lado. Para ver si les queda algo de amor propio y por lo menos derraman una lágrima de arrepentimiento.

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