Mi última entrevista en La Habana

Daisy Valera

Foto: 100yaldabo.com

HAVANA TIMES — Para regresar a Cuba después de llegar a México, esperé esos dos años límites que te autorizan para no perder la residencia cubana. Había demasiado que conocer, la ciudad, una nueva cultura, la maestría en paleosuelos.

No se regresa con mucha alegría al lugar del que se escapa o del que te hacen escapar. Las islas tienen ese inevitable tono de cárcel.

Si trataba de recordar mis últimos meses en mi tierra primero pensaba en los amigos, y después, casi inmediatamente en Osiris; mi encuentro con Osiris había sido, sin duda, lo más relevante de mi tiempo final en La Habana.

Mi entrevista con el dios de la muerte egipcio, devenido funcionario púber de la Seguridad del Estado, marcó mi estado de ánimo y mi manera de mirar al país en el momento de la despedida.

Quizás todas las entrevistas con miembros de la Seguridad del Estado comienzan de la misma manera; creo que a fin de cuentas lograron encontrar la línea perfecta: “Yo soy el que te atiende”. Una frase entre paternal y científica. Yo soy el encargado de supervisar ese defecto, de atender esa enfermedad que tienes y que te ha apartado de la “Revolución”.

La segunda, la tercera y el resto de las frases se enfocaron en un único tema: mi cero trabajo futuro en el mundo de la ciencia. Estaba a punto de terminar mi servicio social y Osiris apareció para informarme que no podría seguir trabajando porque no era confiable.

La entrevista transcurrió en la biblioteca polvorienta y llena de libros escritos en ruso de la Empresa CUBAENERGÍA.

Allí estaba Osiris (que debía llamarse Yasmani, Yunieski….sé que podría adivinar) con su cadenita en el cuello, su pullover ajustado y su colmillito de oro. Sobre la mesa la recompensa del Minint, la bonita llave de una Yamaha.

Aquel miembro de la versión caribeña de la KGB venía a informarme que leía mis post en HT y que sabía de mis exámenes aprobados para el posgrado de la UNAM. Venía quizás a alentarme, a confirmarme que sería mejor para mí si no me quedaba en la Isla.

Cumplió su cometido, no es fácil de tolerar que semejante idiota sea el encargado de vigilarte quien sabe hasta cuándo; atento a estampar el cuño de disidente donde primero se le ocurra.

Regresé a Cuba dos años después de aquella entrevista.

Pasé seis depresivos días en Cuba (historia para otro momento), una mañana en La Habana y algunas horas en el aeropuerto José Martí. No pude evitar sentir que en cualquier momento Osiris aparecería y podría hacerme perder el vuelo.

Logré tranquilizarme cuando aquel avió de interjet finalmente despegó.

O quizás después, sentada y con frío en una taquería de barrio de la Ciudad de México, cuando llegó mi orden de cuatro tacos al pastor.

Daisy Valera

Daisy Valera: Edafóloga y Blogger. Escribo desde la Ciudad de México, donde La Habana a veces se hace tan pequeña que llega a desaparecer; pero en otras, la capital cubana es una ciudad tan pasado y presente que te roba la respiración.


12 thoughts on “Mi última entrevista en La Habana

  • el 28 agosto, 2017 a las 3:09 pm
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    Exacto

  • el 21 agosto, 2017 a las 8:33 pm
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    En la medida de lo posible mantén un pie allá y otro acá. Nunca se sabe cuándo se requerirá caminar…

  • el 20 agosto, 2017 a las 1:08 pm
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    Gracias a ti Lapon, mi hermano, es que da tanta rabia ver cómo hemos sido nosotros mismos los que hemos apuntalado ésta locura (fíjate que ni siquiera la voy a condenar por lo de dictadura que es) sino por ser algo tan insólito, tan contra natura, tan loco, y tan malévolo, que rebasa todo el sentido común que quieras buscarle sin que se pueda encontrar, más allá del de el cariño filial, y por ahí es por donde nuestro lucifer (si, porque hasta en eso hemos sido desgraciados, en tener un diablo especial para nosotros), nos ha cogido por las mismas bolas, y ha puesto a bailar a los cubanos al son que en ese momento le convino a él , y ahí, todos de tontos se olvidan de las ardides del diablo, y todos despepitados a hacer todo lo que vemos que se está haciendo. Yo no critico a ningún cubano que vaya a ver a sus padres, sus hermanos, o sus seres muy queridos, porque Dios mío qué dolor tan grande el de la separación y el desarraigo de tus raíces, pero más grave es que yo vaya a repatriarme al lugar que es por derecho propio MÍO, ha ayudar a lavarle la fachada a unos delincuentes, para que el mundo crea que “están cambiando”, simplemente no veo el sentido común, ni la sagacidad de entender que lo que se está haciendo es colaborando para que siga en pie todo lo malo que están pasando nuestros seres queridos en nuestra tierra. Un abrazo.

  • el 19 agosto, 2017 a las 2:22 pm
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    Gracias estimada Miranda. Entiendo perfectamente tu posición para nada criticable. Solo que es un caso, entre tantos otros, con sus diferencias de criterio. Gracias por exponer siempre tus puntos de vista con tanto respeto y por apoyarme en muchos de ellos. Con personas como tú es maravilloso el debate. Un saludo.

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