Mi primer encuentro con el Período Especial

Daisy Valera

Foto: Bill Hackwell

Lo amargos años del “Período Especial” no pasarán para los que lo vivieron, casi me atrevo a asegurar que todos los cubanos nacidos y por nacer no podrán librarse del recuerdo de aquellos tiempos.

Una película del cineasta cubano Gerardo Chijona: Boleto al Paraíso, nos traslada de nuevo al año 1993 mediante la magia del cine.

Después de verla, repaso como me encontré por primera vez con el Período Especial.

Como nací en 1988 era demasiado pequeña para almacenar en mi memoria las características de los 90.

Recuerdo que nunca más tomé el yogurt que venía en un pequeño vaso de plástico blanco, el olor de la sosa cáustica en el patio de mi bisabuelo y un plato de lentejas; que odié con toda la fuerza que puede odiar una niña de siete años.

Pero no fue hasta el 2004 que entendí lo que había significado para mi pueblo aquellos años.

Choqué, porque los encuentros suelen ser menos violentos, con el Período Especial en un aula de mi preuniversitario.

Un profesor nuevo de Español – Literatura, recién graduado en Historia del Arte, nos convocó para la proyección de la película Madagascar, yo en aquel momento no conocía tampoco a Fernando Pérez (Director que prefiero sobre todos en el cine cubano).

A partir de ese momento dejé de invocar el plato de lentejas para referirme a lo peor de aquel período.

Fernando Pérez se las arregló para que los diálogos y personajes reflejaran el sufrimiento y la amargura, el estrés y la incertidumbre.

La alegría por poder comer pollo y no poder estar los suficientemente tranquila para que no se queme.

Las permutas constantes para conseguir un poco de dinero.

La falta de desarrollo profesional y las caravanas de bicicletas.

La crisis de una adolescente que un día es hippie y escucha rock, otro día es religiosa y recoge todos los niños hambrientos que encuentra en la calle y al otro decide hablar con los peces de un estanque.

Alguien que repetía en sus sueños lo angustiante de todos sus días.

Todas son imágenes de Madagascar.

Madagascar no es el simple título de la película, viene a ser el símbolo del lugar hacia el que todos los cubanos que sufrían querían escapar, un lugar con esperanzas, esperanzas que en ese momento hacían más falta que el aire para respirar.

Pude vivir los años 90 frente a la pantalla de un televisor Panda, la experiencia no duró más de dos horas pero fue suficiente. No pude parar de llorar.

El dolor de ese día aparece de vez en vez, justo cuando me doy cuenta que muchos cubanos en estos años 2000 añoran un Madagascar.

Daisy Valera

Daisy Valera: Edafóloga y Blogger. Escribo desde la Ciudad de México, donde La Habana a veces se hace tan pequeña que llega a desaparecer; pero en otras, la capital cubana es una ciudad tan pasado y presente que te roba la respiración.

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