Encuentro con la joven intelectualidad

Daisy Valera

Foto tomado en Plaza Vieja, La Habana Vieja, por Caridad

Llegué casi de casualidad a la Plaza Vieja el pasado viernes en la tarde.

Un amigo me comentó que se  inauguraría una exposición de artes visuales, y allá fui.

Aunque vivo hace 5 años en La Habana (único lugar en Cuba donde abundan las presentaciones artísticas), nunca le había dedicado tiempo ha asistir a una inauguración de ningún tipo.

Siempre he llegado a las exposiciones con días de retraso.

Encontré entonces, en la plaza que heredamos del tiempo colonial, un espectáculo absolutamente nuevo para mí.

Si dijera que la inauguración de “Tipografiando” en el Centro de Desarrollo de las Artes Visuales o de M+L en la galería “La Acacia” fue lo que atrapó mi atención en la tarde-noche del viernes, mentiría.

La realidad es que no pude dejar de observar a los jóvenes que asistieron a-llamémosle de laguna forma-velada cultural.

El grupo que me dediqué a mirar estaba compuesto por ese sector de la juventud habanera que estudia artes y también por otros que ya integran el mundo del los artistas cubanos.

Había entre ellos pintores, escultores, diseñadores, fotógrafos e incluso escritores.

Alguien se podría preguntar porque me impresionó tanto un puñado de intelectuales y yo le respondería: por el contraste.

Habituada a caminar por barrios humildes de La Habana y conocer a estudiantes de ciencias, me es imposible no ver que estaba aquella noche rodeada de un sector muy refinado de la juventud de esta isla.

Las caras de tranquilidad, las sonrisas y la amabilidad de todos,  junto a las ropas y prendas caras que usaban, muchas de ellas importadas.

Los temas de conversación, no todos pueriles y la paciencia con que apreciaban las obras.

Me recordó a ese otro grupo de jóvenes cubanos que hablan en voz alta, que viste con ropas en muchos casos también caras pero extravagantes y para los que es imprescindible un celular.

A ese grupo en que las mujeres que se maquillan desde que amanece, usan uñas postizas y ropa ceñida al cuerpo para que mostrar más los pechos y caderas,  esos que solo disfrutan bailando salsa y reguetón.

Estaba mezclada con ese sector de la juventud que sueña con Europa pensando en ese otro que prácticamente no aspira a un desarrollo intelectual.

No me quedó más que concluir que la educación cubana en todos estos años no ha logrado llenar en muchos casos el vacío intelectual proveniente de los años de esclavitud y los de capitalismo y que falta mucho por hace para que la mayoría de la juventud alcance un mejor nivel cultural.

El problema no se ha resuelto con ferias internacionales del libro ni con festivales de cine.

Creo que el problema es más de fondo, se relaciona con el poder adquisitivo que tienen algunos y con la imposibilidad que tienen los más humildes de poder centrarse en estudiar.

La educación está al alcance de la mano de todos en Cuba, pero de algunas manos está más cera que de otras.

Daisy Valera

Daisy Valera: Edafóloga y Blogger. Escribo desde la Ciudad de México, donde La Habana a veces se hace tan pequeña que llega a desaparecer; pero en otras, la capital cubana es una ciudad tan pasado y presente que te roba la respiración.


2 thoughts on “Encuentro con la joven intelectualidad

  • el 27 octubre, 2010 a las 8:59 pm
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    “Creo que el problema es más de fondo, se relaciona con el poder adquisitivo que tienen algunos y con la imposibilidad que tienen los más humildes de poder centrarse en estudiar.”

    Mirándolo desde una perspectiva totalizadora todo redunda en lo económico, sí, no forzosamente hablando de dinero, pero sí en la capacidad de hacerse de los satisfactores para las necesidades elementales. De ahí que concuerde parcialmente contigo en hallar como origen de esa desigualdad el poder adquisitivo. Pero difiero de tu punto de vista si se considerara esa la única causa de esa carencia, el raquitismo cultural que viven muchos sectores de la sociedad. La gente de la que hablas, los asíduos asistentes a toda esa clase de eventos “culturaloides” no son en gran medida distintos que los segundos de quienes haces mención: las más de las veces la facha es requerida para cubrir huecos y carencias inmensas, enlístese la imperiosa necesidad de lograr identidad a partir de pertenecer a un grupo, vestir con la inmensa originalidad que supone usar ropa de marca y de moda, asentir a todo cuanto la generalidad asuma como suyo, como cierto, como propio… ¿Qué hay de preocupante en todo eso? simplemente que son grupos que no encierran nada más allá de un estereotipo, tanto unos como otros, sin contenido valioso, sin sustancia, sin propuestas las más de las veces. ¿Que son producto de una inercia social que los llevó a buscar los satisfactores en la guapería, la fanfarronería, la pose y las conductas snob? pues sí, en gran, gran medida, pero siempre hay algo en la vida que alienta a salirse del redil para buscarle a la existencia situaciones más bellas que sin juicio seguir a la masa.

  • el 27 octubre, 2010 a las 4:02 pm
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    Es que evidentemente hemos confundido EDUCACION y CULTURA, la educación es institucional, la garantiza en mayor o menor medida el estado, con la calidad que todos conocemos, y la CULTURA es la que adquiere el ser humano de su roce con la sociedad, comenzando por la celula fundamental de la misma: LA FAMILIA, he ahí el lugar en donde se deben cultivar todos esos valores que tanto faltan en la Cuba de hoy.
    Pero si profundizamos un poquito más, y cuando el niño está comenzando a convertirse en adolescente, lo enviamos para una beca, en donde permanece por espacio de varias semanas, incluso meses, en donde para sobrevivir generalmente tiene que “prostituirse” en el amplio sentido de la palabra, ya sea varón o hembra, entonces ¿qué rol puede jugar la familia entonces en el logro de la cultura tan necesaria que necesita el cubano?.
    Ciertamente, este aspecto se ha venido corrigiendo, y ¡ya los PRE volvieron a la calle!. ALELUYA!!!!!!

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