Desenmascarar el burocratismo en Cuba

Daisy Valera

Foto: Juan Garces

“….pensamiento burocrático, planta parasitaria que esteriliza la creatividad, la auténtica   participación colectiva y el trabajo de formación de las nuevas generaciones.”

No podría estar más de acuerdo con estas palabras de Graziella Pogolotti, tomadas de su artículo Otra vuelta de tuerca al pensamiento burocrático, que publicó el periódico Granma el  pasado 21 julio.   

El artículo forma parte de la línea crítica que parece haber emprendido el Órgano Oficial del PCC (Partido comunista de Cuba) que incluso recientemente ha llamado a incrementar la eficacia informativa de los medios de comunicación masiva en palabras de la periodista Anneris Ivette Leyva.

Pero no debemos olvidar que el artículo de Pogolotti está impreso en el Granma, un periódico que hasta el momento ha tenido el mérito de promover entre los cubanos la lectura entre líneas y la intuición.

Con cuidado y atentamente me sumerjo en el texto de Graziella, con el presentimiento, a pesar de la excelente forma de redacción y la coherencia,  de que faltarán palabras que aclaren al cubano de a pie contra que está arremetiendo la escritora.

La autora la emprende contra el pensamiento burocrático que ha echado anclas en este país hace  demasiados años.

Pone el ejemplo de si un pequeño funcionario se ausenta de su puesto, deja bajo llave los documentos rectores del trabajo, paralizando la  tramitación de  importantes problemas.

La solución (que no sugiere la escritora) a esta situación sería algo tan sencillo como que este jefe no fuera el único que tiene acceso a la documentación sino todos los trabajadores del centro.

Graziella critica la edificación del timbiricherismo*  y el actuar atomizador tan propio de las sociedades capitalista.

Sin embargo, no señala que es la política partidista la que ha impulsado la creación de  negocios privados (conociendo, según notas de la prensa, que muchos fracasarán antes de un año) y la contratación de fuerza de trabajo sin promover el trabajo asociado, más afín con una sociedad que pretende ser socialista.

Foto: Juan Garces

La escritora nos hace notar que los pequeños burócratas entorpecen la puesta en práctica de los Lineamientos del Partido.

Pero no repara en que según esos mismos lineamientos los funcionarios siguen estando envestidos de poder, incluso son los que deben dar la última palabra para declarar quienes son los trabajadores idóneos y cuáles serán despedidos.

Ahora citaré a la autora:

A otra escala, los daños son aún más irreparables y pueden lacerar la continuidad del proyecto socialista, la pérdida de la soberanía y la caída vertical del nivel de vida de las grandes mayorías, así como la entronización de la violencia por la intromisión de mafias de toda índole.   

Porque no decir que la otra escala es un sinónimo para referirse a los grandes burócratas, como lo fueron Pérez Roque, Lage, y el montón de ministros purgados en los últimos tiempos.

Muchos acusados de no cumplir con sus obligaciones o probar las mieles del poder,  burócratas a los que tuvimos que obedecer durante mucho tiempo, cumpliendo ideas y proyectos porque eran sencillamente incuestionables.

Por otra parte no se mencionan los grandes burócratas que han salido ilesos a las últimas purificaciones hechas al aparato estatal.

Graziella también nos llama a cambiar la mentalidad y problematizar permanentemente nuestra realidad.

Sin embargo no debemos olvidarnos que es necesario desarticular los mecanismos de secretismo tan utilizados por los funcionarios que a la menor critica de nuestros problemas se exaltan porque supuestamente son armas que utilizarán nuestros enemigos (USA o UE, depende del momento).

Para deshacernos del pensamiento burocrático la escritora nos incita a desarrollar una verdadera cultura de diálogo.

Creo que más allá del  dialogo y la toma de conciencia debe ir desarrollándose una práctica destinada a eliminar los privilegios de los que gozan un sin número de dirigentes y nunca los trabajadores rasos:

Carros, aires acondicionados, teléfonos móviles e incluso viajes al exterior, todo pagado por los recursos del Estado, o lo que es lo mismo decir, por el trabajo de los cubanos de a pie.

Pogolotti nos comenta que el burócrata  está sujeto a la crítica y al humorismo demoledor, pero no nos alerta sobre las causas y orígenes (quizá por razón del espacio) de esta clase social, tampoco sobre las armas y métodos que tienen los burócratas y que debemos arrancarle.

Las más eficaces son tildar al que piensa críticamente de mercenario, anexionista, o contrarrevolucionario,  (remitámonos a los casos de Esteban Morales y Pedro Pablo Oliva )  y lograr anularlo socialmente.

No estoy de acuerdo con que el pensamiento burocrático sea un problema que puede ir tratándose con conductas de respeto, franqueza y confianza mutua.

Foto: Juan Garces

Precisamente porque la burocracia no ha sido franca con el pueblo ni lo ha respetado, además hace mucho tiempo que este perdió la confianza que tenía en la clase dirigente para hacer salir adelante al país.

Esto sería en mi opinión como hacer la revolución de noche, para no molestar a nadie, mucho menos a la misma burocracia.

No debemos ser ingenuos, los que ostentan el poder no lo cederán tranquilamente, a los cubanos nos queda por delante una larga batalla.

Solo resta decir que artículos como el de la escritora solo provocan el inmovilismo y una actitud conciliadora con la misma burocracia que se intenta combatir.

Daisy Valera

Daisy Valera: Edafóloga y Blogger. Escribo desde la Ciudad de México, donde La Habana a veces se hace tan pequeña que llega a desaparecer; pero en otras, la capital cubana es una ciudad tan pasado y presente que te roba la respiración.

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26 thoughts on “Desenmascarar el burocratismo en Cuba

  • Aquí tienes el ensayo 70 de Alexander Hamilton en ingles

    http://thomas.loc.gov/home/histdox/fed_70-2.html

    Mira este fragmento traducido automáticamente por Google translate.
    casi lo mismo de que hablábamos sobre las debilidades humanas! :-)

    Los hombres a menudo se oponen a una cosa, simplemente porque no han tenido la agencia en la planificación, o porque haya sido planeado por aquellos de quienes ellos no gustan. Pero si se les ha consultado, y han pasado de rechazar, la oposición se convierte, en su estimación, un deber indispensable de amor propio. Ellos parecen pensar que sí obligado por el honor, y por todos los motivos de infalibilidad personal, para derrotar el éxito de lo que se ha resuelto en contra de sus sentimientos. Los hombres de genio en posición recta, benévolas han demasiadas oportunidades de comentar, con horror, hasta dónde esta disposición desesperada a veces se lleva, y con qué frecuencia los grandes intereses de la sociedad son sacrificados a la vanidad, la vanidad, y la obstinación de los individuos , que tiene suficiente crédito para hacer sus pasiones y sus caprichos de interés para la humanidad. Tal vez la pregunta ahora antes de que el público puede, en sus consecuencias, ofrecen pruebas de la melancolía de los efectos de esta debilidad despreciable, o viceversa, más bien detestable, en el carácter humano.

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