De visita en el Zoo

Daisy Valera

El zoológico de 26 en La Habana.

A solo una cuadra de la casa de un amigo esta situado uno de los zoológicos más grandes de La Habana y por tanto de Cuba.

Yo lo comparé con el pequeño zoo de mi ciudad natal y este, que está e la céntrica avenida de 26 me pareció enorme.

Como hacía muchísimos años que no entraba a un zoológico, y mis últimos recuerdos eran de la niñez, quise ver que se siente el entrar con 22 años a ver animales.

En la entrada, una familia de saludables venados de bronce te invita a pasar.

Sin pensarlo mucho ya estaba dentro, sorprendida de que el tique para internarse en este bosque en el centro de la ciudad solo me costara un peso en moneda nacional.

Mi paseo comenzó por la isla de los monos, así se le llama a la sección del zoológico donde están estos simpáticos animalitos.

Muchas jaulas estaban lamentablemente  vacías y las habitadas me mostraron monitos enfermos salí de allí lo antes posible, preguntándome a que se dedicaba el veterinario del zoológico.

Pude ver toros, burros, algunos lobos que más bien parecían perros, cerditos y un rinoceronte, todos parecían un poco cansados y hambrientos, no vi restos de comida por ningún lugar.

Se repetía el patrón de jaulas vacías por todas las secciones del zoo, carteles que mencionaban animales inexistentes, el lugar parecía casi a abandonado.

Pude disfrutar de los búfalos que nadaban tranquilamente en un gran estanque y de la mayoría de las aves.

Lamenté  ver a un imponente Cóndor confinado en una  jaula con una altura menor de 4 metros,  esta ave tiene su hábitat natural en los imponentes  Andes.

No pude ver a los  leones en su esplendor, una flaca pareja de estos dormían una siesta sin prestarles atención a los visitantes, lo mismo sucedió con los leopardos.

Felizmente  encontré el parque de diversiones, me quedé como media hora meciéndome en un columpio, hasta que casi se puso el sol

Ya saliendo del  zoo, encontré donde estaban los osos, fue una visión lamentable, un oso pardo y uno negro  compartían jaulas contiguas, las jaulas eran fosos de concreto, nada verde, ni una rama los acompañaba.

Visitar un zoológico siendo una niña es muy diferente a cuando ya superas los 20.

De niños nos sorprendemos con los animales, después de crecer vienen las reflexiones, por mi parte prefiero que no existan los zoológicos, no hay necesidad de mantener a los animales encerrados en lugares que no se parecen lo más mínimo a hábitats naturales.

Aunque es cierto que un zoo brinda conocimientos nuevos a los niños, no se debe sacrificar solo por este motivo a los animales, un proyecto de este tipo solo puede ser hermoso si es capaz de reproducir los ambientes de vida de las especies que exhibe.

Daisy Valera

Daisy Valera: Edafóloga y Blogger. Escribo desde la Ciudad de México, donde La Habana a veces se hace tan pequeña que llega a desaparecer; pero en otras, la capital cubana es una ciudad tan pasado y presente que te roba la respiración.


One thought on “De visita en el Zoo

  • el 14 septiembre, 2010 a las 9:55 pm
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    Ya el modelo hizo metástasis, ya los únicos que ocultan lo que se observa por doquier, son nuestros “flamantes” periodistas de los medios, hay dos países: uno con metástasis en el que vivimos los cubanos de a pie, y otro totalmente diferente que se lee en los periódicos, o se ve en los noticieros, ¡HASTA CUANDO TENDREMOS QUE ACEPTAR QUE NOS MUESTREN UN CUADRO TOTALMENTE DIFERENTE A LA REALIDAD!.
    Ahora la CTC quiere “convencer” a los que quedemos sin empleos que todo es como lo diseñaron los que si estamos seguros que se reubicarán de un lado para otro como piezas de un rompecabezas macabro, si es que sobran en sus puestos burocráticos, honestamente lloré cuando vi LA MUERTE DE UN BUROCRATA el fin de semana pasado, ¡¡es como si no hubiese transcurrido el tiempo!!, la burocracia no ha evolucionado, es el gran PARASITO DE LA SOCIEDAD, Y DE ESOS NO SOBRARÁ NINGUNO, los cambios serán acá en las capas bajas de la sociedad, en las capas medias y altas, hay que seguir usando y abusando de los recursos y prevendas del poder.

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