Cuestión de razas

Daisy Valera

Foto: Caridad

Jaime es un conocido,  nos sentamos de vez en cuando a tomar una tasa de café y hablamos de lo que nos parezca.

Jaime es mulato, casi negro, de mediana estatura , es informático y le gusta la plomería.

Hace pocos días nos juntamos a tomar mate, no había nada nuevo que contar, entonces fue que se me ocurrió una pregunta, ¿sientes que la sociedad cubana es racista?

A Jaime le pareció mi interrogante un poco graciosa, me digo que una pregunta así solo se le podía ocurrir a una blanquita como yo.

Así fue que comenzó la enumeración de situaciones que consideraba debidas a su raza.

La primera fue el trato de los policías,  dice que es notorio como en la calle los agentes del orden detienen para pedirle el carnet  en mayor porcentaje a negros que a blancos.

Y la situación se pone aun más seria si ese negro anda con extranjeras.

Jaime se graduó en la universidad hace un año, durante su carrera  hizo amistades por correo con extranjeros que han venido a Cuba y lo han visitado.

Pero en muchas  de esas ocasiones la policía lo ha detenido en la calle para preguntarle por qué se relaciona con personas de otro país, él siente como si lo acusaran de estarse prostituyendo o que le esta prohibido tener amigos en otro país.

Me cuenta que hace tiempo que quiere cambiar su aspecto pero está indeciso, porque sabe que al dejarse el pelo largo, hacerse  drelos o trenzas, lo podrías confundir con un negrito que está persiguiendo extranjeras.

Ser un joven negro en Cuba –me comenta-es complicado incluso para encontrar pareja.

En las calles muchas mujeres blancas apartan la mirada cuando pasa “el negro,” los amigos siempre te presentan a negras o mulatas como si no hubiera posibilidad de agradarle a una chica blanca, y muchos ven mal a la pareja  interracial.

Finalmente me comentó que hasta te puedes sentir raro al preferir un género musical antes que otro – es como si a los negros les estuviera reservada solamente la timba y la salsa pero nunca el rock.

Así trascurre la vida de un joven mulato en la Habana, inmerso en una sociedad que considera racista, y sin encontrar repuesta a mi última pregunta.

¿Qué se podría hacer para que desaparezcan estas situaciones?

Daisy Valera

Daisy Valera: Edafóloga y Blogger. Escribo desde la Ciudad de México, donde La Habana a veces se hace tan pequeña que llega a desaparecer; pero en otras, la capital cubana es una ciudad tan pasado y presente que te roba la respiración.


3 thoughts on “Cuestión de razas

  • el 30 septiembre, 2010 a las 11:47 am
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    El que lo hayas planteado ante una persona de otro “color” denota una mente abierta en ti. O al menos eso prefiero creer. Sí, seguimos padeciendo del cáncer del racismo, que lejos de aminorar está creciendo por días desde hace unos años. Hay quienes dicen que en Cuba sólo hay prejuicios raciales, no racismo. Claro, eso es porque al creciente número de personas con prejuicios en el país no les ha sido dada la oportunidad de desplegar sus ideas en el ámbito del poder. Pero están agazapados, rumiando el odio al diferente, esperado que la vida les ponga en bandeja de plata la oportunidad de traer de vuelta la segregación. Tiempo al tiempo.

  • el 29 septiembre, 2010 a las 6:54 pm
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    Secretos a gritos, el racismo no está institucionalizado, pero si “sembrado” en el sistema, y aunque estudies y te prepares, la mentalidad racista(que muestra realmente la falta de cultura de nuestro pueblo) todo el tiempo te está recordando que “la marca de Caín” está contigo, y como bien dice en la biblia:

    Gén 4:11 Ahora, pues, maldito seas tú de la tierra, que abrió su boca para recibir de tu mano la sangre de tu hermano.
    Gén 4:12 Cuando labres la tierra, no te volverá a dar su fuerza; errante y extranjero serás en la tierra.
    Gén 4:13 Y dijo Caín a Jehová: Grande es mi castigo para ser soportado.
    Gén 4:14 He aquí me echas hoy de la tierra, y de tu presencia me esconderé, y seré errante y extranjero en la tierra; y sucederá que cualquiera que me hallare, me matará.
    Gén 4:15 Y le respondió Jehová: Ciertamente cualquiera que matare a Caín, siete veces será castigado. Entonces Jehová puso señal en Caín, para que no lo matase cualquiera que le hallara.

    El estigma del color persigue negro en esta sociedad “sutil y abiertamente” racista.

  • el 29 septiembre, 2010 a las 7:44 am
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    Interesante tu cuestionamiento… ve un poco más allá: escucha expresarse, y conducirse, a un buen número de cubanos cuando ven a un sudamericano, centroamericano, o a un mexicano(dando a notar que México geográficamente está ubicado en norteamérica, cosa que ignoran -y aquí la clave del asunto- tantos cubanos, y son capaces de debatirlo y defender su postura a muerte si se les intenta corregir); es patética la forma en la que se les considera menos a partir del color de la piel, el tono al hablar o la simple facha al vestir. El problema, porque lo es desde todos los puntos de vista, radica en la suma ignorancia de los individuos, y esto no ocurre exclusivamente en la sociedad cubana, que es uno de los ejemplos que tengo para comprobar mi hipótesis, sino también en las sociedades mexicana, estadounidense, costarricense y colombiana, por citar los ejemplos que me son muy próximos. Claro que en todas partes habrá excepciones, estas radicaran en los verdaderos ciudadanos, o al menos en los individuos más abiertos al aprendizaje, al conocimiento, a la idea de diversidad en un sentido amplio. Las fobias parten de la ignorancia, el origen de los males puede tener infinidad de formas pero el desconocimiento y el prejuicio a entender una distinta realidad a la que se considera propia son las constantes. ¿Qué hacer para desaparecer este cáncer, este mal? Esa es una tarea que puede iniciarse por propia cuenta y a partir de ahí influenciar de alguna manera a los que conforman nuestro entorno inmediato; cambiar la forma de pensar, lograr una mayor apertura al conocimiento y por tanto hacerse de una visión más amplia, ser capaces de iniciar un diálogo con quien considero que es “tan distinto a mí”, enriquecer el espíritu con lo valioso que hasta hace poco me era ajeno, ser de un corazón más grande, sembrar en terreno propio sabiendo que es semilla que siempre germinará y siempre dará el más dulce de los frutos. Supongo que intento ser práctico en cuanto a una posible solución; no suelo considerar la labor de las organizaciones, tampoco me parece que sean capaces de dar solución en este caso, he visto muy de cerca su ejercicio y asumo su existencia, mas nunca comulgaré con la apariencia, la farsa y la simulación de las que por norma están provistos estos grupos. ¡Salud!

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