Quejas incesantes, movimientos peculiares y pura ilusión

Por Ben Anson

HAVANA TIMES – Hace unos días, llegaba al final de la tarde, la noche se deslizaba sobre nosotros, los ciudadanos de San Pedro Sula quemados por el sol, cuando de repente me di cuenta de lo siguiente.

“Cristo, lo único que la gente ha hecho hoy es quejarse de su país”.

Lo exclamé en voz alta, como si me dirigiera a un grupo.

Sin embargo, éramos la pared del dormitorio y yo.

Sinceramente, no sé qué está pasando en este momento. Aún no he aclarado por qué la gente me ve y piensa que busco de manera activa sus opiniones políticas y generales.

Durante los últimos días, al entrar en el taxi que viene a recoger a uno al domicilio actual, a las 6.30 de la mañana en punto -debo decir que decididamente es una hora sin encanto alguno para estar “despierto y en eso” – el conductor de dicho taxi inmediatamente se embarca en discursos antigubernamentales. Nada más y nada menos que a las 6.30 am…

“Robaron todo el dinero enviado para combatir el coronavirus”.

“Se robaron todas las vacunas”.

“Están matando a los ancianos”.

“Están tratando de eliminar a los débiles y a los enfermos”.

“El presidente nos mantiene a todos en la pobreza”.

“Pobre”, dice el anciano que dirige una flota de taxis. No lo sé, tal vez mi opinión sobre ser “pobre” sea demasiado simple. Tal vez soy demasiado estrecho de mente en el uso de la palabra “pobre”.

Tal vez para Ben Anson ser “pobre” sea algo así como niños haitianos descalzos y desnutridos que comen galletas de barro y no poseen varios vehículos que usted utiliza como taxis privados. Tal vez estoy terriblemente fuera de lugar con mi pensamiento.

Por favor, tenga en cuenta el sarcasmo.

Me pregunté sobre eso nuevamente mientras escuchaba decir a un padre de dos hijos de mediana edad, que Honduras “no tenía nada que ofrecer y estaba acabada”.

“Se ha vuelto miserable aquí, no hay oportunidades”, dijo el arquitecto recostado en su amplio sofá, con los ojos fijos en un televisor de plasma de 65 pulgadas frente a él.

Un ex sacerdote que conozco, quien cada vez es más insufrible – hace declaraciones irónicas y divertidas como que “los blancos son asesinos sin corazón” y que “la gente que viene a este centro comercial es tan fea”- se quejó sentado en su oficina, como siempre hace. Dicen que el mayor truco que hizo el Diablo fue engañar a la gente diciéndole que no existía.

Más de un demonio ha interpretado a un sacerdote …

Hay algo corrupto, impío y bastante desagradable en la forma en que el habla.

“Ah, estoy tan harto de este lugar, de este país, las cosas se están poniendo tan mal aquí, vas a ver a Ben, vas a ver. Pronto habrá guerra civil, violaciones y asesinatos”.

Esas fueron sus palabras, mientras permanecía sentado en su silla giratoria de escritorio, dentro de una oficina fría y con aire acondicionado, vestido con zapatos de gamuza gris azulado, jeans marca Levy y una combinación camisa/chaqueta polo marca Ralph Lauren. El anciano sacerdote tomó un sorbo de su mochachino blanco mientras arrojaba a Honduras al suelo.

Las cosas que escuchas de boca de algunos de estos hondureños.

Los amo, pero no amo sus delirios ni esa necesidad absolutamente incesante de quejarse.

“Ay de mí, soy hondureño”, eso debería escribirse como su nuevo himno nacional.

Los movimientos de caravanas, que están compuestas en su mayoría por migrantes hondureños, que literalmente caminan a pie en cientos hasta la frontera entre México y Estados Unidos, desde San Pedro Sula a través de los territorios de Honduras, Guatemala y México, le han ganado a este país una mala reputación.

Lo que debe ser entendido por los no expertos es que quienes se unen a estas caravanas son los casos más severos de personas que viven en la pobreza y provienen de los peores rincones de Honduras. También hay jóvenes que potencialmente podrían sobrevivir aquí, sin embargo, están más atrapados por los incentivos de la “cultura bling, bling” asociada con los Estados Unidos.

Por ejemplo…

He conocido a enfermeras que ganan buenos salarios en Honduras con beneficios del Gobierno, que provienen de antecedentes familiares bien educados, profesionales, y han migrado a la frontera entre Estados Unidos y México y han dado (cito) a “los gringos la línea de tonterías que yo estaba siendo acosada por pandilleros para que me dejaran entrar como solicitante de asilo”.

Una de esas chicas que me contó una historia como esa, era de un pueblo llamado Olanchito, donde ni siquiera hay pandillas. Las pandillas no operan en el campo donde la gente come iguanas…

Los hondureños, en algunas partes del país más que en otras, parecen estar obsesionados con los Estados Unidos más de lo que podría estarlo cualquier otra persona.

“Ay si, el salario mínimo en Estados Unidos ahora mismo es de quince dólares. Esto si es un buen país, necesito llegar a Nueva York”, dirán.

“Bien, entonces, ¿qué planeas hacer con quince dólares en Nueva York?”

Una amiga mía fue recientemente a los Estados Unidos, de manera ilegal. Ahora debe miles de dólares a los coyotes (traficantes de personas).

La chica vivía en una comunidad de playa del Caribe (tierra garífuna) en una casa con aire acondicionado y su auto deportivo estacionado afuera. Viviendo la vida que tú piensas tener. Bueno, no, aparentemente no. Me informó que su objetivo es ganar suficiente dinero en lo que sea para eventualmente comprar un automóvil y alquilar un lugar propio.

Le deseé suerte a través de Whatsapp, en lugar de preguntarle qué diablos le pasa a la mujer. ¿Qué vas a decir? ¿Quién migra de manera ilegal a otro país (arriesgando grandemente su bienestar) para vivir mucho peor de lo que vivía en casa solo para apoderarse de la misma mierda material que ya tenía?

Bueno, evidentemente los hondureños lo hacen.

¿Están bien estos individuos? ¿Todo bien en casa?

Luego están los innumerables otros que parecen venir hacia mí a propósito, como si buscaran irritarme con su ignorancia y engaño.

Ben, dicen que hay mucho trabajo en España”.

“¿Sí? Bueno, lo dudo”. Le respondo, como alguien que ha vivido en España y posee papeles de residencia españoles, cuyo hermano y tío viven actualmente en España también.

“Sí, no es como Honduras, tienen muchísimo trabajo en turismo”.

Tiendo a poner una cara de desconcierto. Como dije, tengo derechos de residencia en España, por lo tanto, si hubiera algún trabajo remotamente decente en España, probablemente me hubiera quedado allí. La realidad es que hay muchos desempleados, peor después de que llegó la pandemia.

Bueno, dudo mucho que exista todo ese trabajo en el turismo español, como usted dice. Mire, mi hermano vive en Marbella y ha visto incluso a los mejores hoteles cinco estrellas desmoronarse debido a la covid.

“Además, las fronteras en Europa se abren y cierran con regularidad y la mayoría de los lugares y establecimientos, como las playas públicas, todavía no están abiertos al público … por lo que simplemente no es probable lo que estás diciendo “.

No, no, Ben, hay trabajo,” me lo dijo un canadiense.

“Oh, un canadiense te dijo… cierto”.

“Sí, y pagan dos mil euros al mes”.

“Por supuesto que sí, debes saber más que yo”.

También comencé a hacer esto de que solo miro a las personas mientras hablan, hago muecas como si estuviera escuchando de manera activa y fascinado por su charla mientras pensaba en el fondo de mi mente: “Al diablo con la conversación de esta persona”.

Recomiendo el ejercicio. Puede ser bastante divertido y es mejor que discutir sobre temas banales en última instancia.

El punto general que deseo hacer es que sería bueno, si nada más, simplemente llegar al final de un día sin tener que escuchar quejas y tonterías. Y bueno, en realidad, casi podría jurar que todos los que conozco comen tres veces al día. Todos tienen un lugar donde quedarse, algo para dormir y lugares de trabajo.

Hay muchos cubanos y venezolanos viviendo en Honduras. Están perfectamente felices en sus nuevos hogares. ¿Cuántos centros comerciales con aire acondicionado, patios de comidas, cines, gimnasios y más tiendas de las que se pueden mover, de tres o cuatro pisos, existen en La Habana? ¿Estaría en lo cierto si digo que ni uno solo? No lo sé, corríjanme, den clic en la sección de comentarios. Aquí en San Pedro Sula hay más de cinco…

Sin mencionar todos los elegantes restaurantes, clubes, bares, hoteles, instalaciones deportivas, etc.

Una de las personas con las que trabajo me dijo el otro día “aquí odiamos a los salvadoreños. Vienen a nuestro país, nos critican y a ellos lo único que les importa es el dinero”.

Sin embargo, mi barbero salvadoreño me dijo la otra semana: “La diferencia entre los hondureños y nosotros es que seguimos adelante. La gente aquí habla y llora demasiado.  Nosotros aceptamos la realidad, trabajamos, hacemos dinero y nos vamos a casa”.

A la gente le encanta quejarse.

Quizás los ingleses fingen que viven en una comedia de situación.

Los estadounidenses en una película de autor.

Sin embargo, los latinos … fingen vivir en una telenovela.

Concéntrese en lo positivo y encontrará lo positivo.

Concéntrese en lo negativo y encontrará lo negativo. Una elección simple, ¿cuál será la suya?

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Ben Anson

"En el momento en que salgo (de un avión), noto que todo en mi cuerpo y en mi mente se reajusta para mí". Así lo comentó Gabriel García Márquez, cuando hablaba de su relación con el Caribe. Él sintió la conexión física y mental más fuerte posible con esta parte del mundo, y consideró que era "sepulcral" e inmensamente "peligroso" para él abandonar esa zona. Solo aquí "Gabo" se sintió "bien" con él mismo. Honduras hace eso conmigo -precisamente lo mismo que el Caribe hizo por Márquez. Una nación resplandeciente, pero problemática, de la que decididamente no he podido separarme desde 2014. Por lo tanto, trato de capturar su esencia a través de la palabra escrita.


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