El fallecimiento de una mujer hermosa

Por Ben Anson

Foto: laprensa.hn

HAVANA TIMES – Un minuto estaba abriendo la puerta para ella, recibiendo una sonrisa encantadora y alegre “muchas gracias, joven” y al siguiente, me sentaba y miraba con absoluta incredulidad el mensaje de Whatsapp de alguien, era mi colega Eduard que me informaba: “Pamela murió en un accidente automovilístico al amanecer…”

“No es posible…” Respondí.

“Sí. Manejó ebria, amigo mío, vimos las botellas”.

Tres botellas de whisky se alineaban juntas en el maletero de su Prado blanco, ostentoso y de muy alta gama, mientras Eduard y yo salíamos de la horrible fábrica parecida a una prisión, donde trabajan Pamela y miles de hondureños explotados de manera vergonzosa. Allí los hondureños nobles y realistas trabajan como esclavos castigados desde las 6 de la mañana hasta la medianoche (si la empresa así lo exige).

Pamela era la gerente de recursos humanos. Tenía uno de los puestos más cómodos. Una oficina grande con aire acondicionado, con el Prado gigante estacionado justo enfrente.

Los trabajadores “comunes” de las fábricas, quienes confeccionan la ropa deportiva barata que se envía a los Estados Unidos, viven lo que solo puedo calificar como una experiencia tortuosa día tras día.

No se equivoque, querido lector, estos son lugares desagradables, realmente desagradables, donde empresarios extranjeros totalmente inescrupulosos y deshonestos se aprovechan de los costos definitivamente más bajos de montar y operar sus fábricas en naciones como Honduras, Nicaragua y Guatemala, antes de pagar a los enjambres de trabajadores una vil miseria por el trabajo esclavo.

Enseñar inglés, de lunes a viernes, a un equipo de personas en puestos directivos, ha sido una experiencia tremendamente reveladora para mí. Qué mirada educativa a la trágica realidad de que los latinoamericanos trabajen hasta los huesos por trescientos o cuatrocientos dólares al mes, en una ciudad donde solo el alquiler puede costar esa cantidad.

Esos enjambres de trabajadores industriales comunes, como no tienen mucha educación (no es su culpa), tienden a formar las filas de los cientos que arriesgan la vida en las caminatas y cruces ilegales hacia los Estados Unidos.

Mientras camino por los pasillos que discurren entre una monstruosidad de maquinaria ruidosa, humeante y, de hecho, de aspecto aterrador, operada por individuos desfavorecidos (privados de sueño, salarios decentes y felicidad, creo), le digo a mi colega Eduard -quien por cierto trabajaba allí anteriormente – “el calor aquí es cosa de locos, ¿no usan ventiladores al menos?”

Él sonríe burlonamente y responde, “esto es una fábrica en Honduras hermano, ni siquiera le dan los buenos días a esta gente”.

La academia de inglés nos envió aquí, porque firmó un contrato con la fábrica. Habían solicitado los servicios de profesores bilingües que ayudarían a su equipo de gerentes.

Los gerentes, como la querida y difunta Pamela, ganan un salario mucho más atractivo. Pero, a cambio de sus almas, estas personas que, de alguna manera, son siempre sonrisas y bromas, a pesar de las horribles ojeras oscuras alrededor de los ojos y las canas, simplemente viven en esta fábrica.

Creo que todos han olvidado lo que son el “tiempo libre” y la “vida social” … Hablar con ellos sobre el “equilibrio trabajo/vida” sería una especie de conversación tremendamente teórica y filosófica en este momento.

Sin embargo, ella aparecía cada vez que iba por allá.

Elegancia en forma de mujer. Alta, impecablemente bien vestida y de olor agradable. El estilo parecía una segunda naturaleza para la hermosa y joven Pamela, que podía haber tenido unos treinta años, pero parecía como si acabara de terminar la escuela secundaria. Diariamente se ponía maravillosos atuendos.

Su presencia gritaba prosperidad y confianza cada vez que pasaba su deslumbrante y espléndida figura. Era una de esas raras mujeres que podían silenciar la lengua de los hombres con un simple saludo de “buenas tardes” o “hola muchachos”. Ningún alumno mío hizo un solo comentario grosero o pícaro cada vez que entraba o salía de nuestro salón de clases. Ni una sola vez. Y cuán terriblemente raro es eso.

Era tan encantadora que ni un solo hombre se atrevería o ni siquiera soñaría con hacer comentarios o gestos espeluznantes. Todo lo que uno podía pensar en decir era una declaración genuina de “wow, ¿no es hermosa?”

Incluso, los tipos rudos de regiones rurales como Olancho y Copan, estudiantes míos, estarían de acuerdo con un “sí, es una muñeca de verdad” o “qué elegancia …”

Si Pamela les decía a los hombres de esa fábrica que saltaran, lo harían de inmediato y le suplicarían a ella que dijera: “¿qué tan alto?”

Eduard y yo salimos de esa industria un jueves por la tarde para encontrarnos con el Prado de Pamela con el maletero abierto y tres botellas de whisky, al parecer caras, colocadas juntas.

“Ella va a tener una fiesta esta noche”.

“¡Sí hermano, que fiesta eh!”

Alguna fiesta…

No quedó nada de ese puto Prado unas horas después.

Un minuto tú estás por los alrededores y luego no. Su repentino y violento final nos sorprendió a todos aquí en la apasionada ciudad de San Pedro Sula.

Casi nadie acudió a nuestra última clase, porque simplemente no tienen interés en discutir “comparativas” después de eventos tan trágicos, y yo no los culpo. Todo lo que pude decirle a una estudiante mía que estaba molesta, y quien trabajó cerca de Pamela fue: “La dura verdad es que la vida continúa…”

“La dura verdad es que la vida continúa” …

“Y qué vida esta…” respondió ella.

“Y qué vida esta…”

Q.d.e.p. Pamela.

Ella deja a una hija pequeña.

Lea más del diario de Ben Anson aquí en Havana Times.

Ben Anson

"En el momento en que salgo (de un avión), noto que todo en mi cuerpo y en mi mente se reajusta para mí". Así lo comentó Gabriel García Márquez, cuando hablaba de su relación con el Caribe. Él sintió la conexión física y mental más fuerte posible con esta parte del mundo, y consideró que era "sepulcral" e inmensamente "peligroso" para él abandonar esa zona. Solo aquí "Gabo" se sintió "bien" con él mismo. Honduras hace eso conmigo -precisamente lo mismo que el Caribe hizo por Márquez. Una nación resplandeciente, pero problemática, de la que decididamente no he podido separarme desde 2014. Por lo tanto, trato de capturar su esencia a través de la palabra escrita.


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