Distanciarse de las masas

Por Ben Anson

HAVANA TIMES – Es un placer retomar el diario después de haberme ausentado por bastante tiempo. He estado absorto en todo tipo de asuntos personales, desde las exigencias de ser un profesor de secundaria, hasta la escritura de mi primer libro que, por supuesto, ruego que sea un éxito.

Sin embargo, aquí estoy una vez más, queridos lectores.

El tema de hoy irá en la línea de la paz interior y la felicidad, podríamos decir.

Un colibrí esmeralda hondureño.  Foto: American Bird Conservacy

Honduras es mi lugar especial. Los que han leído mis artículos anteriores aquí, lo saben bien. Sin embargo, como casi siempre sucede, es todo menos un lugar especial para el hondureño medio.

“Nadie odia más a Honduras que el hondureño”, le digo a la gente de aquí al escuchar sus quejas, opiniones y -si se me permite- ridículas creencias.

“Bienvenidos al tercer mundo”, nos dijo un compañero de trabajo a un colega estadounidense y a mí al encontrarnos una tarde en el banco, después del trabajo. Intentaba burlarse de la gran cola que había fuera del banco en cuestión.

“Crees que la gente no tiene que hacer colas en el primer mundo, hermano?”

No hubo respuesta, solo silencio.

Lo último que desea el hondureño promedio es oír la verdad sobre lo que ellos llaman el primer mundo, porque obviamente, esa verdad destruye su bonita fantasía de que la hierba es más verde en el otro lado.

“A veces la gente no quiere escuchar la verdad porque no quiere que se destruyan sus ilusiones”, dijo Friedrich Nietzsche.

Incluso Friedich se habría quedado sorprendido por la absoluta y desvergonzada reticencia a aceptar la verdad aquí en Horduras.
Soy de Europa, nacido en Grecia y criado principalmente en Inglaterra. También he vivido en España y he pisado casi todos los continentes, excepto América del Sur y África. Honduras, siendo la nación verdaderamente hermosa que es, se ha convertido en mi hogar por elección.

Personalmente, me encanta ver a esos diminutos y exóticos colibríes revolotear y dar vueltas, o las majestuosas águilas elevarse en la distancia. Los loros graznan cuando pasan a mi lado al caminar por el vecindario, con las resplandecientes montañas azul oscuro de fondo.
Me encanta pasar un día o dos en una playa caribeña, disfrutando de las aguas cálidas, ron en la mano y riendo con mis hermanos garífunas. Me encanta entrar en una cafetería y pedir un excelente café hondureño, local y fresco.

Igualmente adoro venir a trabajar y disfrutar de una buena carcajada con los estudiantes, que hacen que uno se sienta más joven, la verdad sea dicha. Me complace recibir una llamada telefónica de amigos y conocidos cercanos, con la que recordamos días pasados en el barrio, en los que se cometieron todo tipo de locuras; grandes momentos que definen el alma.

Veo a través de las trampas y el vacío de las cosas materiales.

Conozco la realidad de Europa y Norteamérica; me impresionan poco los grandes edificios y los vehiculos caros, que parecen alimentar el deseo de emigrar de tantos aquí.

“No sé por qué has venido, Ben, eres de Inglaterra”.

He escuchado esa frase una y otra vez. Lástima que no me den un dólar cada vez que la dicen, de verdad…

Uno se aísla cuanto más sabe y entiende.

Todo en la vida tiene un precio.

La felicidad también. La gente intentará cagarla, robarla, empañarla, joderla, burlarse, criticar, juzgar, etc, etc.

La gente de aquí no tiene ni idea de cómo es la vida en Inglaterra. Uno se ríe y deja que los comentarios se desvanezcan en el aire.

“Oh, no lo sabes… es una pena. Esperaba que supieras… después de todo, vine a Honduras con la única intención de que tú mismo supieras lo que estaba haciendo aquí”.

Sin embargo, el sarcasmo británico no cala, esas respuestas pasan claramente por encima de sus cabezas, que es de hecho la razón por la que uno las suelta.

Me siento en paz. Me siento tranquilo. Me siento en un camino; un camino que yo mismo elegí y que he definido paso a paso. Sé lo que estoy haciendo, mientras que ellos no. Todo el mundo está siguiendo a todo el mundo, persiguiendo fotos de Instagram, persiguiendo coches que endeudarán al comprador y contaminarán el medio ambiente, persiguiendo el dinero en cualquier empresa de intercambio de almas.

Todo por la aprobación de los otros, otros que en el fondo ni siquiera les gustan. Que se joda la gente. Aunque suene duro, hay que decirlo de vez en cuando. Evitando la mugre y escuchar tus propios pensamientos.

“Apaga todo el ruido exterior”, como siempre dice el célebre empresario Gary Vaynerchuk. No prestes atención: “hazlo” por ti.

Se siente bien saber que eres el alma más feliz en tu lugar de trabajo. Se siente bien saber que los poderes superiores te han beneficiado con inteligencia y perspectiva.

No busques lo que otros buscan, sigue a tu corazón, pero lleva tu cabeza contigo, escucha y actúa siempre según tus pensamientos y deseos más íntimos. La vida pasa volando como una bala, por lo tanto, es de suma importancia que seamos quienes realmente queremos ser.

Ese, queridos lectores, es quizá el sentido último de esta cosa llamada vida.

La vida es bella, aunque sea jodida, papa.

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Ben Anson

"En el momento en que salgo (de un avión), noto que todo en mi cuerpo y en mi mente se reajusta para mí". Así lo comentó Gabriel García Márquez, cuando hablaba de su relación con el Caribe. Él sintió la conexión física y mental más fuerte posible con esta parte del mundo, y consideró que era "sepulcral" e inmensamente "peligroso" para él abandonar esa zona. Solo aquí "Gabo" se sintió "bien" con él mismo. Honduras hace eso conmigo -precisamente lo mismo que el Caribe hizo por Márquez. Una nación resplandeciente, pero problemática, de la que decididamente no he podido separarme desde 2014. Por lo tanto, trato de capturar su esencia a través de la palabra escrita.

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