Una fábula de domingo

Por Armando Chaguaceda

Foto: Juan Suárez

HAVANA TIMES – Varias amistades me enviaron la columna sobre Cuba escrita por Anthony DePalma para The New York Times. Llegó por mil vías. Es un texto conmovedor, con realidades que muchos hemos vivido. Con un drama humano en el centro de la mirada. Casi una fábula, con moraleja incluida: pobre gente, apartemos la política de su triste destino. ¡Dejémosles sobrevivir!

Leerlo me hizo recordar experiencias dolorosas de la familia. Mi padre adoptivo murió tras una atención tardía de su insuficiencia renal. Murió “revolucionario”, pero abandonado, y aunque no me lo confesó, desencantado. Eso lo supe por amigos. Su historia es la de mucha gente. Hay demasiados Limonta en ese país.

Luego del trasfondo humano, hay varias ideas señalables del texto. Es falso que las restricciones al cuentapropismo y a la emergencia civil en la Isla -desde jóvenes periodistas a grupos comunitarios- sobreviniesen como respuesta a Trump. Sucedió todo tras la visita de Obama. Está documentado.

Muchos nos dimos una oportunidad al deshielo, en mi caso con un optimismo moderado por la experiencia. El Gobierno cubano puso freno a inversores foráneos, emprendedores privados y activismos diversos. Recuérdese la razzia contra disidentes, en medio de la visita. La andanada ideológica apenas terminó su alocución en el Gran Teatro de la Habana.

Por otro lado, el tono de “no soy comunista, pero soy patriota” del testimonio que recoge DePalma expresa, en buena medida, el tipo de “autoconvencimiento resignado” de esa generación. La de nuestros padres. No son sujetos ideológicamente clasificables: son, simplemente, sobrevivientes. Eso eres cuando, tras entregar toda tu vida “al proceso”, comes cada día gracias al “dinero del enemigo” -que te mandan tus hijos, que están lejos- mientras mantienes una lealtad forzada a quién te oprime y riges tu vida por el miedo, el desencanto, la simulación o, cada vez menos, el fanatismo. ¡Gracias, Fidel!

En Cuba hay personas que insisten en ser sujetos: hay marxistas, liberales, católicos, practicantes del trabajo comunitario, la ecología, la causa LGBT y el periodismo alternativo. Son gente valiosa y valiente. No son pocos, pero tampoco son suficientes. Muchos nos hemos largado; nos han largado.

Mientras, una parte de la población, mayoritaria y especialmente envejecida, simplemente habita, no ejerce la ciudadanía. En esa población -donde la libertad de opción política ha sido secuestrada por un poder disciplinante- prima un pensamiento inconexo e incoherente, atado al cotidiano.

Ningún regreso al “engagement” de la era Obama, formulado como serie de concesiones unilaterales, funcionará. No empoderará a nadie dentro. Especialmente no a esos sectores vitales que, pese al estropicio, siguen produciendo, creando y manifestándose: las reservas humanas de una sociedad gangrenada, pero aún viva.

¿Quiero decir que las acciones trumpistas han funcionado? No, porque muchas han sido reactivas, incompletas y pensadas para el show politiquero doméstico, de Florida y la elección presidencial. ¿Qué pinga sabe Marco Rubio de Los Pocitos? Casi lo mismo que Machado Ventura. Esas acciones no impactan decisivamente a las élites o lo hacen poco, afectando, de paso, a una población desarmada. Otras medidas, potencialmente más consistentes por tocar sus inversiones y recursos de la élite fuera del país, han sido unilaterales, sin contar con el apoyo de aliados.

Se necesita una política más creativa y amplia, con apoyo de la comunidad internacional y mirando a la sociedad cubana. Eso pasa también por más compromiso de Europa y Latinoamérica: cuestionan “ad nauseam” la política de EUA, pero no el apaciguamiento y connivencia de sus países con un gobierno antidemocrático. El caso de los médicos y las votaciones sobre DDHH en la ONU es un ejemplo. Ahí, señores, la culpa -aunque querría tener otra razón para aborrecerlo- no es de Donald Trump.

Ni el asedio incoherente de los trumpistas ni un eventual “reload” bideniano son, bajo su formulación actual, enfoques adecuados para el “caso Cuba”. Ese foco debe ser la necesidad inmediata de contener a un régimen persistentemente dañino de la democracia regional -con Venezuela como ejemplo trágico de su accionar predador- y lesivo para su propia población desarmada, que resiste, languidece y escapa como puede.

Una agenda que cuide lo humanitario, con mayor (y mejor) presión multilateral de los gobiernos democráticos -contrapeso a las acciones de La Habana y sus aliados globales como China y Rusia- y auspicie formas de solidaridad concretas con los verdaderos actores emergentes dentro de la Isla; una agenda para que Cuba deje de ser ese tema, anómalo y exótico, que genera pasiones, silencios, ignorancia y complicidades varias, en este mundo en cuarentena.

 

Armando Chaguaceda

Armando Chaguaceda: Mi currículo vitae me presenta como historiador y cientista político.....soy de una generación inclasificable, que recogió los logros, frustraciones y promesas de la Revolución Cubana...y que hoy resiste en la isla o se abre camino por mil sitios de este mundo, tratando de seguir siendo humanos sin morir en el intento.



Un comentario sobre “Una fábula de domingo

  • Después de tantos años haciendo cuento de pepito, este me parece uno más, esto es como decían antes el hijo de puta, no hace falta decir su nombre, todos sabían a quien se refería, en esta página o sitio se han escrito cosas más interesante y muchas contadas de primera mano, por los doliente que en algún momento serán las personas mayores que contarán la historia a jóvenes que no los entenderán

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